31 Marzo 2002 Seguir en 
Por Eduardo Luis Curia (Ex vicemenistro de Economía de la Nación y ex profesor universitario de Economía)La estanflación, como concepto o categoría es una combinación de recesión con ciertos niveles inflacionarios. Comprendiendo los alcances de estas situaciones, ya se configuran los elementos dañinos que se ciernen sobre la Argentina.
La convertibilidad, según siempre lo pregoné, era un esquema de inflación deprimida, porque a través de un corsé cambiario se actuaba como si se tuviera un precio máximo de alcance general, y mantenía con este control ficticio el tema de la inflación.
Cuando se produce la anulación de la pauta cambiaria del cambio fijo, naturalmente surgen las presiones inflacionarias y así, dentro de la inhabilidad de la política económica del ministro Jorge Remes Lenicov, y del presidente del Banco Central de la República Argentina Mario Blejer, sumada a la falta de política de precios de los primeros momentos, esas presiones mal neutralizadas acrecentaron el condimento de la inflación.
A este elemento hay que sumarle el tema de la depresión, que es otra herencia de la convertibilidad, sin lugar a dudas, porque ya llevamos cerca de cuatro años en ese estado de enfriamiento económico.
En este contexto, la preservación del corralito y el no haber aprovechado Remes Lenicov la flotación para liberar este otro corsé, a través de un cronograma o de otro método, inhibió el capital de trabajo y está favoreciendo la continuidad de la depresión.
Lo que estamos viviendo -estanflación - es un momento duro, fruto de lo que fue este malsano empecinamiento en un esquema tan desequilibrado como la convertibilidad, que llevó al país a un verdadero desastre. No había otra posibilidad que salir de este cepo, pero las condiciones generales eran pésimas y por lo tanto ahora hay que bailar con la más fea.
Sus efectos dependían, como siempre ocurrió, de las medidas de conjunto que se adoptasen, pero, según vemos lo que se hizo no fue para nada efectivo, porque se trata de una serie de medidas sin ninguna estrategia o programa sustentable.
Ya lo había advertido meses atrás que si eran medidas atendibles que acompañen a un sistema de flotación cambiaria, inmediato, las posibilidades de repercusiones negativas iban a ser mínimas. Por el contrario, se demoró más de un mes en adoptar la flotación, y las acciones que instrumentó el Gobierno nacional no fueron las correctas o adecuadas, por lo que las implicancias son realmente feas.
El proceso de remarcación era esperable y la gente ve como día tras día se achica su salario.
Es preciso que se busque una resultante que, a la larga, tenga mejores posibilidades para la acción del conjunto.
La estafa del corralito ya fue consumada y ahora hay que tratar de encontrarle la mejor salida.
Cada argentino tendrá que adaptarse a las nuevas circunstancias. El gran daño, más allá de las pérdidas materiales, será la pérdida de la confianza que muchos de los argentinos no recuperará sino después de muchos años.(Exclusivo para LA GACETA)
La convertibilidad, según siempre lo pregoné, era un esquema de inflación deprimida, porque a través de un corsé cambiario se actuaba como si se tuviera un precio máximo de alcance general, y mantenía con este control ficticio el tema de la inflación.
Cuando se produce la anulación de la pauta cambiaria del cambio fijo, naturalmente surgen las presiones inflacionarias y así, dentro de la inhabilidad de la política económica del ministro Jorge Remes Lenicov, y del presidente del Banco Central de la República Argentina Mario Blejer, sumada a la falta de política de precios de los primeros momentos, esas presiones mal neutralizadas acrecentaron el condimento de la inflación.
A este elemento hay que sumarle el tema de la depresión, que es otra herencia de la convertibilidad, sin lugar a dudas, porque ya llevamos cerca de cuatro años en ese estado de enfriamiento económico.
En este contexto, la preservación del corralito y el no haber aprovechado Remes Lenicov la flotación para liberar este otro corsé, a través de un cronograma o de otro método, inhibió el capital de trabajo y está favoreciendo la continuidad de la depresión.
Lo que estamos viviendo -estanflación - es un momento duro, fruto de lo que fue este malsano empecinamiento en un esquema tan desequilibrado como la convertibilidad, que llevó al país a un verdadero desastre. No había otra posibilidad que salir de este cepo, pero las condiciones generales eran pésimas y por lo tanto ahora hay que bailar con la más fea.
Sus efectos dependían, como siempre ocurrió, de las medidas de conjunto que se adoptasen, pero, según vemos lo que se hizo no fue para nada efectivo, porque se trata de una serie de medidas sin ninguna estrategia o programa sustentable.
Ya lo había advertido meses atrás que si eran medidas atendibles que acompañen a un sistema de flotación cambiaria, inmediato, las posibilidades de repercusiones negativas iban a ser mínimas. Por el contrario, se demoró más de un mes en adoptar la flotación, y las acciones que instrumentó el Gobierno nacional no fueron las correctas o adecuadas, por lo que las implicancias son realmente feas.
El proceso de remarcación era esperable y la gente ve como día tras día se achica su salario.
Es preciso que se busque una resultante que, a la larga, tenga mejores posibilidades para la acción del conjunto.
La estafa del corralito ya fue consumada y ahora hay que tratar de encontrarle la mejor salida.
Cada argentino tendrá que adaptarse a las nuevas circunstancias. El gran daño, más allá de las pérdidas materiales, será la pérdida de la confianza que muchos de los argentinos no recuperará sino después de muchos años.(Exclusivo para LA GACETA)







