"Les digo a los jóvenes que la lectura les puede salvar la vida"

El escritor y productor acerca a Tucumán la experiencia editorial de "Eloísa cartonera". La historia de un repositor de supermercado al que la foto de un barbudo con la camiseta de Rácing lo condujo a la literatura.

YO Y EL OTRO. Santiago Vega alterna con Washington Cucurto. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
YO Y EL OTRO. Santiago Vega "alterna" con Washington Cucurto. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
06 Mayo 2010
"Me siento un trabajador de la cultura", afirma Santiago Vega (o Washington Cucurto, su alter ego) un poeta, narrador y editor que hace siete años logró conmover al "establishment" cultural porteño con su proyecto editorial Eloísa Cartonera, por el cual edita libros de cartón comprado a los cartoneros de la ciudad de Buenos Aires.

Nacido en la localidad bonaerense de Quilmes, hijo de una familia humilde, Vega/Cucurto ha escrito, entre otros títulos, "La Máquina de hacer Paraguayitos", "Veinte Pungas contra un Pasajero", "Cosas de Negros" y "1810. La revolución vivida por los negros".

En Tucumán, donde vino a trabajar con la Asociación Civil "Crecer Juntos" para el armado de un proyecto editorial inspirado en "Eloísa cartonera", Cucurto habló con LA GACETA acerca de cómo un quilmeño humilde concitó la atención de una parte de importante de la intelectualidad porteña..

- Escritor, editor...¿en qué rótulo se siente más cómodo?

- Me siento más un trabajador de la cooperativa, porque ahí he descubierto que uno tiene un plan, y que lo puede llevar a cabo con los demás. Y eso me da muchas satisfacciones.

- ¿De dónde viene el "Washington Cucurto"?

- Cuando empecé en el mundo de los libros, unos muchachos me empezaron a decir Cucurto, porque yo usaba un argot callejero, yo no curto tal cosa, una vez, me equivoqué, y en vez de decir "no curto", dije: "no Cucurto". Y lo de Washington, porque soy el más morocho de un grupo de blancos, cargándome un poco, me pusieron Washington.

- ¿Cómo llegó al oficio de escritor y de editor? Entre Vega y Cucurto parece haber dos mundos...

- Ya de joven yo me sentí en dos mundos. A los 23 años trabajaba en Carrefour, como repositor. Y ya entonces había dos mundos, el de toda mi vida y el mundo cultural.

- ¿Qué es lo que le hizo click?

- Mientras estábamos comiendo en el comedor de la empresa, un compañero me muestra una revista cultural - Crisis-. La abre y me muestra la foto con unos muchachos con una camiseta de Racing; un equipo de fútbol barrial. Y me dijo, mirá, este es Roberto Santoro, es un gran poeta (N de la R: desaparecido en 1976). Y me quedó esa imagen... me pareció muy raro eso de un poeta jugando al fútbol. Y empecé a leer, esos poemas que me parecieron muy sencillos; y me fui metiendo. De pronto sentí que ese tipo estaba cercano a mí, a mis vecinos, a mi familia, a lo que yo era.. Y después comencé a escribir; a contar las historias que yo vivía en el supermercado, en el barrio...

- ¿Reconoce haber tenido maestros?

- Más que maestros, escritores a los que he leído mucho. Son muchos, pero, entre ellos están los Lamborghini, Néstor Perlongher, Baldomero Fernández Moreno; una literatura más bien identificada con lo nacional, con el peronismo; a lo mejor, más bien localista, pero, bueh...

- Hace un tiempo, Emecé editó un libro suyo. ¿No sintió que traicionaba su proyecto independiente?

- Todo lo que hago, trato de que sume a un proyecto grupal. Publicar en Emecé o en otras editoriales, es importante, porque suma...

- ¿Qué les recomendaría a los jóvenes de "Crecer juntos" con los que vino a trabajar en Tucumán?

- Que se acerquen a una forma de trabajo, que vean que con el esfuerzo se pueden hacer cosas; que hay que organizarse, y descubrir que en propuestas como estas no sólo se trata de cortar cartón, que hay autores interesantes, que la lectura te puede salvar la vida. De hecho, a mí, la literatura me ha ayudado mucho. Entré de casualidad, y en ese mundo dejé de ser el repositor, pude formar la cooperativa, sé que uno puede estar en un lugar en el que se sienta muy explotado... pero sé que otro mundo es posible.

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