23 Noviembre 2004 Seguir en 
Como lo hemos informado, vecinos del sur de la provincia, a través de su Coordinadora de Cámaras Empresarias, reunieron 40.000 firmas en un petitorio que elevarán a las autoridades nacionales y provinciales. Solicitan que la nueva traza de la ruta 38 no llegue solamente hasta Monteros, sino que se extienda por 80 kilómetros más, hasta la ciudad de Juan Bautista Alberdi.
En un editorial anterior sobre este tema (ver "La nueva traza de la ruta 38", en LA GACETA del 17/10/04) nos referimos a la situación. Es oportuno volver sobre ella. Tras la larga espera que demandó el comienzo efectivo de la obra, ocurre que su plan dista de satisfacer las expectativas de la población. Como se sabe, en lugar de una autopista, como hubiera sido lo adecuado, se construirá una carretera paralela de doble mano, y solamente hasta Monteros, con una extensión de 22 kilómetros.
Esto no resuelve, en absoluto, el problema de una ruta colapsada por el enorme movimiento de automotores, y cuya peligrosidad es demostrada a cada rato por sangrientos accidentes.
Piénsese que a la vera de la 38 existen ciudades muy pobladas, además de estar allí localizadas grandes industrias.
De ese modo, cada día hay más vehículos que van y vienen desde el sur de la provincia, además de los que por esa vía se conectan, de ida y de vuelta, con las provincias vecinas. El transporte de pasajeros, la zafra azucarera, la cosecha de citrus, el transporte de mercaderías pesadas, etcétera, significan la incorporación masiva, durante toda la jornada, de automotores de gran tamaño a la carretera que nos ocupa.
Y el peligro que ellos crean se potencia, si cabe, con la igualmente masiva circulación de rastras cañeras y remises truchos.
Todo esto torna plenamente justificada la inquietud de los 40.000 firmantes de la presentación de referencia. No los convencen las declaraciones del secretario de Obras Públicas de la Nación, quien anunció, en fecha reciente, que la prolongación hasta Alberdi está en los planes del Gobierno, y que tal obra se ejecutaría luego a través de un fideicomiso.
Razona también el vecindario sureño que, si para la conclusión de este tramo de 22 kilómetros hasta Monteros deberán aguardar dos años, de acuerdo con el término oficial, habría que calcular en una década el tiempo que se demorará para que, ejecutada esa sección, se planifique y se lleve a cabo la extensión hasta Alberdi. Evidentemente, se trata de prolongar, durante demasiado tiempo, las insuficiencias de una vía inadecuada para los requerimientos del tránsito tucumano desde y hacia esa tan significativa área poblacional y productora.
Nos parece que el Estado nacional debería tomar en cuenta el petitorio que se le está formulando, con la elocuencia de tantos miles de firmas al pie. Nuestra provincia, a pesar de la importancia que tiene dentro de esta región del país, hace mucho tiempo que carece de los beneficios de obras públicas de verdadera trascendencia, que realmente mejoren las condiciones de vida de sus habitantes. Contrasta la actitud del gobierno federal con las grandes inversiones que se destinan, en otras latitudes del mapa argentino, para este tipo de trabajos.
Puesto que estamos hablando de una carretera troncal dentro de nuestro sistema de comunicaciones, sus inconvenientes deben ser objeto de una solución integral, y no de medidas parciales que, repetimos, distan de satisfacer las justas expectativas de la ciudadanía. Es de esperar que así se lo entienda, y que nuestras autoridades y los representantes tucumanos en el Congreso nacional se movilicen en la apuntada dirección.
En un editorial anterior sobre este tema (ver "La nueva traza de la ruta 38", en LA GACETA del 17/10/04) nos referimos a la situación. Es oportuno volver sobre ella. Tras la larga espera que demandó el comienzo efectivo de la obra, ocurre que su plan dista de satisfacer las expectativas de la población. Como se sabe, en lugar de una autopista, como hubiera sido lo adecuado, se construirá una carretera paralela de doble mano, y solamente hasta Monteros, con una extensión de 22 kilómetros.
Esto no resuelve, en absoluto, el problema de una ruta colapsada por el enorme movimiento de automotores, y cuya peligrosidad es demostrada a cada rato por sangrientos accidentes.
Piénsese que a la vera de la 38 existen ciudades muy pobladas, además de estar allí localizadas grandes industrias.
De ese modo, cada día hay más vehículos que van y vienen desde el sur de la provincia, además de los que por esa vía se conectan, de ida y de vuelta, con las provincias vecinas. El transporte de pasajeros, la zafra azucarera, la cosecha de citrus, el transporte de mercaderías pesadas, etcétera, significan la incorporación masiva, durante toda la jornada, de automotores de gran tamaño a la carretera que nos ocupa.
Y el peligro que ellos crean se potencia, si cabe, con la igualmente masiva circulación de rastras cañeras y remises truchos.
Todo esto torna plenamente justificada la inquietud de los 40.000 firmantes de la presentación de referencia. No los convencen las declaraciones del secretario de Obras Públicas de la Nación, quien anunció, en fecha reciente, que la prolongación hasta Alberdi está en los planes del Gobierno, y que tal obra se ejecutaría luego a través de un fideicomiso.
Razona también el vecindario sureño que, si para la conclusión de este tramo de 22 kilómetros hasta Monteros deberán aguardar dos años, de acuerdo con el término oficial, habría que calcular en una década el tiempo que se demorará para que, ejecutada esa sección, se planifique y se lleve a cabo la extensión hasta Alberdi. Evidentemente, se trata de prolongar, durante demasiado tiempo, las insuficiencias de una vía inadecuada para los requerimientos del tránsito tucumano desde y hacia esa tan significativa área poblacional y productora.
Nos parece que el Estado nacional debería tomar en cuenta el petitorio que se le está formulando, con la elocuencia de tantos miles de firmas al pie. Nuestra provincia, a pesar de la importancia que tiene dentro de esta región del país, hace mucho tiempo que carece de los beneficios de obras públicas de verdadera trascendencia, que realmente mejoren las condiciones de vida de sus habitantes. Contrasta la actitud del gobierno federal con las grandes inversiones que se destinan, en otras latitudes del mapa argentino, para este tipo de trabajos.
Puesto que estamos hablando de una carretera troncal dentro de nuestro sistema de comunicaciones, sus inconvenientes deben ser objeto de una solución integral, y no de medidas parciales que, repetimos, distan de satisfacer las justas expectativas de la ciudadanía. Es de esperar que así se lo entienda, y que nuestras autoridades y los representantes tucumanos en el Congreso nacional se movilicen en la apuntada dirección.







