ASÍ ESTÁ HOY. Este es el estado actual de la fachada de El Buen Pastor, a 20 años de su cierre definitivo. Dentro de poco, se demolerá la planta alta. LA GACETA / FOTOS DE DIEGO ÁRAOZ
El terreno que hoy ocupa el edificio antes fue un cementerio. Más tarde, y con la construcción hecha, el espacio se convirtió en una casa que albergó a “las personas más necesitadas, más abandonadas, más faltas de amor”. Mujeres y niñas circularon durante más de 100 años por sus habitaciones; rieron y jugaron en sus jardines y se educaron dentro de esta pequeña fortaleza, que en algún momento también ofició de cárcel. Pero con el tiempo, la falta de mantenimiento y los riesgos en la estructura, El Buen Pastor quedó abandonado. Ahora, y por posibilidad de derrumbe, se demolerá; pero para resguardar la historia y el patrimonio, sólo perecerá el primer piso.
El peligro no es nuevo. El Buen Pastor empezó a funcionar en 1889 y permaneció en uso hasta 2002. Un año antes, el desplome del techo (era de madera y de tejas) de una habitación de 100 metros cuadrados desencadenó su cierre casi total. El predio ya venía (desde hacía casi 10 años) con signos de deterioro y en más de una ocasión las hermanas a cargo -de la congregación El Buen Pastor- habían hecho referencia a que la situación era grave, pero no había fondos para una renovación.
Una vez que el hogar cerró, no volvió a abrir jamás. y con el pasar de las décadas el peligro creció. En 2018 -poco después del derrumbe de la fachada del ex cine Parravicini- el Arzobispado de Tucumán, que tiene la propiedad de El Buen Pastor, pidió un estudio sobre el estado estructural del inmueble. ¿La respuesta? Había que actuar rápido, porque en cualquier momento podría colapsar la construcción.
La autorización final
Pasaron cuatro años para que las obras pudiesen comenzar. Lo que sucedió es que cuando el Arzobispado tuvo autorización para la demolición, el edificio fue declarado Patrimonio de Interés Cultural de la Provincia. Y luego de un proceso judicial, se accedió a la destrucción de sólo la planta superior.
“El Buen Pastor tiene un valor importantísimo; pero sólo se va a demoler una parte; no vamos a tocar nada más, a menos que surjan inconvenientes. Lo único que nos interesa es cuidar la vida de las personas que circulan por ahí; es tremendo vivir con la posibilidad de que en cualquier momento haya un accidente”, explicó a LA GACETA el presbítero Pablo Dip, Ecónomo del Arzobispado de Tucumán.
El religioso aseguró que la corte les dio también el OK para pedir nuevas reformas si fuesen necesarias. “Si durante la demolición encontramos partes que puedan constituir un riesgo para la comunidad, tenemos que solicitar autorización al Ente Cultural para ampliar las obras -aseguró-; pero, por el momento, no hay nada más comprometido”. Según adelantó Dip, los primeros trabajos ya están llevándose a cabo, y se estima que las obras durarán al menos 90 días.
La pregunta obvia que surge es: ¿qué se va a hacer en ese lugar? Todavía -dice el presbítero- no se ha avanzado lo suficiente para poder confirmar qué función tendrá El Buen Pastor en el futuro. “Lo importante es eliminar el riesgo, después pensaremos en profundidad sobre la refuncionalización”, responde.
Proteger el patrimonio
Lo que se eliminará con la demolición parcial es el primer piso que no forma parte de la construcción original. “Durante varios meses la Comisión de Patrimonio hizo un análisis histórico y el Instituto de Historia demostró algunos aspectos que hacen al conjunto de origen. Sabemos que inicialmente la construcción fue de un solo piso y más tarde (por necesidad de alojar a más internas) se hizo la segunda planta. Allí es dónde se genera la zona de riesgo; eso es lo que autorizamos a demoler, para poder conservar el claustro”, indicó a LA GACETA Mercedes Aguirre, directora de Patrimonio de la Provincia.
La funcionaria hizo énfasis en la importancia histórica que tiene el edificio. “Es absolutamente emblemático, no sólo por el valor arquitectónico de la época, sino porque además tiene mucha vida histórica y simbólica; es patrimonio inmaterial de los tucumanos. Y es una de las pocas propiedades que todavía tiene ese ámbito de claustro, dónde hay un patio con árboles, algo que debemos festejar y cuidar en el centro”, puntualiza.
Aguirre hizo referencia a la importancia de proteger con gran celeridad los puntos arquitectónicos históricos del centro. “Es una lucha constante y cuerpo a cuerpo en Tucumán. Una vez que la Dirección de Patrimonio toma conocimiento sobre una posible demolición, se convoca a la comisión y luego se habla con los propietarios. Se proponen otras alternativas y beneficios, y si no se logra, terminamos en una cautelar para evitar la demolición inmediata. Después se va discutiendo y se busca el consenso”, explicó. Ahí entra la Justicia, que fue la que dio el visto bueno para la demolición parcial.
“Aquí ya se ha demostrado la importancia histórica, visual y del paisaje urbano que tiene el edificio. Yo no me imagino esa esquina sin El Buen Pastor, como tampoco imagino plaza Independencia sin la Iglesia San Francisco -resumió-; es fundamental lograr conservar el patrimonio y, luego, refuncionalizarlo según las necesidades actuales, pero sin perder la construcción, que es de la memoria colectiva en la provincia”.








