Los tesoros perdidos de los Ashlushlay

En la muestra "Entre manos, garras y pezuñas" se exhibe un curioso escarificador usado para complejos rituales de iniciación.

24 Nov 2011
Los pueblos originarios de la Argentina tenían tanta riqueza cultural como cualquier tribu euro asiática, africana o maorí. En Tucumán, por ejemplo, hay numerosos tesoros arqueológicos que demuestran esa riqueza en todo su esplendor y que los tucumanos pueden apreciar en el Instituto de Arqueología y Museo (IAM) de la Facultad de Ciencias Naturales (San Martín 1.545). Allí se exhibe actualmente la muestra "Entre manos, garras y pezuñas", integrada por valiosas piezas de colección.

Uno de los objetos que atrapa la atención de los visitantes -sobre todo de los más jóvenes- es un punzón escarificador realizado en asta de corzuela. "Era utilizado por los Ashlushlay del Chaco Boliviano para hacer tatuajes en relieve en distintos lugares del cuerpo. Curiosamente los tatuajes se asemejaban a los de los maoríes, tal vez por eso atrapan la atención de los jóvenes", señaló la museóloga Laura Moya, responsable a cargo de la muestra.

Según la experta, para los Ashlushlay los animales eran muy importantes y casi siempre eran invocados en distintas prácticas vinculadas con el nacimiento, el post parto, las ceremonias de iniciación, la muerte y otros momentos críticos de la vida. "En la cosmovisión cazadora de los Ashlushlay, era perfectamente posible el intercambio de poderes o cualidades entre los hombres y las bestias. Por eso usaban escarificadores de hueso para hacerse tatuajes en rituales que se llevaban a cabo antes de emprender una cacería, un juego o la práctica de algún deporte. Creían ellos que al hacerse el tatuaje, las cualidades del animal del que provenía el hueso pasaban al hombre", agregó. Estos elementos punzantes -confeccionados por lo general en hueso o cuero de animales- eran usados también para producir sangrías en distintas partes del cuerpo y en diferentes contextos rituales como, por ejemplo, la iniciación masculina. "En este caso, el escarificador es de asta de corzuela, pero también se usaban de otros animales, que de esta manera transferían sus poderes. Así, se usaba el de ñandú para correr con mayor velocidad, el del gato montés para ver mejor en la noche y el de pecarí para ser más bravo y aguerrido", argumentó Moya.

Una vieja cabeza

Otro de lo objetos que despierta asombro es una cabeza de camélido tallada en roca volcánica, vinculada a la cultura Huanca ari, que tiene unos 3.500 años de antigüedad. "Esta pieza representa a un camélido domesticado por el hombre. Creemos que se trata de una llama, por el hecho de que para aquella época era uno de los camélidos que ya estaba domesticado", señaló.

La escultura está colocada en un sector del museo en el que además se representa el interior de un sector arqueológico conocido como Inca Cueva, ubicado en Humahuaca. Casi la totalidad de las paredes y techos de esa cueva están cubiertos de pictografías en negro, blanco y rojo. Son representaciones geográficas entre las que se destacan grandes círculos en blanco que semejan soles u ojos.

Valiosa colección

Además de estos objetos originales, el Museo de Arquelogía posee una valiosa colección compuesta por 7.000 objetos, entre los que se encuentran momias, piezas funerarias, collares y prendas. "El Instituto cuenta con tres depósitos acondicionados especialmente siguiendo las normas de conservación vigentes para las colecciones arqueológicas y etnográficas. Se cuenta además con laboratorios para el procesamiento y lavado de los materiales y archivos fotográficos y una sala para preparación y montaje de las muestras museográficas", comentó Moya.

Los guías -también llamados guardas patrimonio- Carmen Andrade y Alexis Coronel, también aportaron sus conocimientos. "Las piezas que aquí se exhiben y las que se encuentran en el depósito tienen una enorme riqueza cultural. Y vale la pena que los tucumanos las conozcan", enfatizaron.
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