23 Diciembre 2004 Seguir en 
Por la información diaria de primera plana, conocemos los hechos principales de la tensa situación planteada actualmente entre la Argentina y Cuba. Un exiliado cubano, nacionalizado argentino y casado, con hijos, en nuestro país, quiere que su madre -una médica neurocirujana y política hoy disidente con el régimen de Fidel Castro- pueda salir de la isla para conocer a sus nietos argentinos. El presidente Néstor Kirchner formuló ese pedido en una carta personal a Castro, quien lo desairó con una negativa, y la carta se hizo pública. Las cosas se complicaron porque se permitió el ingreso de la médica, con su octogenaria madre, a la Embajada argentina, sede que abandonaron horas después. Actualmente, el gobierno de España está haciendo gestiones para que el encuentro se produzca, no en tierra cubana -como quiere Castro-, ni en tierra argentina -como no quiere Castro-, sino en territorio hispano.
El caso muestra, en todas sus secuencias, una alarmante falta de profesionalismo y de ajuste a la realidad, para manejar un problema donde está involucrado un país extranjero. Sobre todo, uno tan peculiar como Cuba, donde se hace gala de desconocer derechos que rigen en la generalidad del mundo civilizado, empezando por el de entrar y salir libremente de sus fronteras.
Es evidente que un presidente -confiado en los guiños de supuesta simpatía y de gratitud del destinatario- no debe mandar cartas cuya respuesta positiva no haya sondeado de antemano, y mucho menos que esa misiva se haga pública. Tampoco parece sensato que se haya permitido el ingreso de una disidente cubana a nuestra Embajada, por las complicaciones que de allí podrían haber derivado.
La cuestión ha creado a la Argentina todo un problema. No solamente se trata del desaire al jefe de Estado, sino de la revelación de que las buenas relaciones de nuestro país con Cuba más parecen una caminata por la cornisa que otra cosa. Porque resulta incongruente que, mientras el Ejecutivo nacional levanta con ímpetu, a cada rato, la bandera de los derechos humanos, pueda entenderse, en ciertos momentos, con un Estado para el cual esos derechos son inexistentes.
Pareciera obvio recordar que las relaciones exteriores constituyen uno de los temas más importantes y delicados para todo país. Es un ámbito donde los pasos en falso se pagan caros y traen serias consecuencias, que a veces se extienden mucho más allá de la cuestión original.
Ello hace necesario que todo lo que tenga que ver con ese terreno sea manejado por personas dotadas de la experiencia y la ponderación que resultan imprescindibles, en temáticas tan llenas de obstáculos ocultos y de arenas movedizas.
Una nación ha de diseñar una política exterior coherente y realista, y desarrollarla con clara idea de todas sus posibilidades y de todas sus implicancias, con un equipo realmente versado en esos asuntos. Debe tenerse siempre presente que en las relaciones internacionales no hay hechos triviales, y que las crisis pueden desatarse a propósito de detalles.
El caso de la neurocirujana se ha instalado como un hecho poco feliz, conducido sin la habilidad y sin la inteligencia necesarias. Es de esperar que pueda llegar a una salida, donde no continúe acentuándose la malparada situación en que ha quedado la República Argentina.
Pero, al mismo tiempo, creemos que puede servir de lección acerca de los riesgos que encierran las engañosas aguas de las relaciones con países extranjeros, y lo fácil que resulta equivocarse si no se procede con mesura y con cautela.
El caso muestra, en todas sus secuencias, una alarmante falta de profesionalismo y de ajuste a la realidad, para manejar un problema donde está involucrado un país extranjero. Sobre todo, uno tan peculiar como Cuba, donde se hace gala de desconocer derechos que rigen en la generalidad del mundo civilizado, empezando por el de entrar y salir libremente de sus fronteras.
Es evidente que un presidente -confiado en los guiños de supuesta simpatía y de gratitud del destinatario- no debe mandar cartas cuya respuesta positiva no haya sondeado de antemano, y mucho menos que esa misiva se haga pública. Tampoco parece sensato que se haya permitido el ingreso de una disidente cubana a nuestra Embajada, por las complicaciones que de allí podrían haber derivado.
La cuestión ha creado a la Argentina todo un problema. No solamente se trata del desaire al jefe de Estado, sino de la revelación de que las buenas relaciones de nuestro país con Cuba más parecen una caminata por la cornisa que otra cosa. Porque resulta incongruente que, mientras el Ejecutivo nacional levanta con ímpetu, a cada rato, la bandera de los derechos humanos, pueda entenderse, en ciertos momentos, con un Estado para el cual esos derechos son inexistentes.
Pareciera obvio recordar que las relaciones exteriores constituyen uno de los temas más importantes y delicados para todo país. Es un ámbito donde los pasos en falso se pagan caros y traen serias consecuencias, que a veces se extienden mucho más allá de la cuestión original.
Ello hace necesario que todo lo que tenga que ver con ese terreno sea manejado por personas dotadas de la experiencia y la ponderación que resultan imprescindibles, en temáticas tan llenas de obstáculos ocultos y de arenas movedizas.
Una nación ha de diseñar una política exterior coherente y realista, y desarrollarla con clara idea de todas sus posibilidades y de todas sus implicancias, con un equipo realmente versado en esos asuntos. Debe tenerse siempre presente que en las relaciones internacionales no hay hechos triviales, y que las crisis pueden desatarse a propósito de detalles.
El caso de la neurocirujana se ha instalado como un hecho poco feliz, conducido sin la habilidad y sin la inteligencia necesarias. Es de esperar que pueda llegar a una salida, donde no continúe acentuándose la malparada situación en que ha quedado la República Argentina.
Pero, al mismo tiempo, creemos que puede servir de lección acerca de los riesgos que encierran las engañosas aguas de las relaciones con países extranjeros, y lo fácil que resulta equivocarse si no se procede con mesura y con cautela.







