En el Obarrio atienden cada vez a más consumidores

07 Enero 2009
Hay un dato que asombra a los especialistas del hospital Obarrio, adonde cada vez llegan más adolescentes intoxicados por el consumo de "paco". Los adictos a esta sustancia muestran un patrón común: la mayoría son analfabetos, dejaron la escuela antes de aprender a leer o escribir y poco tiempo después comenzaron a drogarse.
"Presentan una realidad social dramática. Reflotarlos es muy difícil porque el ?paco? produce un gran deterioro en el cerebro: a los pocos meses de consumirlo ya disminuye en forma considerable la capacidad mental del adicto", describe Myriam Figueroa, médico psiquiatra del servicio de Adicciones del Obarrio.
Según la especialista, sí es posible rescatar a los adolescentes que consumen "paco", aunque la mayoría de las veces estos caen de nuevo cuando, luego de permanecer durante un tiempo internados, vuelven a vivir en el mismo entorno. La experta dijo que en las cercanías del nosocomio, en los barrios conocidos como "La Bombilla", "Trulalá" o "El Sifón, también se ha detectado el consumo del desecho que se obtiene al procesar la pasta base para convertirla en clorhidrato de cocaína. "Cada vez son más los chicos que atendemos con esta problemática", aseveró la profesional.
Otra realidad común entre los adictos al "paco" es el motivo por el que muchos comienzan a usar la sustancia. "A corta edad ya manifiestan trastornos de fobia social o de depresión: prueban una vez y esto los ayuda a levantar el ánimo. Pero el efecto es muy corto: dura entre tres y cinco minutos. Entonces, tienen que seguir consumiendo una y otra vez. Es una droga muy adictiva. El problema es que, en corto tiempo, el cuerpo pide cada vez más y quedan muy disminuidos a nivel intelectual", recalcó la médica.
El problema de las adicciones no es enfocarse tanto en el consumidor o en el narcotráfico, según Figueroa. "Hay que educar y capacitar a las personas; no hay otra salida", resaltó.

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