El 4 de agosto de 2023, la paz del exclusivo country El Tipal se quebró para siempre con el crimen de Mercedes Kvedaras. Sin embargo, la reconstrucción de lo sucedido aquel día no solo depende de las huellas físicas, sino de los rastros invisibles en la psiquis de su esposo y único acusado, José Eduardo Figueroa. En una de las jornadas más determinantes del juicio por homicidio doblemente calificado, la ciencia forense tomó la palabra para desarticular la estrategia del silencio y la frialdad que el imputado ha mantenido desde el inicio del proceso.

La atención del tribunal se centró en los resultados de las pericias realizadas en septiembre de 2023, una instancia que pareció sacada de un thriller judicial. En aquel entonces, un Figueroa fuertemente custodiado, vistiendo chaleco antibalas y casco, fue trasladado desde la cárcel de Villa Las Rosas hasta las oficinas del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF). Allí, durante tres extenuantes sesiones de tres horas cada una, se sometió al escrutinio simultáneo de una terna de especialistas: la perito oficial del CIF, Gabriela Moyano; el perito de la querella, Gustavo Vacaflores; y el perito de la familia Figueroa, el cordobés Rubén Osvaldo Navarro.

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Los testimonios de Moyano y Vacaflores ante los jueces dibujaron el retrato de un hombre que, lejos de haber actuado bajo un arrebato incontrolable, mantuvo en todo momento el dominio de sus facultades. En tanto el perito de los Figueroa, aseguró que el imputado lo hizo cegado por “un torbellino emocional”.

El narcisista

Pasadas la 9 de la mañana, la atención se centró en el exhaustivo análisis psiquiátrico presentado por la doctora Gabriela Betina Moyano. La profesional, integrante del Gabinete de Psiquiatría del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF), desglosó la personalidad del imputado tras evaluarlo durante tres días consecutivos en septiembre de 2023.

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La doctora Moyano fue contundente al definir la estructura psíquica de Figueroa. Según la perito, el acusado presenta una "personalidad de aparente estructuración neurótica con rasgos obsesivos y narcisistas". Estos rasgos se manifestaron en su necesidad constante de dominio sobre su entorno y su familia. "Él necesitaba tener todo bajo control... no podía delegar", explicó la profesional ante el tribunal.

Durante las entrevistas, Figueroa se mostró extremadamente cuidadoso con sus palabras. Moyano describió su discurso como "poco fluido, escueto, escamoteado y muy cauto al hablar", señalando que el imputado seleccionaba minuciosamente qué datos compartir y cuáles omitir para favorecer su situación procesal.

"Anestesia emocional" y culpa ajena

Uno de los puntos más impactantes del testimonio fue la descripción de la actitud de Figueroa frente al hecho. La psiquiatra ratificó que el acusado evidenció una marcada "indiferencia afectiva" o "anestesia emocional". Al respecto, Moyano precisó: "Lo que se dice está desprovisto del afecto... es desproporcionado. Era monocorde, como que nada lo movilizaba". Incluso al ser consultada sobre si esta actitud cambiaba al hablar del crimen de su esposa, la perito confirmó que su postura fue igual de gélida.

La especialista también introdujo el concepto de "defensas aloplásticas" para explicar cómo Figueroa evita asumir su responsabilidad. Según la experta, el imputado "tiende a depositar la culpa en otro" en lugar de modificar su propia conducta. Esta tendencia al ocultamiento y la mendacidad fue una constante durante las pericias, donde Figueroa buscó "manipular y minimizar cierta información".

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Plena conciencia de sus actos

Pese a los intentos de la defensa por indagar sobre su salud mental, la doctora Moyano fue clara: Figueroa no padece psicosis ni trastornos mentales que afecten sus capacidades. "El señor Figueroa conocía, entendía y comprendía el hecho que estaba haciendo", afirmó con seguridad.

