Un duro panorama
En el amplio sector de clase media es casi imposible mantener las expectativas de consumo en tiempos tan difíciles como los que se vive en estos días. En este sector, otrora tan pujante, educado, en ascenso y referente cultural en la provincia y el país, los hábitos de vida están cambiando.
Sostener hoy el nivel de vida que caracterizó a los profesionales, empresarios pequeños y medianos, o trabajadores en relación de dependencia medianamente bien remunerados, exige un nivel de ingresos promedio que ronda los $2.000 por grupo familiar, según se desprende de un relevamiento realizado por la psicóloga Roxana Laks y el contador Julio Chit, miembros de "Sociología y Mercado - Grupo Consultor".
"La caída de la clase media comenzó mucho tiempo antes de la crisis desatada en diciembre pasado. Su participación en el ingreso nacional fue disminuyendo progresivamente desde 1974 a la fecha.
Se fue consolidando un proceso de polarización social y económica", señalan los profesionales. Sostienen que si en 1974 el ingreso promedio del 10% más rico de la población era 9 veces el del 10% del sector más pobre; en 1980 era 15 veces mayor, y hoy, aproximadamente es 27 veces. La pobreza hoy tiene diferentes dimensiones; va desde el excluido del sistema social, con las necesidades básicas insatisfechas, a la clase media empobrecida, cuyos ingresos no llegan a cubrir los gastos que demandan sus expectativas de consumo.
Sin embargo, no podríamos decir que la clase media se perdió en función de la disminución de los ingresos. Definir la clase media sólo en función de sus ingresos es una idea parcializada. De esta manera se estaría omitiendo la consideración del capital simbólico que este sector conlleva. Según Christopher Lasch , en su libro "La Rebelión de las élites" el declive de las naciones está relacionado con el declive mundial de la clase media, pues ésta es la que aportaba la continuidad histórica, y que a pesar de todas sus mezquindades proporcionaba una base común y pautas comunes.
De una familia a otra cambia el presupuesto
"Que una familia tipo de clase media necesite $1.950 por mes para vivir no quiere decir que todos los casos deban ser iguales", aclararon Julio Chit y RoxanaLaks, respecto del estudio que realizaron para determinar el nivel de ingresos que demanda este sector en Tucumán.
De una familia a otra puede variar el gasto en alimentación, en servicios, en esparcimiento, etcétera. "En general, hemos tomado como datos los gastos mínimos posibles en cada ítem. Por ejemplo, la cuota del colegio de los chicos no es muy elevada, y demuestra que no se trata de un establecimiento de los más caros ni mucho menos", señalan los profesionales.
En otro rubro, como el transporte, se deja por sentado que los niños concurren al colegio en ómnibus, cuando hay familias que los envían en transporte escolar, lo cual acrecienta el gasto en este ítem. En este caso, se contempla que la familia en cuestión se moviliza en colectivo durante los días hábiles, y que utiliza el automóvil sólo los fines de semana.
En cualquier caso, no se toman en cuenta la aparición de imprevistos (salvo en el rubro Gastos Generales), que cambiarían totalmente el presupuesto. Por ejemplo, la compra de un repuesto importante del vehículo obligaría a reducir el gasto en otro rubro, como podría ser Esparcimiento. Tampoco se contempla la aparición de alguna enfermedad grave o medianamente grave en uno o más miembros de la familia, que aumentaría el gasto en el rubro Salud. Sin embargo, el rubro denominado Otros, con un presupuesto de $92, deja un margen para algún gasto no presupuestado, dentro de ciertos márgenes.
"Cada familia puede trasladar su situación al cuadro que presentamos, quitándole algún gasto o agregándole otro, según sea el caso. El presupuesto mensual que ofrecemos se basa en un relevamiento realizado en los gastos de varias familias, que nos permitió plantear un esquema unificado", recalcaron Laks y Chit.
La inflación golpea más a los pobres
En los hogares más pobres, el índice inflacionario que -según las estadísticas oficiales acumula un 25,9% desde la devaluación- tiene un doble impacto respecto de aquellos que perciben ingresos medios. Mercedes Marcó del Pont, economista de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo Económico (FIDE), coincidió en que la pérdida del poder adquisitivo fue mayor en los estratos bajos que en los medios. Y agregó: "Esto se dio no sólo por la inflación sino también por la creciente desocupación: una combinación explosiva", comentó. Esto significa que, mientras la incidencia del alza de los precios fue, hasta ahora del 20,5% entre los consumidores de la clase media, el segmento de menores ingresos, sintió el impacto en un 42,6%.Estas primeras estimaciones corresponden a la consultora Equis, en base a los datos del INDEC que se conocieron el miércoles. Entre ellos figura, además, un alza del 5,4% en la canasta básica alimentaria (CBA), es decir aquella que contempla las calorías imprescindibles para garantizar la subsistencia de las personas. Una de las razones que explica por qué los hogares más pobres fueron los más castigados en el período posdevaluación es que éstos destinan el 45% del gasto a la compra de alimentos y bebidas: los artículos que sufrieron mayores aumentos. Por ejemplo, el aceite, que desde enero, aumentó 172,3%; el harina, 155,4% o las lentejas, que treparon un 170,4%. De tal manera que, mientras en diciembre del año pasado, se necesitaban 61 pesos para comprar este conjunto de alimentos básicos, hoy hacen falta 86 pesos. Según explicó Artemio López, titular de la consultora, en los hogares con ingresos medios (alrededor de 600 pesos) el impacto inflacionario fue del 25,9%; en aquellos pobres (que viven aproximadamente con 450 pesos) fue del 30,5% y entre los indigentes, que perciben cerca de 150 pesos fue del 42,6%. Sin embargo, si se tienen en cuenta las necesidades de la gente para una "subsistencia digna", esto es, no sólo lo indispensable sino también otro tipo de necesidades, como, por ejemplo, una utilización mínima de ciertos servicios, el gasto de la canasta crece.
El economista Claudio Lozano sostiene que si la tendencia de los precios se mantiene en los términos actuales, "la pérdida de los asalariados y de la población con ingresos fijos va a ascender -en el curso del año- a un 46,1%. En tanto, para la población indigente se acercará al 65%".
Tratan de que no baje el nivel de educación
Estos últimos años de profunda recesión obligaron a todos los sectores sociales a modificar los hábitos de consumo.
En un relevamiento realizado por "Sociología y Mercado" en San Miguel de Tucumán a los sectores medios, en mayo pasado, un 51% de los encuestados respondió que, obligados por el aumento de precios y la incertidumbre, había disminuido ya sus gastos en todos los rubros.
Sin embargo, las personas consultadas contestaron que no se restringirían en alimentación, salud y educación. Objetivos que, para lograrlos, implican la opción de vías alternativas.La clase media se resiste en mayor medida a perder la posibilidad de seguir manteniendo el nivel educacional que la diferenció tradicionalmente, dicen Roxana Laks y Julio Chit, de la consultora "Sociología y Mercado".
"No obstante -agregan-, hoy se puede observar el desplazamiento de alumnos de colegios privados costosos, hacia otros de menor cuota o bien, hacia la escuela pública".
En cuanto a la alimentación, si bien se advierte que los hábitos alimenticios en la mayoría de los casos se mantienen, las segundas marcas o las ofertas constituyen la alternativa adecuada para lograr tal objetivo.
Mientras tanto el sector medio, ha debido resignarse en ciertos consumos que la distinguían, tales como actividades recreativas, culturales, deportivas, sociales, y de turismo.







