Libro de cuentos con historias mínimas y de la infancia

Presentan hoy la obra de Miguel Ángel Cabrera en el Centro Cultural Virla.

EL AUTOR. Miguel Ángel Cabrera, decano de Ciencias Exactas. EL AUTOR. Miguel Ángel Cabrera, decano de Ciencias Exactas.

Las miradas sobre la infancia, las historias mínimas y el mundo que se abre a los ojos curiosos de la ciencia dan la sustancia de los relatos de Miguel Ángel Cabrera, doctor en Física de la Atmósfera y decano de Ciencias Exactas. El libro se llama “La complementariedad y otros cuentos”, editado por La aguja de Buffon y será presentado hoy a las 20 en el Centro Cultural Virla (25 de Mayo 265) por el editor, Julio Estefan. Habrá una breve entrevista a cargo de Nicolás Nieva, que hizo el prólogo del libro, y los actores Hugo Gramajo y Gonzalo Véliz leerán dos de las historias.

-¿Cómo llega un ingeniero, hombre de ciencia, a estos relatos?

- Son dos etapas. La primera infancia e historias mínimas. Tiene una base en mi niñez y otra de adulto. Mi padre era topógrafo, geofísico, jefe de exploración petrolífera de YPF. Nosotros vivíamos en la frontera con Bolivia, en Tartagal, alejados de la civilización y en un barrio heterogéneo, con vecinos singulares. Y nosotros también. Mi padre era uruguayo, mi madre porteña, de la gran ciudad y en los 70 nos fuimos a vivir al norte. Hice la escuela primaria en Tartagal; la secundaria, en San Pedro de Jujuy. De adulto vine a estudiar a Tucumán.

- ¿De allí surgen los cuentos?

-Aventuras. Surgió como urgencia narrativa de contar mi vida a mis hijos; mi esposa me sugirió escribirlos. Logré compilar 42 cuentos y con Julio Estefan seleccionamos 39. Son cuentos cortos; algunos de lectura plana, sin interpretación; otros con algo más de vuelo literario. No soy escritor, sino un atrevido (risas). Escribo artículos científicos. Fui cosechando el gusto por las ciencias.

Libro de cuentos con historias mínimas y de la infancia

-¿Cómo son esas aventuras?

-Era una vida singular. La exploración petrolífera era una aventura. Mi madre se interesaba por el ballet Bolshoi. El tren traía las noticias, los diarios, parecía sacado de las películas de Agatha Christie, con camarotes con aire acondicionado… tardaba 36 horas a Buenos Aires. Pasábamos los veranos en Punta del Este (de ahí era mi padre) recogiendo mejillones. La idea de estos textos es recrear la historia de la familia y un poco la ciencia y el país. Me gustó relatar mi vida en esos cuentos, creo que salió aceptable. Algunos son muy descriptivos.

-¿Se identifica con algunos escritores?

- En aquel tiempo mi padre me regaló “Huckleberry Finn” de Mark Twain. En realidad es una historia para adultos, habla de la esclavitud, pero en esa época leíamos todo. Lo devoré. Sin televisión, se recibían libros todos los meses. El papel me emociona; los libros tienen vida propia. Si debo recuperar escritores que me impactaron, digo tres: Julio Verne, por su narrativa científica; Gabriel García Márquez, por el realismo mágico, y Ernest Hemingway, “Por quién doblan las campanas”, por sus descripciones.

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