La perito concluyó que el acusado "posee conciencia y comprensión del sentido y objetivo de sus actos" y que tenía la capacidad de distinguir entre conductas aprobadas y reprochables, tanto en el presente como "al momento del hecho" investigado.

El único momento de quiebre

Hacia el final de su declaración, se le preguntó a la doctora si en algún momento de las largas horas de entrevista vio llorar a Figueroa. La respuesta de Moyano reveló el único punto de vulnerabilidad del imputado, aunque alejado del remordimiento por la víctima: "Hubo un cierto quiebre... puntualmente cuando se refirió a sus hijos".

"Oculta o comete omisiones"

En segundo en declarar fue el médico psiquiatra Gustavo Vacaflores, quien brindó un testimonio clave sobre el perfil psicopatológico de José Figueroa, tras realizar una evaluación conjunta con otros profesionales durante tres jornadas de entrevistas.

El experto, con formación en psiquiatría forense, ofreció una descripción técnica y semiológica detallada que pone en duda la transparencia del relato del imputado.

Un discurso "sobrecontrolado" y falta de emoción

Desde el inicio de su declaración, Vacaflores destacó la actitud de Figueroa durante las entrevistas, describiéndolo como una persona lúcida y vigil, pero con una marcada rigidez conductual. Según el profesional, el imputado presentó una "hipomimia" (disminución de la gestualidad) y un discurso carente de matices afectivos.

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"Se observa al señor Figueroa cansado... muy rígido en sus gestos. Un discurso plano, sin expresión emocional en su relato. Un discurso sobrecontrolado, prudente y reservado en sus respuestas", detalló el psiquiatra ante el tribunal. Para el experto, esta actitud no es casual, señalando que "interpreto que oculta o comete omisiones de hecho" en relación con lo sucedido.

Rasgos obsesivos y dependencia emocional

Al analizar la personalidad de Figueroa, Vacaflores identificó rasgos obsesivos vinculados al perfeccionismo y la organización metodológica, así como rasgos dependientes. Según el testimonio, Figueroa demostraba una notable dificultad para aceptar la ruptura de vínculos afectivos, buscando constantemente la aprobación de figuras de apoyo como su madre o tíos.

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El profesional explicó que Figueroa utilizaba mecanismos de defensa recurrentes: "La negación, la racionalización y el aislamiento afectivo... la minimización de los conflictos, una constante en sus respuestas y conductas". Estos mecanismos le permitían justificar comportamientos o ignorar situaciones problemáticas, mostrándose como alguien "empático y conciliador" para evitar la confrontación.

El factor de la mendacidad

Uno de los puntos más tensos de la declaración fue la conclusión de Vacaflores sobre la mendacidad del relato de Figueroa. El psiquiatra basó esta afirmación en la discrepancia entre lo que el imputado narraba y la información obtenida por vías indirectas, como testimonios de familiares y audios de la causa.

"Lo descripto es compatible con mendacidad", sentenció el médico. Al ser consultado sobre por qué llegaba a esa conclusión, aclaró que "mendacidad no solamente es mentir, es ocultar o es seleccionar lo que dicen". Notó, por ejemplo, que en ciertos audios previos al hecho Figueroa mostraba una carga emocional que luego desapareció por completo en las entrevistas periciales, lo que sugiere una selección deliberada de la información brindada.

Imputabilidad y la "emoción violenta"

Finalmente, Vacaflores se distanció de las interpretaciones que sugieren un estado de "emoción violenta", término que calificó como una construcción jurídica y no médica. "En psiquiatría o en medicina las emociones no son violentas ni no violentas. Las emociones son emociones", afirmó de manera tajante.

A pesar de los síntomas adaptativos detectados por el estrés de la detención (insomnio, ansiedad), el experto fue claro respecto a la capacidad mental del acusado al momento del hecho. Concluyó que José Figueroa "sí pudo comprender la criminalidad del acto y dirigir sus acciones", descartando alteraciones morbosas que le impidieran discernir la gravedad de su conducta.