Ecos de los tiempos de los cines a sala a llena - LA GACETA Tucumán

Ecos de los tiempos de los cines a sala a llena

Ramón Mijaiel, dueño de la sala del Majestic, heredó el patrimonio cinematográfico que amasó Guillermo Renzi, "zar regional del séptimo arte" en el siglo XX.

17 Abr 2011
"Al Majestic no lo voy a desarmar. Si usted me dice que ahora la gente va más al cine, podríamos reabrir la sala", afirma Ramón Mijaiel, desde Salta.

MIjaiel (74 años) es hijo de Bahilla Ralée, quien fuera la segunda esposa del empresario cinematográfico Guillermo Renzi. Él y sus hermanas han sido destinatarios de la herencia que, sin progenie propia, dejó a su muerte en 1953 el "el zar de la actividad cinematográfica del NOA en la edad de oro del cine en la región" (así definió a Renzi Enrique Billoni, un hombre de la actividad cinematográfica, en sus Memorias).

En esta ciudad de Tucumán del siglo XXI, casi desprovista de salas de cine, Mijaiel todavía es dueño del cerrado Majestic, una de las pocas reliquias art decó que quedan en pie y cuya reapertura también piden los cinéfilos de "Cinema Paradiso". Mijaiel afirma que nació "en una butaca" y sabe lo que es hablar de la edad de oro del cine en Tucumán.

Eran los tiempos en los que su padrastro, un santiagueño de origen italiano, regenteaba (años 26 al 53) desde la "North Argentina Film" los cines Majestic, Capitol, Mitre, 9 de Julio, Broadway y Edison, para contener a un público que en 1936 superaba el millón y medio de espectadores (sobre una población total de medio millón de personas).

El negocio tenía otras aristas: la empresa contrataba para la región, en exclusividad y a precio fijo en Buenos Aires, casi todas las películas que ingresaban al país, por un período de seis meses a tres años. Esta práctica, luego interrumpida por las multinacionales del cine, le permitió programar sus propias salas y hacerse cargo de otras en explotación.

Pero para la aventura del cine Plaza, Renzi tuvo que buscar socios. La sala abrió el 3 de abril de 1946 a las 21.45 con el filme "Como te quise te quiero", con sus tres plantas repletas de público, y fue producto de una sociedad con el grupo "Cavallo Lauteret", entonces y hoy propietario del complejo Gran Rex, de Buenos Aires.

En los años 90 la sociedad se disolvió, y el reparto de bienes consistió en un reparto de salas: los herederos del grupo porteño retuvieron el cine Plaza de Tucumán. Y Mejaiel, ya huérfano de madre, se quedó con el Cine Teatro Victoria, de Salta, otro de los edificios diseñados por el tucumano Alberto Prebisch y construidos por la firma constructora Sollazzo.

En el norte el tiempo es circular: así como los tucumanos se desvelan por el destino del Plaza, los salteños festejan desde 2007 la recuperación del Victoria por el Estado. "Me costó muchísimo desprenderme del Victoria, que es más importante que el Plaza; casi lo regalé; el Estado me dio dos millones de dólares y el Teatro Alberdi", afirma Mijaiel. Y reitera: "en una de esas, lo reabro al Majestic".

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