
|
Lunes 12 de Mayo de 2008
Opinión
|
![]() |
Llegaron para quedarse hace mucho tiempo y le dieron a San Miguel de Tucumán el perfil de ciudad. Gracias a ellas, los vecinos no debían circular por la calle ni desafiar barriales cuando las lluvias se afincaban en el “Jardín de la República”. Significaba que el progreso estaba llegando lentamente. Era común que los chicos las emplearan para jugar; no había peligros, salvo que apareciera súbitamente “el hombre de la bolsa”, a quien nadie nunca había visto. En la actualidad, la costumbre de jugar en la vereda se conserva en algunos barrios; pero los tiempos han cambiado, porque la inseguridad ha ganado justificadamente las preocupaciones de los ciudadanos. Desde su París adoptivo, con nostalgia por su Buenos Aires lejano, Julio Cortázar escribió: “De pibes la llamamos “la vedera”/ y a ella le gustó que la quisiéramos./ En su torno sufrido dibujamos/ tantas rayuelas./ Después, ya mis compadres, taconeando/ dimos vuelta manzana con la barra/ silbando fuerte para que la rubia/ del almacén saliera con sus lindas trenzas/ a la ventana./ A mí me tocó un día irme muy lejos/ pero no me olvidé de las vederas/ pero no me olvidé de las vederas./ Aquí o allá las siento en los tamangos/ como la fiel caricia de mi tierra.”
Ese cariño por las veredas parece haber quedado en el olvido, por lo menos para una buena parte de los tucumanos que han sido intimados por la Municipalidad para que las reparen. Pero solamente un 6% de los 497 vecinos del centro de la ciudad respondieron positivamente y realizaron las reparaciones. Según informó la Dirección de Catastro municipal, el control del estado de las veredas se realizó en la zona del casco viejo de la capital (entre General Paz, avenida Sáenz Peña-Avellaneda, avenida Sarmiento y Salta-Jujuy). En esos lugares se detectaron casi 500 roturas en las aceras de los frentistas. En una primera etapa, en enero pasado, el municipio efectuó 376 notificaciones a propietarios de inmuebles cuyas veredas estaban rotas. Sólo 15 vecinos hicieron las mejoras. En febrero, según se informó, el municipio labró 99 actas de infracción a comerciantes del microcentro, de los cuales 57 repararon sus veredas. En los próximos meses, se anticipó que los inspectores recorrerán los diferentes barrios de toda la capital.
De acuerdo con la anterior normativa, la multa oscilaba entre $33 y $100. La Municipalidad hizo saber que la ordenanza 3856/07 establece que las sanciones pecuniarias irán de $ 3.000 a $ 5.000 para quienes no mantengan en condiciones adecuadas sus veredas y que en breve comenzará a labrar actas de infracción a aquellos que no hayan reparado sus veredas y que previamente hayan recibido las notificaciones correspondientes donde se detallaba que debían efectuar esta tarea.
Creemos que es una actitud positiva que luego de tantos conatos de aplicar la ley a lo largo de los años, la Municipalidad se anime a hacer efectiva la norma vigente. Las veredas rotas no sólo dan un mal aspecto a una ciudad, sino que también dificultan el tránsito de las personas discapacitadas, de los ancianos y de las mujeres encinta o que circulan con sus bebés en cochecitos; son un peligro latente para el peatón común.
Puede suceder que el frentista -si es un jubilado o un discapacitado, por ejemplo- no esté en condiciones económicas de afrontar la reparación. En ese caso, la Municipalidad podría disponer de otras alternativas, como sucede en la ciudad de Mendoza, donde la comuna realiza la reparación y se la cobra luego al vecino en cuotas. Lo importante es que se cumpla la ley y que se reparen las “vederas” para el bien de todos los tucumanos.