Fidel, pésimo amigo

Por Angel Anaya.

18 Diciembre 2004
El sombrío escenario que se advertía en la Cancillería al cerrar el Panorama Porteño no permitía precisar quiénes podrían ser las bajas en el conflicto con el Presidente provocado por el caso de Hilda Molina. Esa situación se agravó cuando el hijo de la médica cubana utilizó enojosamente la metáfora de los pantalones argentinos en baja ante Fidel Castro, prefiriendo los de Washington y la Unión Europea. Infortunadamente para esa familia que ansía reunirse, el grotesco ideológico sigue pesando más que el realismo político. Kirchner desearía defender resueltamente los derechos humanos vulnerados, pero en este caso necesita que quien los vulnera se convierta en su aliado, algo que excede una tradición personal de intolerancia de casi medio siglo. Por otra parte, el estilo plenario del Presidente -algunos lo califican de hegemónico- al no permitir autonomía de decisiones en el Poder Ejecutivo, ha dado lugar a otro cortocircuito interno cuya magnitud se mide con la egolatría del comandante habanero, quien tiene ya su cuota política cubierta. El interrogante que se hacía uno de los hombres cuestionados de la Cancillería es: ¿cómo hará el Presidente para regresar sin éxito de esa situación y dejar las relaciones con Castro como hasta ahora?

En Ouro Preto
Kirchner había viajado con agobio a la cumbre del Mercosur; no tanto por las dificultades de las relaciones con Brasil, cuanto por el caso de Hilda Molina. Esto era así porque -como alguien muy allegado personalmente le había escuchado- su firme inquietud por la defensa de esa familia le hizo afirmar que no la abandonaría. En Ouro Preto, donde habría tenido un diálogo tempestuoso con el canciller Bielsa, el perturbado habría sido el ministro de Economía, quien esperaba poder sostener la fórmula de salvaguardias para superar las asimetrías que perturban a nuestra actividad productiva frente a las importaciones del vecino. La negativa brasileña tensionó significativamente desde hace un mes las relaciones, y agravó el creciente deterioro del Mercosur, precisamente al cumplirse la Cumbre de Ouro Preto II. Kirchner estuvo de acuerdo con Lavagna cuando hace dos meses propuso las salvaguardias, pero en Economía se temía anoche que no estuviera en situación de soportar la presión adversa de Lula Da Silva, lo que finalmente no fue así.
Tanto el caso de Hilda Molina y su familia, como las diferencias con Brasil que están minando al Mercosur, evidencian las dificultades del gobierno para definir una política exterior donde la Cancillería sea su capacitado gerente. Antes, esa situación se había advertido en el manejo de las relaciones con China y su desproporcionado marco político. Ahora también, precisamente, aquellos días que el propio Kirchner calificó de novela por las fantasías provocadas, han tenido lógico colofón en los decretos proteccionistas frente a las importaciones desde el coloso asiático (De nuestra Sucursal).

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