Lo básico es dar empleo y crecer

Algunos sectores se benefiaron con la devaluación, pero el resto espera una salida para la crisis. (Por Luis Alberto Peña, jefe de Redacción).

23 Junio 2002
El movimiento agrícola, industrial y comercial es infernal en el este tucumano. Durante algunos meses, Cruz Alta es un envidiable y pujante símbolo de lo que debería ser Tucumán.
Se mezclan en una reducida región actividades como la cosecha en los cañaverales, la producción de azúcar, la fabricación de camiones, la zafra citrícola, la recolección de soja, el movimiento aerocomercial y el envío de minerales a los puertos.
Hay trabajo, comercio y consumo. Se ve el movimiento de mercaderías e impresionan los transportes que van y vienen. Se vende, se compra. En medio del tierral, se huele a dinero. En esa zona tienen suerte: la plata es clave para crecer y crear riquezas y empleos.
Aunque los productores se quejan por los bajos precios que cobran, los exportadores están ganando mucho dinero. Ellos embolsan a valor dólar. Para los sectores más dinámicos, que se beneficiaron con la devaluación y las nuevas condiciones de competitividad, el panorama es esperanzador.
El resto de la sociedad tiene una visión inquietante sobre el futuro. Espera que se defina una salida política y económica para la crisis, que puede demorarse por las inminentes internas políticas y la campaña electoral que puede llevar al PJ de nuevo al poder o derivar en un gobirno débil. Estos procesos desalientan las inversiones, que quieren señales más claras de la política.
La gente esperaba otra cosa en esta apertura del milenio. Se encontró con un mundo al revés: el gobierno no gobierna, los bancos no devuelven el dinero y tampoco prestan, casi nadie ayuda a los pobres y las empresas enfrentan reglas que cambian y traban los negocios. Además, el Estado se derrumbó, los políticos demostraron sólo ineptitud, no existe una moneda confiable, sino varias que pierden valor con rapidez, y no hay ahorro, que es fundamental para poder crecer.
Las empresas sienten que están cruzando el desierto. No saben hasta cuándo se prolongará la recesión, que las está llevando al cementerio.
Son muy cuidadosas con las variables que manejan. Tienen que cuidar el cash, porque con el dinero de caja atienden el pago de sueldos y costean insumos y otros gastos. Deben navegar en un escenario en el que la cadena de pagos está destrozada y la falta de crédito hace estragos.
Desde el Estado, el mirandismo circula en la crisis envuelto en sus propia tribulaciones: falta de recursos, superabundancia de bonos, serios problemas sociales y una interna feroz aún no resuelta. Para mantener las cosas como están, no se tiende para qué el equipo que gobierna pretende quedarse cuatro años más.
Agobiado, sólo administra la crisis. No se ven salidas ni un plan alternativo que pueda aliviar los sufrimientos de los tucumanos.
La provincia mantendrá una situación anárquica, imprevisible, pobre y decadente si no soluciona sus problemas de crecimiento y de desempleo. Nadie se salvará con 100.000 desocupados y si se mantienen el caos y la falta de seguridad jurídica.
Asalariados y jubilados son los más golpeados por los gruesos errores de Duhalde. En cinco meses perdieron un sueldo mensual completo, a causa de la devaluación y la inflación.
Ningún decreto puede compensar ese desfase, salvo que l o acompañen medidas que estabilicen el dólar, paren los aumentos de precios y bajen los costos a la sociedad, que todavía no sufrió ajustes en las congeladas tarifas de servicios privatizados.
En tres meses, el nivel económico de Tucumán y el bienestar de su población cayeron 18%, debido al empobrecimiento bruscamente provocado por la destrucción de la economía. Si la dirigencia no reacciona, será más alto el costo de violar las reglas y de la irresponsabilidad.(Por Luis Alberto Peña, Jefe de Redacción LA GACETA)

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