La plaza Independencia y sus proximidades estaban tan llenas que parecía que todos los hinchas de Atlético habían ido a celebrar. La panorámica desde los señoriales edificios que rodean al principal paseo público de la provincia era colosal. “En mi vida he visto una multitud como esta aquí”, decía un parroquiano que conoce de manifestaciones populares. Unos 25.000 simpatizantes decanos, de acuerdo con el cálculo general, festejaron durante más de tres horas el histórico ascenso al fútbol grande de la Argentina.
Los momentos Kodak fueron variados: lágrimas; gritos de desahogo; saltos de alegría; caminatas de rodillas; pogos; fernets con coca en vasos de botellas de plástico cortadas; turucutos; porrones de cerveza; ataúdes rojiblancas ardiendo, bombas de estruendo; cornetas; gorros; banderas; percusión y murga; camisetas albicelestes... El bar Bernasconi fue un punto de encuentro. Por allí desfilaban abuelos, padres e hijos, y compartían historias y anécdotas. Algunos se acordaron de los dirigentes que, en su momento, llevaron a Atlético al torneo Nacional. Otros ya discutían sobre el futuro en Primera división.
El carnaval
En la calle seguía el carnaval. “Esta alegría es inmensa, me dan ganas de llorar. En mi vida está primero el ‘deca’ y después lo demás. Seis años hemos estado en el Argentino A y siempre he ido a la cancha, nunca he dejado de ir”, dijo, eufórico, Rubén Daniel Enrique, vendedor ambulante.
“Vivo en la 25 de Mayo al 1.400. Me he criado en la cancha de Atlético y voy a ser hincha hasta que me muera”, manifestó el comerciante Sebastián Pellegrini, de 33 años.
“Le agradezco mucho a (Héctor) Rivoira (el DT); a los jugadores, por los huevos que ponen; y en especial a La Inimitable, por la fiesta que nos dan todos los partidos. En particular a mi mamá, Sabina, Mamá gorda, como la conoce todo el mundo, porque ella es la capa de los decanos”, afirmó Valeria Acevedo González, de 29 años.
“Tengo 22 años de sentimiento decano, de disfrutar y de sufrir. Esto es hermoso; es un sueño. Le he rezado a Dios, le he prometido a Dios, me he enojado con Dios, y ahora por fin se dio. Y no le debemos nada a nadie”, aseveró Nadim Richa, de 22 años, estudiante de Publicidad en Córdoba.
El más grande
“En Primera vamos a demostrar quién es el más grande de Tucumán. Le vamos a enseñar al país lo que es la pasión aquí. Tengo 29 años y me acuerdo del primer partido que fui a ver, con mi viejo, que en paz descanse, contra Huracán. Ganamos 1 a 0, cuando quedaba (Gabriel) Puentedura en Huracán”, recordó, nostálgico Walter Gómez, de 29 años, técnico en computación.
“Estoy feliz de la vida, con mi cuñada y con mi hermano, que a pesar de ser ciruja, nos banca y nos trajo a la plaza”, dijo Karina Alvarez, de 36 años, de San José (Yerba Buena).











