Por Emilia Hassan, politóloga, especialista en Relaciones Internacionales
A diferencia del fútbol, en la política los partidos no terminan. Aparecen nuevos jugadores, otros aguantan. Pero el marcador nunca se detiene. A más de un mes del enfrentamiento deportivo entre Argentina e Inglaterra, se ha comentado no solo entre hinchas sino también entre intelectuales que este partido tuvo un efecto malvinizador en la sociedad, incluso entre los más jóvenes. Tal fue su efecto que el gobierno tuvo que desistir del capítulo de venta de tierras en el Congreso y enfrentarse a la dura realidad que se enfrentan todos los oficialismos: la desconexión con los reclamos populares. Esta vez, el golpe de suerte vino de las recientes declaraciones de Donald Trump, quien barajó la posibilidad de revisar la postura de Estados Unidos frente a la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgia y Sándwich del Sur, entre Argentina y Reino Unido. Se podrá alegar, y estamos de acuerdo, que el presidente republicano mantiene o defiende una lógica transaccional del poder: te doy esto a cambio de aquello, pero no debemos obviar que promesas de distinto carácter fueron vertidas y no todas se cumplieron. Sumado al hecho de que estamos hablando de una alianza histórica entre Estados Unidos y Gran Bretaña que se evidenció en la guerra de 1982 y que continúa hoy en diferentes escenarios.
Qué es Sea Lion, el proyecto para extraer petróleo de las Islas MalvinasLo que quiero remarcar es ¿en qué contexto tiene lugar esta declaración? Por un lado, el declive relativo de Estados Unidos como potencia hegemónica, el regreso de Trump, y la guerra contra Irán han debilitado los lazos con los aliados en Europa. En segundo lugar, se ha deteriorado la voluntad de generar consensos incluso entre los países del Norte Global. Por ejemplo: las discusiones en torno a miembros de la OTAN y Estados Unidos para financiar inversiones militares. Frente a estos cambios, ¿estamos frente a una nueva estrategia? o ¿solo se trata de presionar al Reino Unido para que revise sus gastos en defensa? Me inclino por la segunda opción. Ahora, supongamos que Estados Unidos planea respaldar a la Argentina en su reclamo por Malvinas. Existe otro actor trascendente que obliga a la potencia norteamericana a reconfigurar su liderazgo en el mundo: China. Sabemos que las alianzas duran más que los gobiernos de turno. Y frente a un posible cambio de gobierno en Argentina ¿le convendrá a Estados Unidos, que el Atlántico Sur sea un escenario para la proyección de poder de China? Son preguntas que debemos hacernos.
En tercer lugar y no menos importante, otro partido se juega en la arena local. Pareciera ser que, luego de tres años en el gobierno, el oficialismo se ha desmarcado de su postura original: reducir al máximo la confrontación con Gran Bretaña. A partir de esta conferencia, Javier Milei ha manifestado verbalmente que incrementará los costos de sostener la presencia militar británica en el Atlántico Sur a través de nuevas leyes, decretos, sanciones y creación de nuevos órganos. Una postura conocida en Cancillería y aplicada en parte por Alfonsin y por el kirchnerismo. Sin embargo, todavía no sabemos si esto se mantendrá y cuáles serán sus alcances e impactos. Es muy pronto para trazar similitudes en un contexto en el que la contienda electoral empieza a apurar los tiempos.
Causa Malvinas: Milei anunció la creación de una base naval en Tierra del Fuego y sanciones a petrolerasDe acuerdo con Juan Gabriel Tokatlian, los triunfos de Argentina frente a la potencia ocupante en Naciones Unidas, estuvieron respaldados por un gran consenso interno entre radicales, peronistas y otras expresiones políticas. La resolución 2065 fue impulsada por el presidente Illia y expresaba la voluntad de resolver por medio de la diplomacia la disputa de soberanía. Para abordar la cuestión de Malvinas se necesita de consensos que sean sostenidos en el tiempo. Se necesita además de imaginación política.