La penúltima jornada del juicio por el crimen de Mercedes Kvedaras estuvo marcada por un profundo e irreconciliable abismo técnico sobre la salud mental de José Figueroa. Tras casi un mes de debate, el tribunal se enfrentó al testimonio de la psiquiatra Doris Mabel Flores y la psicóloga María Alejandra López —profesionales contratadas por la familia del imputado—, quienes intentaron introducir la hipótesis de una "fractura psíquica" y un "estado crepuscular" de conciencia al momento del crimen.

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Esta visión de un Figueroa "desbordado por un huracán emocional" y sumido en lagunas mentales choca frontalmente con las pericias oficiales del CIF y la querella. Mientras que para la defensa el acusado fue víctima de un estallido irracional, los peritos Gabriela Moyano y Gustavo Vacaflores fueron tajantes: Figueroa era plenamente consciente de sus actos, mantenía el control de sus facultades y comprendía la criminalidad de su conducta. Esta contradicción sitúa al tribunal ante la decisión final de determinar si el asesinato fue el desenlace de un plan consciente o el resultado de un colapso psíquico excepcional.

Figueroa estaba sin dormir

El testimonio de la doctora Doris Mabel Flores, psiquiatra tratante de Figueroa tras su detención, ofreció un giro técnico y profundo. La especialista reveló que Figueroa arrastraba un antecedente depresivo de dos años antes, vinculado a una "disfunción de pareja". Sin embargo, los días previos al hecho habrían sido críticos: el acusado sufría de un insomnio pertinaz de más de cinco días y un cuadro de "hiperadrenergia".

Flores describió síntomas físicos alarmantes antes del crimen: fotofobia (molestia a la luz), hipersensibilidad sonora y una necesidad imperiosa de realizar actividad física extrema, como correr por el cerro de forma repetitiva para descargar la tensión muscular. 

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Para intentar dormir, Figueroa habría ingerido Midazolam (blíster que fue encontrado en el basurero del baño), una benzodiacepina de alta potencia que, según la experta, no le hizo efecto y pudo haber contribuido a un estado de confusión.

La teoría del "estado Crepuscular"

Uno de los puntos centrales de la defensa técnica se basó en la explicación de Flores sobre el funcionamiento del aparato psíquico de Figueroa al momento del hecho. La doctora explicó que la mente se divide en áreas afectiva, intelectual y volitiva, y que en el acusado se produjo una invasión masiva del área emocional sobre la racional.

"Yo digo que es como un huracán... se ve totalmente invadido, superado... y ahí viene el agotamiento mental y produce esa confusión", detalló la psiquiatra para describir el "estado crepuscular" o "estrechez de conciencia" que habría padecido Figueroa.

Según Flores, este estado fue agudo, abrupto e irracional, rompiendo con la personalidad base del imputado, a quien definió como una persona de tipo "neurótica obsesiva", estructurada y no impulsiva en condiciones normales.

La psiquiatra explicó que, mientras ella utiliza el término "incidente" en sus informes profesionales, José Figueroa se refiere constantemente al hecho como un "accidente". Según el testimonio de la especialista, el relato de Figueroa sobre ese momento es fragmentado y está marcado por una supuesta pérdida de memoria.

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El relato del "accidente" y la laguna mental

Al indagar sobre los recuerdos de Figueroa, la psiquiatra señaló que él siempre se refirió al hecho como un "accidente". El acusado le relató que esa noche estaba somnoliento y vestido, y que tras una discusión en el baño donde Mercedes le habría dicho: "Me voy a pasarla bien" (o palabras similares), él sufrió una pérdida de memoria. "Ahí no recuerda. Eso es todo lo que él recordó", testificó Flores, añadiendo que Figueroa presentaba "cronodisnecia", una alteración que lo llevaba a hablar de Mercedes en tiempo presente ("ella estudia en la Católica") meses después de su fallecimiento.

La doctora Flores admitió que en casi todos sus informes (desde agosto de 2023 hasta enero de 2024), la angustia y el llanto del imputado estaban dirigidos exclusivamente a sus hijos y al dolor de sus propias madres, pero no se registraba un pesar manifiesto por Mercedes hasta mucho tiempo después.

