Cristina culmina el primer período con mucho desgaste

La Presidenta fue la víctima de la dilución del poder que su esposo, Néstor Kirchner, había acumulado a lo largo de su administración.

28 Diciembre 2008

BUENOS AIRES.- Tal vez porque más que el primer año de gestión sea vivido como el quinto de “los Kirchner”, la presidenta, Cristina Fernández, culmina 2008 con un importante desgaste y con incertidumbre, acerca del alcance de la crisis internacional en la economía argentina para 2009. En sus primeros 12 meses, las buenas noticias fueron escasas.
Néstor Kirchner vio crecer el apoyo de la población de la mano de la consolidación del crecimiento económico de la Argentina y el alejamiento de la crisis de 2001. En cambio, la Presidenta presenció la dilución repentina del capital político del oficialismo y observó, con pesar, cómo la situación financiera se ensombrecía día a día. A esta altura no caben dudas de que el conflicto con el campo y el rechazo a la Resolución 125 marcó el punto de inflexión en la era Kirchner.
Cristina cargó con el desgaste que había heredado de cuatro años de gestión kirchnerista, frente a una sociedad que intuyó que su administración expresaba más continuidad que cambio. Atrás habían quedado las expectativas acerca de una alternativa superadora que encarnara Cristina, a partir de una mejor convivencia con los distintos sectores, así como una reivindicación de las instituciones.
El enfrentamiento con el agro aceleró la erosión y eyectó del Gobierno a la incorporación más novedosa de su gabinete, el ministro de Economía, Martín Lousteau.
El vigoroso crecimiento con tasas del 8% sufrió, primero, las consecuencias del conflicto y, luego, las perspectivas de la crisis internacional y la consecuente caída de los precios de las materias primas.
Hasta el desenlace de la crisis con el campo, Néstor Kirchner tuvo un papel protagónico desde la jefatura del PJ y luego se replegó detrás de escena. Paralelamente, el debilitamiento de los sondeos empujó a un repliegue defensivo hacia la ortodoxia justicialista, que hizo crujir la alianza con los sectores llegados desde el progresismo.
La recuperación de la confianza en las clases medias urbanas parece una causa perdida. El oficialismo espera las elecciones de 2009 con la esperanza de resistir en el piso histórico del PJ, en torno del 30%. En el anochecer del primer año, el poder gubernamental se asienta en un puñado de socios y aliados del mundo económico, la CGT, el PJ y los vínculos fluctuantes con los gobernadores. (DyN)

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