10 Abril 2011 Seguir en 
BUENOS AIRES- Iron Maiden sacudió a la tribu metalera en la noche del viernes con un impactante show en el estadio de Vélez Sarsfield, donde se reunieron más de 40.000 personas para la presentación de "The final frontier".
En su octava visita al país, el grupo británico arrasó con la muchedumbre a lo largo de una hora y 50 minutos.
La banda golpeó con cortes de su más reciente obra, como "El Dorado", el soberbio "The talisman" y "Satellite 15... The final frontier", con el que largó el recital.
Jóvenes seguidores y nostálgicos metaleros de remera negra, cinturón de tachas y pelo largo (o corto, ya) emocionaron a la banda, que se tomó incluso un tiempo para disfrutar del público.
Luego pasaron "The number of the beast", "2 Minutes to midnight" y el genial "Fear of the dark" además de "Running free". Bruce Dickinson arengó una y otra vez a los fans con su "Scream for me Buenos Aires", sobre todo antes de que un Eddie robótico irrumpiera en escena como parte del hit "Iron Maiden" y se sumara a las guitarras.
"Hallowed be thy name", "The trooper" y la virtuosa "Dance of death" también dieron rienda suelta para que el público delirara en el campo, lo mismo que sucedió con "The evil that men do".
El concierto resultó impactante gracias a la potencia del sonido y al colorido en escena. Junto al tremendo despliegue de Dickinson, las tres guitarras de Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers demostraron el impacto de su ensamble volando sobre la base propuesta por el ajustado bajo de Steve Harris y la sabia y explosiva batería de Nicko McBrain.
La escala argentina de la gira 2011 sirvió además para que Iron Maiden registre imágenes que serán luego incluidas en el DVD con fecha de lanzamiento estimada a fines de año.
En Liniers, la tribu metalera nacional volvió a rendirle tributo a los luthiers de Eddie y pusieron en evidencia por qué a la banda, que lleva más de 90 millones de discos vendidos desde 1980 hasta la fecha, le fascina tocar en Buenos Aires, como lo aseguró Dickinson durante el show.
Iron Maiden convocó a la Bestia para que ascienda del infierno y devore las almas poseídas de cuanto fanático de rock pesado encontró a su paso en el alucinado estadio "José Amalfitani". (NA-Télam-Especial)
En su octava visita al país, el grupo británico arrasó con la muchedumbre a lo largo de una hora y 50 minutos.
La banda golpeó con cortes de su más reciente obra, como "El Dorado", el soberbio "The talisman" y "Satellite 15... The final frontier", con el que largó el recital.
Jóvenes seguidores y nostálgicos metaleros de remera negra, cinturón de tachas y pelo largo (o corto, ya) emocionaron a la banda, que se tomó incluso un tiempo para disfrutar del público.
Luego pasaron "The number of the beast", "2 Minutes to midnight" y el genial "Fear of the dark" además de "Running free". Bruce Dickinson arengó una y otra vez a los fans con su "Scream for me Buenos Aires", sobre todo antes de que un Eddie robótico irrumpiera en escena como parte del hit "Iron Maiden" y se sumara a las guitarras.
"Hallowed be thy name", "The trooper" y la virtuosa "Dance of death" también dieron rienda suelta para que el público delirara en el campo, lo mismo que sucedió con "The evil that men do".
El concierto resultó impactante gracias a la potencia del sonido y al colorido en escena. Junto al tremendo despliegue de Dickinson, las tres guitarras de Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers demostraron el impacto de su ensamble volando sobre la base propuesta por el ajustado bajo de Steve Harris y la sabia y explosiva batería de Nicko McBrain.
La escala argentina de la gira 2011 sirvió además para que Iron Maiden registre imágenes que serán luego incluidas en el DVD con fecha de lanzamiento estimada a fines de año.
En Liniers, la tribu metalera nacional volvió a rendirle tributo a los luthiers de Eddie y pusieron en evidencia por qué a la banda, que lleva más de 90 millones de discos vendidos desde 1980 hasta la fecha, le fascina tocar en Buenos Aires, como lo aseguró Dickinson durante el show.
Iron Maiden convocó a la Bestia para que ascienda del infierno y devore las almas poseídas de cuanto fanático de rock pesado encontró a su paso en el alucinado estadio "José Amalfitani". (NA-Télam-Especial)







