"La economía no debe volver al péndulo"

El economista, que disertará el martes en el Ciclo de Conferencias de LA GACETA 2010 , vaticina un año y medio de tensiones políticas, pero con crecimiento

DIAGNOSTICO. El ex ministro afirma que el país no perdió el tren de la historia, pero que debe corregir los errores. TELAM
DIAGNOSTICO. El ex ministro afirma que el país no perdió el tren de la historia, pero que debe corregir los errores. TELAM
14 Marzo 2010
Pasaron dos años desde que Martín Lousteau abandonó el gabinete de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Más allá de la polémica resolución 125, sobre las retenciones a la exportación de soja, el joven economista que fue el primer ministro de Economía de la actual gestión había advertido al matrimonio Kirchner sobre la necesidad de aplicar medidas para contener la inflación y evitar el deterioro fiscal. Hoy, Lousteau está convencido de que si la Presidenta hubiera corregido los desfases económicos, otro hubiera sido el panorama para la Argentina. El experto llegará el martes a Tucumán para disertar sobre "Una mirada estructural de nuestra economía y sociedad", en el marco del Ciclo de Conferencias LA GACETA 2010. Y, en una entrevista concedida a nuestro diario, habló sobre la necesidad de que el país encarrile su economía de cara a 2011.

-¿Qué sensación tiene hoy de aquel polémico alejamiento del gabinete kirchnerista de 2008?

-Cuando asumió Cristina Fernández, había una esperanza de los que acompañamos ese proyecto sobre una corrección de las tensiones que se venían acumulando durante los últimos años de la gestión de Néstor Kirchner. Los que nos habíamos sumado desde afuera de la estructura política kirchnerista teníamos una visión de que el escenario se presentaba complicado, ya que esa estructura no era abierta a corregir sus errores. Es indudable, entonces, que tuve discusiones internas (N. de la R.: la más resonante, tal vez haya sido con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno), porque para mi criterio el principal problema, de cara a 2009, era que el país iba hacia un problema de inflación y hacia un debilitamiento del frente fiscal. Y esto último se evidenciaba en la dinámica que tenían los ingresos frente al imparable crecimiento de los egresos. Le dije al matrimonio que si esto no se corregía pronto, el problema iba a ser para más adelante. Fue una discusión interna bastante importante, pero se negaron a corregir el rumbo. De hecho, el día de mi renuncia, el propio Kirchner salió a contestarme por los medios que no estaba dispuesto a enfriar la economía. Mi idea era sólo hacerla más sustentable, no enfriarla.

-¿Cuál fue el análisis que hizo, tras sus recomendaciones?

-A través del tiempo se vio que la dinámica que sigue faltando es un rumbo, pero los cambios fueron relativamente menores. Y esto generó dos consecuencias. Una fue el alejamiento de funcionarios y otra que el kirchnerismo sigue con la lectura de que la economía necesita más recursos. Y así empieza a buscarlos rascando las ollas. Ahora, el problema que sobresale es que las ollas las podés rascar una vez, pero están lastimando el fondo de una manera bastante importante porque no tienen de dónde sacar más recursos. A eso debemos agregar que hay muchas disputas con la oposición, que es intransigente, que arrastra el humor de la sociedad y esta sensación, indudablemente, termina por afectar negativamente a la economía.

-¿Hay posibilidades de generar un círculo virtuoso para corregir el rumbo económico?

-Es muy difícil. El kirchnerismo no va a cambiar la visión de como debe funcionar la política y la economía. Y, aunque cometa errores, públicamente no los admitirá. Además, la oposición debe tratar de trabajar sobre cómo corregir el rumbo en 2011. La Argentina perdió un tren, pero pasan varias formaciones con otros vagones, porque el mundo demanda lo que nosotros tenemos. Pero hay que ver cómo se corrigen las tensiones sin sentido que se generaron. Tensiones entre la Nación y las provincias por el frente fiscal y un frente inflacionario que es necesario corregir. No hay que quedarse en la discusión con los medios o con el exterior, pero sí atender el frente social. Es necesario trabajar rápidamente, hacerlo hoy mismo.

-¿El Gobierno no midió las consecuencias respecto del costo que le generaría insistir con la creación del Fondo del Bicentenario?

-Eso hay que analizarlo con todos los problemas que tuvo la saga del Fondo del Bicentenario, tanto en los fundamentos como en lo normativo. Hasta ahora, eso le ha costado el Gobierno un presidente del Banco Central (Martín Redrado) que había sido funcional al esquema del kirchnerismo y es probable que le pueda costar otro (por Mercedes Marcó del Pont). Le ha costado el desprestigio hacia adentro del Central como hacia afuera, como es el caso del ministro de Economía (Amado Boudou). Tomar decisiones encerrados les genera costos políticos, no sólo porque aumenta la presencia de la oposición, que marca los errores, sino porque se pierde cohesión interna en el Gobierno.

-¿Cuál es el horizonte para la economía argentina?

-La Argentina debió haber sido el país con menor impacto de la crisis global, porque no había financiamiento externo ni entrada ni salida abrupta de capitales. Sin embargo, se perdieron ocho puntos del PBI, de crecimiento. Y cuando uno ve las oportunidades, mira que estamos rebotando menos que los países vecinos. Así cualquiera podría tornarse escéptico sobre el rumbo, pero hay que moderarse. Insisto: hay que atender dos frentes, el inflacionario y el fiscal. La Argentina vivió situaciones mucho más complejas y queda un año y medio de tensiones, donde nos sentiremos incómodos, con mal humor por los ruidos continuos de la política. Pero no es una situación terminal. Hay que tener rigurosidad para diagnosticar, para marcar prioridades políticas. No todos los ajustes son iguales. La economía argentina no debe volver al péndulo que es lo que ha marcado los últimos 35 años de nuestra histórica.

-¿Cuáles son sus proyecciones?

-Más allá de la sensación de malestar que se vivirá hasta 2011, la economía va a crecer entre un 3,5% y un 4%. Si hacemos bien las cosas y trabajamos desde nuestros lugares para entender lo que pasa en el mundo, vamos a poder tomar el próximo tren que pase por nuestra estación. Insisto, no perdimos el tren de la historia, pero hay que abandonar el cortoplacismo, de mirar la coyuntura. Hay que sentarse alrededor de una misma mesa para analizar los errores y pecados que se cometieron y así se podrá construir algo más sustentable.

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