
La disparidad de opiniones entre funcionarios y referentes de distintas administraciones sobre los basurales clandestinos en la capital y su periferia habilita la necesidad de una profunda reflexión al respecto.
En primer lugar, porque que hay una diferencia demasiado grande acerca de la cantidad de vaciaderos: mientras un grupo afirma que hay 500 depósitos ilegales de residuos, el responsable de Higiene Urbana de la Municipalidad sostiene que “son menos de 30”.
En segundo lugar, porque los candidatos a intendente se apoyan en esos datos inciertos, no corroborados por estadísticas precisas (el último informe serio que hay es de 2019) para establecer propuestas de políticas al respecto. La reflexión es importante, porque se trata de un asunto que compete a todos, al que nunca se le ha hallado solución, sin que esté claro el porqué.
La cantidad de basurales no está clara; ni siquiera la definición misma de esos vaciaderos. El funcionario municipal dijo que muchos han sido erradicados y que se hacen operativos de limpieza a diario con unos 360 contenedores que hay en el micro y el macrocentro y en la periferia, pero que “lo que la gente llama basural es basura que se tira en las esquinas, y por más que lo levantes, se vuelve a hacer”. Un investigador que hizo el estudio de 2019 diferenció entre 33 depósitos de residuos de tamaños mayores, 150 medianos y 300 menores. Casi todos estaban en la periferia, mientras que, en esa época, se decía que en la capital había unos 200 vaciaderos clandestinos.
Por su parte, el funcionario de la provincia encargado de Saneamiento y Mejoramiento de Espacios Públicos ha criticado a la Municipalidad porque dice que no se recoge la basura a diario en muchas partes de la periferia y que los operativos de limpieza escasean, así como polemiza con respecto a la limpieza de los canales, que le corresponden a su área. Esta también debería ocuparse de los accesos a la ciudad. Ha planteado, no obstante, que “nos tenemos que hacer cargo entre todos de los problemas”.
De esta polémica se desprende, por un lado, que a pesar de que se trata de una tarea que debería ser coordinada entre las distintas administraciones, está dando lugar a excusas ante un fenómeno para el cual no hay respuestas en lo que hace a la prevención. Y eso se nota por la falta de datos claros, que permitirían tener una idea sobre qué hacer frente al problema, y a los candidatos establecer programas con bases ciertas.
Está claro que, como han señalado los postulantes, debe ampliarse la política de reciclado, para que se genere menos basura, así como estudiar los niveles de eficiencia de los servicios de recolección y de limpieza, puesto que limpiar algo para que pocas horas después esté lleno de basura nos indica que hay algo equivocado en la estrategia.
El hecho de que haya disparidad de criterios en el Gran Tucumán revela que es urgente que se lleguen a acuerdos concretos para eficientes políticas comunes en el tratamiento de los residuos.







