22 Noviembre 2004 Seguir en 
Hace pocos días, informamos acerca del robo perpetrado en el museo de la capilla de La Banda, en Tafí del Valle. Alguien sustrajo un valioso misal romano, impreso en Venecia en el siglo XVIII, que se encontraba expuesto en una de las vitrinas del edificio. Por cierto que hasta el momento -y como ocurre generalmente en los robos de objetos museológicos- no se sabe de ninguna pista sobre el ladrón, ni sobre el libro, y lo más probable es que a este deba dárselo por definitivamente perdido.
No es raro que en el museo de referencia haya ocurrido una pérdida como la que señalamos, y que sin duda representa un fuerte daño para su patrimonio. El museo, ubicado en un paraje más bien solitario y nada iluminado, carece de los recaudos de seguridad que resultarían elementales en un centro de esa naturaleza.
La casona de La Banda es un monumento histórico nacional, y su museo está a cargo de la Municipalidad de Tafí del Valle. Como decimos arriba, su seguridad es más que precaria. La Comisión de Amigos -a la cual se le deben los pequeños adelantos que el museo tiene- hace lo que puede. Costeó las cerraduras, pero no tiene posibilidades de afrontar los sistemas de alarma que debieran existir en establecimientos de esta índole. No existe un cuidador permanente del museo; de manera que en realidad entrar al mismo y alzarse con objetos no es algo demasiado difícil, si bien se mira.
Hay otra situación que subraya el estado de abandono de La Banda. Ya va para dos años que se vino abajo el techo del sector más antiguo del inmueble. Tenemos entendido que, con la inveterada lentitud que caracteriza a la acción oficial, la Comisión Nacional de Monumentos Históricos realizó la licitación pública para rehacer la cubierta. Inclusive, en un momento dado se iniciaron los trabajos respectivos. Pero al poco tiempo las obras se detuvieron, y en la actualidad el techo sigue sin colocarse.
La capilla de La Banda constituye una expresión más que saliente dentro del patrimonio histórico y arquitectónico de Tucumán. Como se sabe, fue erigida por los jesuitas al promediar el siglo XVIII, como parte del edificio desde el cual administraban sus vastas posesiones en el valle. Expulsada esa comunidad religiosa, el inmueble y sus tierras circundantes fueron adquiridas en remate público por don Julián Ruiz de Huidobro, y transferidas por su hijo a don José Manuel Silva, cuyos descendientes habitaron la "sala" de la estancia y cuidaron celosamente su capilla hasta 1973, año en el cual el vetusto local pasó a poder del Estado. Está de más decir que, aparte de su significativo valor como testimonio de un pasado remoto, la "sala" de La Banda, con su museo y su capilla, constituye un mayúsculo atractivo turístico para quienes visitan Tafí del Valle.
Obviamente, todos estos antecedentes hacían lógico que La Banda fuera un lugar celosamente valorizado por las autoridades, en los más diversos sentidos. Como vemos, no ha ocurrido así. El mantenimiento del museo y del edificio en buenas condiciones, y la vigilancia adecuada sobre su patrimonio brillaron siempre por su ausencia. Si no fuera por la tarea de la Comisión de Amigos, es probable que el abandono fuera el triste destino de este monumento.
Nos parece, entonces, que el robo perpetrado últimamente debe servir como un fuerte llamado de atención, que los responsables de nuestro patrimonio cultural deben escuchar atentamente. No puede continuar el desamparo de un testimonio histórico y arquitectónico de esa importancia. Deben tomarse las medidas inmediatas -y concretas- para que todo el inmueble de La Banda sea valorizado como lo merece.
No es raro que en el museo de referencia haya ocurrido una pérdida como la que señalamos, y que sin duda representa un fuerte daño para su patrimonio. El museo, ubicado en un paraje más bien solitario y nada iluminado, carece de los recaudos de seguridad que resultarían elementales en un centro de esa naturaleza.
La casona de La Banda es un monumento histórico nacional, y su museo está a cargo de la Municipalidad de Tafí del Valle. Como decimos arriba, su seguridad es más que precaria. La Comisión de Amigos -a la cual se le deben los pequeños adelantos que el museo tiene- hace lo que puede. Costeó las cerraduras, pero no tiene posibilidades de afrontar los sistemas de alarma que debieran existir en establecimientos de esta índole. No existe un cuidador permanente del museo; de manera que en realidad entrar al mismo y alzarse con objetos no es algo demasiado difícil, si bien se mira.
Hay otra situación que subraya el estado de abandono de La Banda. Ya va para dos años que se vino abajo el techo del sector más antiguo del inmueble. Tenemos entendido que, con la inveterada lentitud que caracteriza a la acción oficial, la Comisión Nacional de Monumentos Históricos realizó la licitación pública para rehacer la cubierta. Inclusive, en un momento dado se iniciaron los trabajos respectivos. Pero al poco tiempo las obras se detuvieron, y en la actualidad el techo sigue sin colocarse.
La capilla de La Banda constituye una expresión más que saliente dentro del patrimonio histórico y arquitectónico de Tucumán. Como se sabe, fue erigida por los jesuitas al promediar el siglo XVIII, como parte del edificio desde el cual administraban sus vastas posesiones en el valle. Expulsada esa comunidad religiosa, el inmueble y sus tierras circundantes fueron adquiridas en remate público por don Julián Ruiz de Huidobro, y transferidas por su hijo a don José Manuel Silva, cuyos descendientes habitaron la "sala" de la estancia y cuidaron celosamente su capilla hasta 1973, año en el cual el vetusto local pasó a poder del Estado. Está de más decir que, aparte de su significativo valor como testimonio de un pasado remoto, la "sala" de La Banda, con su museo y su capilla, constituye un mayúsculo atractivo turístico para quienes visitan Tafí del Valle.
Obviamente, todos estos antecedentes hacían lógico que La Banda fuera un lugar celosamente valorizado por las autoridades, en los más diversos sentidos. Como vemos, no ha ocurrido así. El mantenimiento del museo y del edificio en buenas condiciones, y la vigilancia adecuada sobre su patrimonio brillaron siempre por su ausencia. Si no fuera por la tarea de la Comisión de Amigos, es probable que el abandono fuera el triste destino de este monumento.
Nos parece, entonces, que el robo perpetrado últimamente debe servir como un fuerte llamado de atención, que los responsables de nuestro patrimonio cultural deben escuchar atentamente. No puede continuar el desamparo de un testimonio histórico y arquitectónico de esa importancia. Deben tomarse las medidas inmediatas -y concretas- para que todo el inmueble de La Banda sea valorizado como lo merece.







