Durante buena parte de este Mundial Argentina había convivido con una situación extraña. Los rivales casi no le llegaban, pero cuando lo hacían, le convertían. Emiliano Martínez no había cometido errores groseros ni había sido responsable directo de los goles recibidos, pero tampoco había podido aparecer como tantas otras veces para salvar a la Selección.

No fue una noche sencilla para la “Scaloneta”. Hubo un tramo del partido en el que perdió el control, dejó de hacer pie en el medio y comenzó a sufrir. Suiza encontró espacios, logró romper líneas y, por primera vez en varios pasajes del Mundial, consiguió transformar su dominio en situaciones concretas. Pero ahí apareció “Dibu”.

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Promediando el primer tiempo achicó bien un mano a mano con Breel Embolo, le tapó un cabezazo a Dan Ndoye y estuvo firme ante un remate de Granit Xhaka. Esas atajadas fueron buenas señales; porque Argentina no estaba cómoda, pero ahí apareció “Dibu” para sostener a la Selección.

“Hoy fue un partido más duro. Tenía acciones más difíciles para hacer, pero mi palabra era estar agresivo, ayudar a la defensa en lo que venía”, explicó después del partido con la sonrisa que lo caracteriza.

Eso fue exactamente lo que hizo. Estuvo atento para salir, respondió por abajo, se hizo fuerte en los centros y, sobre todo, apareció en el momento en el que Argentina necesitaba que alguien sostuviera el partido desde atrás. “Sabía que si tenían más centros iba a querer salir a ayudarlos a mis compañeros. Es donde mejor me siento, donde hay presión y donde las papas queman. Me siento, la verdad, muy confiado”, aseguró.

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“Donde las papas queman”. “Dibu” eligió esa expresión y probablemente no haya una mejor para explicar su relación con la Selección.

Su historia con Argentina se construyó en los momentos de mayor tensión. En las definiciones por penales en los mano a mano, en las últimas pelotas de partidos “picantes”, y en esos segundos en los que un error puede dar por terminado un torneo y una atajada puede cambiar una historia.

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Después del partido contra Egipto él mismo había dicho que necesitaba ayudar más a sus compañeros. Argentina había recibido dos goles en apenas dos remates al arco y, aunque no había tenido responsabilidad directa, él se había quedado con la sensación de que no había podido hacer nada para evitarlo. Pero ahora fue diferente.

Cuando Suiza llegó, encontró al “1”. Sin embargo, Martínez también quiso marcar una diferencia sobre aquella interpretación. “La prensa lo llevó un poco a lugares que no me gustan, porque ayudar siempre ayudo”, advirtió. “A la hora de la comunicación, del juego con los pies, de estar tranquilo en los momentos cuando hay presión”, agregó detalles sobre en lo que él considera que es importante.

La influencia de “Dibu” no empieza ni termina en una atajada. Martínez ordena, habla, juega con los pies y transmite una seguridad que esta Selección incorporó como parte de su identidad. Pero también es cierto que él quería más. “Cuando llegan dos veces y son dos goles, yo quiero más. Pero si vos ves, no tuve ningún error en los goles”, remarcó.

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Contra Suiza tuvo más y respondió. Quizás por eso su actuación tuvo un valor especial. Porque sí hubo un momento del partido en el que Argentina dejó de controlar lo que ocurría y ahí estuvo el arquero para decir presente.

Ahora se viene Inglaterra, en una semifinal que tendrá aroma a final. Un escenario todavía más grande y un rival con más herramientas.

“Dibu” llegará después de haber encontrado algo que venía buscando desde el comienzo del torneo: la posibilidad de ayudar con lo que mejor sabe hacer: sostener al equipo.

Porque contra Suiza, cuando Argentina no hacía pie, él puso sus manos y la sostuvo.