El Congreso forjó la debilidad kirchnerista

Para el matrimonio presidencial nada volvería a ser lo mismo después del 17 de julio, cuando sufrió un duro traspié en la Cámara Alta. La sorpresiva derrota del oficialismo en el debate por las retenciones móviles le arrebató el halo de fuerza invencible en el Parlamento.

BISAGRA. El “voto no positivo” del vicepresidente Cobos, en una extensa sesión en el Congreso, marcó aún más el desgaste del kirchnerismo. DyN BISAGRA. El “voto no positivo” del vicepresidente Cobos, en una extensa sesión en el Congreso, marcó aún más el desgaste del kirchnerismo. DyN
28 Diciembre 2008

BUENOS AIRES.- El 2008 fue un año bisagra para las gestiones del matrimonio de Néstor y Cristina Kirchner, y el Congreso tuvo participación decisiva en ese cambio político: la administración no volvería a ser la misma, como en los días de bonanza y crecimiento del mandato que se inició en2003 y que quedó clausurado este año.
Hubo dos hechos que mostraron el dramático cambio operado: uno fue la sorpresiva derrota del oficialismo en el debate de las retenciones móviles en el Senado, hecho que le arrebató al kirchnerismo el halo de fuerza invencible que ostentó durante los primeros cuatro años de gobierno, y transformó para el resto del año la tendencia y el humor de la política nacional. El segundo, que marcó el alto grado de impacto que provocó ese cambio, fue que en ningún momento llegaron a debatirse en el Parlamento los grandes temas estratégicos que el Gobierno había prometido para la agenda de 2008.
En su reemplazo llegaron los asuntos teñidos de urgencias para resolver problemas de coyuntura o previsiones para afrontar con más chances los coletazos de la gran crisis que estalló en Estados Unidos. Al asumir, el 10 de diciembre de 2007, la Presidenta definió sus metas ante la Asamblea Legislativa. Entonces se explayó sobre la necesidad de crear un Pacto Social tripartito Gobierno-empresarios-trabajadores, al que definió como “un acuerdo de grandes metas, primero; luego iremos sector por sector para ver cuál necesita apoyo”.
Cristina Fernández habló también de profundizar el rol del Congreso en busca de una mayor institucionalidad y acuerdo político, de encontrar “formas dignas de lucha para defender a la educación pública y reconstruir el imprescindible valor de la seguridad”, entre otros. Pero durante el año no apareció ninguna iniciativa con esta orientación; y el Pacto Social, la jerarquización del Parlamento y las mejoras de la educación y de la seguridad quedaron para otra oportunidad. En cambio, tras los cuatro meses de choque frontal con el campo, que se inició en marzo, el Gobierno acentuó las exigencias de aprobación de los proyectos oficiales, a libro cerrado cuando fue posible, y la confrontación verbal con los partidos de la oposición. El mismo año que el kirchnerismo y sus aliados electorales del 2007 comenzaron con casi dos tercios de legisladores en el Senado y una cómoda mayoría propia en Diputados, fue el primero en sufrir la peor de sus derrotas políticas y padecer un viraje ostensible en la imagen de la gestión oficial, que aun le es hostil, según las encuestas.
El sorpresivo fracaso de la votación sobre las retenciones móviles, en la madrugada del 17 de julio, creó un nuevo referente de la política nacional que había sido ignorado por casi todos -menos por su partido de origen, la UCR, que lo había expulsado-: el vicepresidente, Julio Cleto Cobos. El ex gobernador de Mendoza, junto a otros ex mandatarios, como el de Buenos Aires, Felipe Solá; el de Santa Fe, Carlos Reutemann; el de Salta, Juan Carlos Romero, y episódicamente el de Río Negro, Pablo Verani, se constituyeron en polos de disidencias dentro del oficialismo, pese a que habían llevado a Cristina Fernández a la Casa Rosada, sin necesidad de segunda vuelta electoral. Tras el impacto del tsunami de las retenciones, el Gobierno tomó un tiempo para digerir una realidad intragable, hasta que advirtió que era urgente recuperar la iniciativa.
Pero entonces ya comenzaba a hacer estragos la mayor crisis financiera internacional en 80 años, mientras se acumulaban sin resolver varios problemas económicos, entre ellos el financiamiento del fuerte gasto público.
En los meses finales del año, el Gobierno avanzó obsesivamente en la toma de fondos extras para afrontar los gastos de un año electoral: pidió la sanción del Presupuesto con superpoderes, la estatización de las jubilaciones privadas, las prórrogas de impuestos y lanzó el paquete anticrisis, con un polémico blanqueo de capitales más una moratoria impositiva. (DyN)

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