08 Junio 2009 Seguir en 
La ilusión de llegar a Primera llevó a los hinchas de Atlético a instalarse desde muy temprano en el Monumental. La humareda de las parrillas delataba a los trasnochados, que dejaron huérfana la mesa de los domingos. Todos querían ser partícipes -a la distancia- de un día único en la historia del club. Y con tantas velas encendidas, el único entierro previsto era el de Talleres.
Los primeros coparon la pantalla gigante, instalada en la cancha de bochas pegada a las plateas, y con bombos y banderas lideraron el aguante. Ni siquiera el primer gol de la "T" los amedrentó, porque el "dale, dale de..." invitaba a entrar al tinglado más fiestero de todo Barrio Norte.
Pero fue Luis Miguel Rodríguez, ese loco bajito, el que tiró el guante, el gorro y la bufanda para que el pueblo "decano" se olvidara del frío campeonato de ascenso para soñar con los cálidos domingos del fútbol argentino.
Sin embargo, unos minutos después se vivió el momento de mayor tensión cuando dos integrantes de la hinchada discutieron en la playa de estacionamiento y provocaron una estampida que ahuyentó a buena parte de los hinchas. "No puede ser que siempre quiera tener protagonismo. No se da cuenta de que aquí hay mujeres y niños", reclamó a sus allegados uno de los más molestos, luego de que se escucharan algunos disparos al aire dentro del tinglado, que estaba a punto de explotar.
El gol de Montiglio fue la última excusa que necesitaron los "decanos" para abandonar el Monumental y, a pesar de que el partido no había finalizado, embriagados de tanta felicidad, se dirigieron en caravana por 25 de Mayo hasta plaza Independencia. El paseo los encontró a todos frente a la Casa de Gobierno, para olvidar de una buena vez la sequía y llorar de pura felicidad.
Los primeros coparon la pantalla gigante, instalada en la cancha de bochas pegada a las plateas, y con bombos y banderas lideraron el aguante. Ni siquiera el primer gol de la "T" los amedrentó, porque el "dale, dale de..." invitaba a entrar al tinglado más fiestero de todo Barrio Norte.
Pero fue Luis Miguel Rodríguez, ese loco bajito, el que tiró el guante, el gorro y la bufanda para que el pueblo "decano" se olvidara del frío campeonato de ascenso para soñar con los cálidos domingos del fútbol argentino.
Sin embargo, unos minutos después se vivió el momento de mayor tensión cuando dos integrantes de la hinchada discutieron en la playa de estacionamiento y provocaron una estampida que ahuyentó a buena parte de los hinchas. "No puede ser que siempre quiera tener protagonismo. No se da cuenta de que aquí hay mujeres y niños", reclamó a sus allegados uno de los más molestos, luego de que se escucharan algunos disparos al aire dentro del tinglado, que estaba a punto de explotar.
El gol de Montiglio fue la última excusa que necesitaron los "decanos" para abandonar el Monumental y, a pesar de que el partido no había finalizado, embriagados de tanta felicidad, se dirigieron en caravana por 25 de Mayo hasta plaza Independencia. El paseo los encontró a todos frente a la Casa de Gobierno, para olvidar de una buena vez la sequía y llorar de pura felicidad.










