Josefina Racedo: “Hay que afianzar el valor que tiene el vínculo con los demás”

En un acto en el Centro Cultural Virla, la UNT designará hoy “profesora emérita” hoy a la psicóloga social, fundadora del Cerpacu

RECONOCIMIENTO. Josefina Racedo es un de las protagonistas de la cultura tucumana. Fac. Psicologia UNT RECONOCIMIENTO. Josefina Racedo es un de las protagonistas de la cultura tucumana. Fac. Psicologia UNT

Vueltas de la vida. Lo que ayer fue desdicha e injusticia, hoy es alegría y justicia para esta luchadora que ha hecho de la construcción de la identidad de un pueblo, a través de una mirada social, uno de los ejes de su vida. Cesanteada de la casa de altos estudios en 1977 por la cruenta dictadura militar y reincorporada en 1984, hoy a las 12, en el Centro Cultural Virla, la Universidad Nacional de Tucumán la designará profesora emérita. “Estoy muy sorprendida, halagada, desconcertada, y poco a poco, creo que me estoy haciendo cargo de aquello: ‘algo habremos hecho estas mujeres para que la Universidad, como una institución tan importante, me reconozca’. En este sentido, los últimos tiempos míos, como yo no me alejé del todo de la Universidad, porque sigo dirigiendo la Maestría en Psicología Social, han sido muy vertiginosos con todos los desafíos que ha planteado, por ejemplo, la pandemia, la digitalización de tantos trabajos, el alejamiento del contacto permanente, tanto con los estudiantes como con los colegas”, señala Josefina Racedo, fundadora del Centro de Rescate y Revalorización del Patrimonio Cultural (Cerpacu) y directora del Instituto Superior de Psicología Social.

- En un momento inicial, se decía que la pandemia iba a transformar de algún modo a la sociedad, que el ser humano iba a valorar más la vida, las relaciones humanas, pero da la impresión de que eso no ha ocurrido.

- Creo que se han afianzado muchos de los mecanismos y de las formas de control, social, político, económico, cultural, que ya venían dándose con mayor incidencia en los últimos años, no es que empezó con la pandemia. Creo que esto nos lleva a pensar que también se ha recurrido a cosas muy de fantasías, ilusiones, pero muy rápidamente el contexto nos ha demostrado que había que aprender otras formas de pelearle y no solamente con la seguridad de que se iba a resolver solo o que iba a cambiar lo anterior. No ha cambiado del todo, sí, algunas cosas, se han incentivado otras situaciones como la guerra más cercana hoy en Europa aunque las otras vienen sucediéndose desde hace décadas, y el ajuste de nuevas formas ideológicas de control, preocupa. En los países de Latinoamérica, las nuevas maneras de quitar del medio, los obstáculos que representan gobiernos que atienden a las necesidades a sus pueblos, que están dispuestos a nuevas formas, las tenemos en la puerta todos los días. Y eso también nos ha puesto a todos o debería haber puesto a todos en este nuevo modo de estar alertas.

- ¿Cómo percibís nuestra realidad, la angustia social que se vive?

- Nosotros hicimos el 5 de noviembre, las últimas jornadas en Psicología Social, que venimos haciendo siempre cada dos o tres años y el título para trabajar esta última fue “Las nuevas cotidianeidades: incertidumbre y proyecto. Una mirada desde la Psicología Social”. Esto ha tratado de condensar lo que en verdad procesamos y por qué la incertidumbre sigue vigente, porque se acentuó mucho el panorama anterior, pero una incertidumbre donde lo subjetivo es muy difícil de ordenar, especialmente en algunos sectores de la población, que somos los que hemos venido siguiendo y sosteniendo con esfuerzo una organización social acorde con nuestras necesidades. Por eso el planteo de que si nos quedamos solamente en la incertidumbre, van a seguir ganando los que nos controlan, nos dominan. La formulación y la ejecución de nuevos proyectos tienen que ver con la realidad en la que estamos. La realidad actual es muy compleja, muy incierta en el sentido de los caminos que se están buscando y de estas formas nuevas que han aparecido en la organización subjetiva y social.

- ¿Como cuáles?

- Se han acrecentado, por ejemplo, organizaciones que no tenían mucho peso o, consideraciones en la vida general, como la solidaridad, este acompañamiento que se ha hecho entre jóvenes, la respuesta que se ha ido dando no solamente desde la política del Estado que ha contribuido a la alimentación, etcétera, sino a ese sostén comunitario que se ha visto necesitado en la participación y la incorporación de aquellos que todavía no habían unido o articulado su cotidianeidad con la de otros. Es un panorama que no está definido totalmente, por eso aparecen estas formulaciones, que hay que fortalecer. Muchos de aquellos que hoy son los referentes en distintos niveles y sectores, se han debilitado, empezando por el principal que son los políticos, que son los que más se ven, los referentes culturales o todo lo que ha significado la ida o la pérdida de muchas personas que estaban en esos lugares.

