Los celos y los egoísmos son los principales obstáculos que complican a la oposición

Peronistas disidentes, radicales y socialistas buscan nuclearse para dar pelea al Gobierno.

JUSTICIALISTA Y OPOSITOR. Solá se abrió de las filas del oficialismo. DyN JUSTICIALISTA Y OPOSITOR. Solá se abrió de las filas del oficialismo. DyN
28 Diciembre 2008

BUENOS AIRES.- El conflicto entre el Gobierno y las corporaciones de empresarios rurales, que unió a los líderes opositores a favor del reclamo del campo, no fue suficiente para lograr una amalgama que trascendiese esa coyuntura.
Extinguido ese enfrentamiento, en julio, el estrellato, los problemas de cartel y la escasa generosidad de buena parte de ellos fueron los ingredientes que obraron para que los referentes opositores del sistema democrático tuviesen grandes dificultades para lograr acuerdos básicos. Los celos y las prevenciones respecto del “otro” caracterizan el accionar político de casi toda la oposición, salvo a nivel parlamentario, donde aquel conflicto logró unirlos para oponerse a las retenciones a la exportación de granos.
Así es como la Coalición Cívica, la UCR, el socialismo, el macrismo y sus aliados y el peronismo anti “K”, ingresaron al segundo semestre cada uno por su lado, con escasos contactos. Parecía ser que la oposición, más allá de las fronteras del Congreso, no tenía espacios para reunirse. Todos esperaban el llamado y nadie quería llamar al otro.
Una convención del radicalismo en Córdoba originó una serie de llamados y avances de un acuerdo político entre dirigentes de la UCR y la Coalición Cívica. El socialismo también se sumó, aunque con cautela.
Por otros caminos circulan los peronistas anti “K” o disidentes, dispersos hasta lo indecible, con contactos simbólicos. Figuran Eduardo Duhalde, los diputados Felipe Solá y Francisco de Narváez; los ex gobernadores José de la Sota (Córdoba) y Ramón Puerta (Misiones), varios ex diplomáticos y el mandatario puntano, Alberto Rodríguez Saá; la senadora Hilda González, los sindicalistas de la CGT Azul y Blanca y algunos gobernadores que no se animan a saltar la tranquera.
Si bien todos coinciden en una profunda animadversión hacia el kirchnerismo, todavía no tienen un liderazgo que los aglutine y, como son peronistas como los que están en el Gobierno, son conscientes de que el oficialismo aún controla el grueso del aparato territorial y electoral del justicialismo tradicional.
Todos visualizan que el distrito bonaerense, como siempre, será el espacio primordial donde quedará fijado el destino político de unos y otros. En esa provincia podrían competir tres grandes fracciones con posibilidades de triunfar: el oficialismo kirchnerista, la Coalición Cívica y sus aliados, y un tercer actor giraría en torno del peronismo disidente y al macrismo.
Lo que caracteriza a gran parte de los líderes opositores es que carecen de un proyecto de Nación. Casi nadie hace referencia a cómo combatir la pobreza, ni hablan sobre energía, política nuclear, trabajo, sistema ferroviario, minería o pesca. En la oposición hacen falta dirigentes con ingeniosidad política para conformar una nueva hegemonía, que sirva para cambiar una matriz de Gobierno y construir una Nación inclusiva, que será la garantía para tener República. (DyN)

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