Actualmente, Figueroa sigue medicado con una combinación de Divalproato de sodio, Paroxetina y Quetiapina para estabilizar su ánimo y "destrabar" la confusión cognitiva que persistió tras la que Flores denominó como una "fractura psíquica".

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"Yo estoy muerto aquí"

Desde el inicio de su intervención, la psicóloga Alejandra López fue tajante al describir el estado anímico de Figueroa. Según la experta, el imputado no solo padece un cuadro de "depresión reactiva", sino que se encuentra en un estado de angustia permanente. 

"En ningún momento él justifica nada, todo el tiempo siente culpa y llora con mucha angustia", afirmó la licenciada, destacando que Figueroa se siente totalmente abrumado por la situación. Esta carga emocional se traduce en lo que la psicología denomina "pensamientos tanáticos", es decir, un deseo recurrente de morir. 

López relató que Figueroa no logra visualizar un futuro y que el encierro ha agudizado su sensación de inexistencia. En un momento desgarrador de la terapia, el imputado le manifestó: “Estar en esta oscuridad no es vida, yo estoy muerto, yo estoy muerto aquí”.

La ausencia de justificación y el "vacío" del momento fatal

Uno de los puntos centrales del testimonio fue la postura de Figueroa frente al crimen. La psicóloga subrayó que el imputado no se desliga de responsabilidad. Por el contrario, su discurso es redundante en este sentido: “Él dijo que es culpable de todo lo que pasó”. Sin embargo, esta asunción de culpa convive con una profunda perplejidad, ya que el acusado "no encuentra explicación lógica" a su propia conducta.

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Al reconstruir el día del hecho, López explicó que Figueroa padece lagunas mentales. Según el relato del paciente, tras una discusión iniciada porque su hijo no quería ir al colegio, hubo una frase de Mercedes que actuó como disparador: ella le habría dicho que, si no estaba conforme, debía "rebuscársela afuera". A partir de ahí, Figueroa describe un vacío de tiempo. “No sabe cuánto tiempo pasó ni puede establecer el lugar”, detalló la psicóloga, indicando que el imputado solo recupera la conciencia cuando nota que ella ya no tiene vida.

La desesperación de Figueroa tras el acto fue tal que intentó quitarse la vida de manera inmediata. La licenciada López relató la sorpresa casi metafísica que sintió el imputado al ver que sus intentos fallaban. Mientras se autoinfligía heridas en los brazos y el cuello, Figueroa se preguntaba con horror: “Pero sigo vivo, ¿por qué no me muero?”. Este asombro ante la imposibilidad de morir refleja, según la licenciada, la magnitud de su desorganización anímica en ese instante.

"Mer no se merecía esto"

A pesar de la tragedia, la psicóloga destacó que Figueroa mantiene un vínculo afectivo. “Él nunca habló mal de ella; jamás quiso decir nada malo”, enfatizó López. 

En la intimidad del consultorio, Figueroa suele repetir con amargura: “Nosotros no merecíamos esto. Mer no merecía esto”. Además, la profesional reveló un aspecto espiritual del imputado que lo sostiene en el encierro: “Él me dijo: 'Yo todos los días pido por Mer'”, en referencia a sus oraciones cotidianas.

Análisis técnico: Emoción desmedida y violenta
Desde el punto de vista clínico, López identificó que Figueroa posee una estructura de personalidad sumamente controlada y rígida, lo que hace que su "reacción desmedida" sea aún más inexplicable para él mismo. Sin embargo, la aplicación del test MMPI-2 "arrojó indicadores compatibles con la emoción violenta", un desborde que superó sus mecanismos defensivos habituales.

La experta concluyó que Figueroa no presenta rasgos de psicopatía ni falta de empatía, sino que es una persona autoexigente que se quebró ante una situación de estrés insoportable, derivando en una tragedia que él mismo define como una "desgracia que afectó a todos".

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"Usted no conocía a Mercedes"

El testimonio de la licenciada López se convirtió en un campo de batalla legal. La fiscalía lanzó una ofensiva cuestionando la validez científica de las conclusiones de la profesional, especialmente cuando ella habló de una "violencia naturalizada" en la pareja. El Ministerio Público increpó a la psicóloga preguntándole cómo podía afirmar que Mercedes Kvedaras naturalizaba la violencia si nunca la había peritado ni conocido personalmente. López se defendió sosteniendo que sus conclusiones "se basaban en el relato consistente de su paciente".