- ¿Sigue habiendo referentes en la sociedad, donde los jóvenes puedan mirarse?

- A esos que siguen habiendo hay que fortalecerlos y hacerlos notorios, y a los que necesitamos que los jóvenes encuentren, debemos trabajar también para que ellos vayan sintiéndose fortalecidos con su presencia… por ejemplo, los que trabajamos en la docencia, en la investigación, en el pensamiento de formar personas que sean capaces de analizar y decidir cosas. El NOA es un enorme reservorio de esto, pero hoy se han desgastado algunos recursos que teníamos para que eso fuera así, entonces hay que recuperarlos. Proponer y reforzar los encuentros entre las distintas generaciones, hay que fortalecerlos, y de ahí a seguir peleándola para que el sistema educativo no se vuelva de vuelta normatizador de las conductas, que esté a favor del desarrollo y las iniciativas de los jóvenes de los docentes, por ejemplo.

- Hay jóvenes que sienten que no tienen futuro en el país y se quieren ir o muchos ya se han ido. Si no consiguen trabajo, si lo que consiguen es en negro, si lo que ganan no les alcanza para alquilar una pieza, ¿qué les dirías para que no emigren y se queden?

- Primero, que si se quedan, no se queden solos adentro, en este país que aparece como devastado, sino con otros, organizándose, encontrándose con muchos más jóvenes y otros no tanto, para intentar revertir la situación, que no se revierte mágicamente ni porque un gobierno pueda ofrecer una organización futura del trabajo, sino que se logra con el conocimiento real de las condiciones en las que vivimos, el apoyo, en este caso muy necesitado, de la organización familiar, en el sentido de que lo ocurre dentro de la familia, no se desgaste, no se debilite. Pero hay una cosa importante, nosotros tenemos que desocultar esas usinas que generan este tipo de propuestas para los jóvenes -en los 90 fue muy similar- de que en otro lado se está mejor. Bueno, yo siempre digo: “mencioname un lugar donde vas a estar mejor”.

- Causa desazón ver una cuadra y media de chicos, de entre 17 y 25 años o más, haciendo cola para cobrar en el correo una ayuda social. ¿Qué estamos haciendo con nuestros jóvenes? En lugar de echarles la culpa a otros, la clase dirigente debería preguntarse qué está haciendo mal para que ellos quieran irse.

- Pero también sé que los que se van o pueden irse, no son los que no tienen ni para el ómnibus. El problema es que vos ni yo somos clase dirigente y los que en verdad tenemos que hacer que las cosas cambien, somos nosotros porque las clases dirigentes actuales siguen siendo servidoras de otros intereses, primero de los propios, pero ligados a quienes nos imponen los modelos. Desde hace muchos años, peleamos para que el país avance y tenemos la rémora de un tipo de configuración de quienes gobiernan que llamaremos políticos y administradores del Estado, que tienen otros intereses, que no les importa esto.

- ¿Qué diría Atahualpa Yupanqui, de quien fuiste amiga, prologaste un libro, si viera lo que está pasando en nuestro país, él que ha sido un constructor de nuestra identidad nacional?

- No sé qué diría, pero no estaría de acuerdo con esto de que no se pueda sostener y encontrar al otro, al amigo, al compañero, eso que siempre ha auspiciado. Estaría, como nosotros, buscando proponer cosas nuevas. Mi formación en Psicología Social me ha dado la convicción y la tranquilidad de que nada lo hacemos solos, en la medida que vayamos encontrando las maneras de construir juntos y de avanzar en nuestros pensamientos, y el país no pierda la riqueza principal que son los cerebros que son las personas jóvenes. Entonces en ese sentido, creo que hay que afianzar el valor que tiene el vínculo con los demás, el reconocimiento de que los otros tienen valores para que nosotros podamos avanzar y construir juntos. Lo que en verdad nos hace falta es salir de la dependencia, no queremos más seguir sometidos o mandados ahora por formas virtuales. Entonces eso creo que sí vale la pena postularlo y afianzarlo. Vos y yo no hemos perdido nuestros valores, los grandes obstáculos que hemos vencido nos han fortalecido porque siempre se los ha enfrentado junto con otros y eso es lo más importante.

- ¿Hay pérdida de valores?

- Claro, ha habido mucha y está incentivada porque se muestran como valores cosas que no lo son y se desvaloriza a los que son vigentes y necesarios. Empecemos por tener la mirada puesta en por qué hay personas que están mal. Necesitan un tipo de apoyo, de orientación, para mejorar sus condiciones psicológicas, pero hay muchos otros a los que yo no puedo ayudar o resolver que son los que están en estado de abandono de una sociedad, que necesita gente que trabaje y al mismo tiempo les dice: estos no sirven, no trabajan, no les gusta, ganan más con el plan, es decir toda esa cantidad de formas de desmoralizar, en desmedro del compromiso, de la solidaridad y de la posibilidad de pensar en un mundo mejor, que es posible, si lo peleamos y lo hacemos.

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