Es mejor hablar (de ciertas cosas).

Empatía sexual

Por Inés Páez de la Torre. Sábado 06 de Octubre 2012

Es sabido que la empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, la capacidad de percibir -y honrar- lo que el otro siente. Se trata de un valor vitalmente decisivo para la felicidad de las relaciones humanas en general, y sexuales en particular.

El escaso o nulo desarrollo de esta habilidad social es propio de las personalidades narcisistas. Estos hombres o mujeres tienen un marcado egocentrismo y solo se preocupan por sí mismos. Por eso les resulta muy difícil y hasta imposible conectarse afectivamente con los demás y construir una relación.

Imaginarnos cómo se siente o se sentiría el otro en determinadas circunstancias es, como el amor mismo, todo un aprendizaje.

En nuestra cultura, la empatía suele estimularse más tempranamente en las mujeres. El clásico juguete infantil femenino fue siempre -sigue siendo a pesar de tantos cambios- una muñeca o muñeco. Con ellos se juega a "la mamá". El juego consiste en interactuar de mil maneras con el "hijo": darle de comer, hacerlo dormir, cambiarle los pañales, cuidarlo porque está enfermo, también retarlo y ponerlo en penitencia.

De alguna manera, este juego es una suerte de entrenamiento para aprender a interpretar las necesidades del otro y hacer algo en este sentido.

El lugar del otro

Aunque esto de "ponerse en el lugar del otro" resulta fácil y hasta obvio comprenderlo, no siempre los miembros de una pareja parecen tenerlo en cuenta. Un ejemplo: cuando una persona es infiel, es probable que sepa a nivel intelectual que si su pareja lo descubriera, se sentiría muy ofendida y defraudada. Pero muchas veces, recién cuando ya es demasiado tarde, queda al descubierto la profundidad de la herida, lo irreparable del daño. ¿Qué ha faltado aquí? Empatía, percepción de la sensibilidad del otro.

Y a tal punto que quien cometió la infidelidad suele sorprenderse de que el engañado rompa la relación: como si no hubiera sabido el efecto que este hecho tendría en el otro y en el vínculo. Evidentemente, carente de empatía, no pudo prever con claridad el dolor que causaría, ignoró el costo, el boomerang de dejarse llevar por sus impulsos.

Se trata entonces de aumentar el nivel de conciencia, de desarrollar lo que se ha dado en llamar "empatía sexual".

Conocer es complacer

Llevada esta habilidad al terreno sexual, ser empáticos implica poder ver con claridad cómo se sentiría nuestra pareja en determinadas situaciones sexuales. Para esto es necesario destinarle tiempo al conocimiento del otro.

Qué es una mujer, qué caracteriza su psicología, de qué material está hecha su vida anímica, cómo funciona en ella la respuesta sexual, son cuestiones que deben interesarle a quien desee complacerla. También es necesario enterarse de quién es esta mujer en particular: su historia, sus deseos, sus temores, sus frustraciones, sueños e inseguridades.

Por supuesto: lo mismo vale para el caso de los hombres. Y aunque muchos dirán que conocerlos -y a cualquier ejemplar de su especie- es una tarea mucho más sencilla, esto es solo un prejuicio social. Todo ser humano es complejo y siempre resulta un gran desafío intentar comprender su mundo.