Un espaldarazo

La citricultura local recibió un fuerte apoyo nacional.

22 Noviembre 2004
Por Fernando García Soto

Rechazó de plano el palco que le habían armado en la citrícola Citromax y pidió que las sillas, perfectamente alineadas frente al escenario, fueran acomodadas de manera tal de formar una ronda lo más apretada posible. Daniel Scioli, el vicepresidente de la Nación, no quiso formalismos cuando se reunió con los citricultores y prefirió que la charla sea amena, de amigos, lo más distendida posible. Sentados todos como alrededor de un fogón, el segundo en el mando del país, junto al gobernador José Alperovich, a todos los senadores nacionales y a la mayoría de los diputados por Tucumán, escuchó los planteos del sector citrícola tucumano y prometió gestionar soluciones. Los citricultores decidieron no abrumar a Scioli con reclamos y se limitaron a demandar unos pocos puntos, pero que requieren el accionar conjunto de organismos tales como la Secretaría de Agricultura -junto al Senasa-, de la Cancillería y hasta de la propia Presidencia de la Nación, si fuera necesario. El gran problema de la actividad que produce el mayor volumen de limones en el mundo, al menos en esta etapa de su historia, es la necesidad de ganar nuevos mercados. En el sector inquietan los altos impuestos que se pagan en la provincia y la falta de seguridad jurídica y física, por ejemplo, así como cuestiones que tienen que ver con la necesidad de mejores caminos para trasladar la mercadería. Pero más que nada la preocupación está centrada en conseguir nuevos compradores de la fruta en fresco. Es por eso que Scioli escuchó que es importante que el Gobierno nacional impulse acciones contundentes para que Estados Unidos rehabilite el ingreso del limón a ese mercado, que se cerró hace un par de año por una chicana judicial luego de dos temporadas exitosas en que los cítricos se vendieron en el gran país del norte. También hubo tiempo para solicitar que se combatan las barreras paraarancelarias -en algunos países disfrazadas de exigencias fitosanitarias- que imponen ciertos mercados compradores de la fruta.
Los empresarios se ocuparon de reforzar los pedidos con argumentos basados en los números. Según ellos, sólo con la cosecha de limones se benefician 20.000 obreros y sus familias; la gente que trabaja en las citrícolas y en los empaques, y todo aquel que se beneficia con el efecto multiplicador que genera la actividad. La producción de limón, de 1,1 millón de toneladas, se obtiene de árboles implantados en 32.000 hectáreas en la provincia. Del total producido, un 95% se exporta como fruta fresca o derivados industriales, comercio que deja un resultado para el sector de U$S 300 millones.
El vicepresidente escuchó atentamente a los citricultores y se comprometió a trasladar los reclamos hasta las esferas oficiales que se requieran para dar solución a los problemas. Antes, abundó en elogios hacia la actividad, y calificó a la citricultura tucumana como "un sector emblemático en incorporación de tecnología y de creación de puestos de trabajo". Asumió que el Gobierno nacional debe proteger, estimular y acompañarlo con todos los instrumentos que necesita; desde el crédito hasta la apertura de mercados.
Seguramente algunos empresarios se sonrojaron de satisfacción cuando Scioli reconoció que la citricultura no es un sector más, sino que es estratégico no sólo para la economía de Tucumán, sino para la economía argentina. Toda una definición de apoyo de una autoridad de la más alta envergadura nacional, en un momento indicado, puesto que hay tiempo para realizar gestiones antes de la próxima campaña exportadora de la fruta.
El espaldarazo del vicepresidente, del gobernador y de los legisladores nacionales abre fuertes expectativas en la citricultura, pero también obliga a los empresarios a trabajar con mucha seriedad para no dar argumentos a los detractores externos de la actividad.

Tamaño texto
Comentarios