El mundo político se alteró de golpe. No bien llegó el binomio gobernante desde Roma, la adrenalina se apoderó de los actores de la contienda. En pocos días, el Gobierno y buena parte de la oposición empezaron a definir sus planes para las elecciones de 2005. Estas, en realidad, se convierten en la antesala del proceso que desembocará en la renovación de los actuales gobernantes. La reserva se desdibuja y se ventilan los contactos tejidos entre bambalinas.
José Alperovich no se quedó quieto y apuró el avance de su proyecto en el aparato peronista. En el Día de la Militancia -en el que se evoca el primer regreso de Juan Perón a la Argentina-, el congreso del PJ abrió las compuertas para que la esposa del gobernador pueda ser candidata a diputada nacional. A Beatriz Rojkes de Alperovich no se le exigirán los dos años de afiliación previstos en la carta orgánica. La regla de la excepción ya se estableció antes para favorecer a quien pudiera sacarle las castañas del fuego al peronismo. Ramón Ortega y el ex ministro de Economía de Julio Miranda usufructuaron de ese privilegio en distintas etapas.
Desde Roma, Alperovich llegó con la intención de noquear a sus opositores internos en el PJ de una sola vez. Y no hay dudas de que en la batalla del congreso lo logró. Sobre 100 delegados, 91 no dudaron en satisfacer los deseos de la Casa de Gobierno. La votación mostró mezclados a mirandistas y a juristas con seguidores del alperovichismo. Los discursos de unidad no aventaron, sin embargo, el fantasma de la fractura. De esta se habla mucho, pero aún nadie, desde el campo mirandista, caminó un paso en esa dirección.
La victoria alperovichista tiene un padre y más de una explicación. En defensa de Miranda y del vicegobernador Fernando Juri se dice que constataron que se hallaban en minoría. Ante esa circunstancia, liberaron a los suyos de compromisos. El comisionado comunal de Arcadia, José Conte, saltó del bando mirandista al oficialismo con una decena de congresales. Las deserciones abrieron un debate interno en las filas del ex gobernador, y Miranda no quiso dar combate en la asamblea. Esta posición no era compartida por el ex ministro Antonio Guerrero, quien esgrimía la conveniencia de identificar a los leales en una lucha abierta. De Juri, algunos opinan que obró en ejecución de acuerdos consolidados en Roma, pero otros creen que se mimetizó en la unanimidad para disimular su debilidad. El disgusto de Miranda con su sucesor no desapareció; por el contrario, se potenció tras cáusticas referencias a la mortalidad infantil que signó el final de la gestión pasada. Aseguran que el senador le recordó a Alperovich que había sido su ministro de mayor confianza.
El revés del antialperovichismo en el congreso peronista apresuró algunos acercamientos. La diputada Stella Maris Córdoba deploró el resultado y sinceró lo que ya se sabía. El ingreso de la esposa del gobernador le demarca el terreno. Las dos damas pelearán por la banca, aunque se desconoce si Córdoba se mantendrá en el PJ si Beatriz Rojkes sale electa por la boleta oficial. La situación de conflicto hizo que dos rivales declarados del gobernador -Guerrero y Enrique Romero- se solidarizaran con la referente histórica del kirchnerismo. De todos modos, el escenario interno del PJ no terminó de precisarse. Es posible que se construyan nuevas alianzas, pero el peronismo tiende históricamente a encolumnarse tras el gobernador por su dependencia estructural de la maquinaria estatal. Alperovich trazó el perímetro dentro del cual se moverá el PJ, a partir del control del congreso provincial.
Las exploraciones
El diputado José Ricardo Falú se zambulló estruendosamente en la política doméstica con un reclamo de reforma constitucional y de elección de convencionales constituyentes para abril o mayo de 2005. La sorpresiva movida del ex ministro de Gobierno de Ortega y de Miranda obedece al hecho de que no quiere que haya simultaneidad entre esos comicios y los de diputados nacionales, en octubre próximo. Un mar de especulaciones se despliega a partir de esas palabras. La separación de turnos le permitiría desplazarse con mayor agilidad política.
Se conjetura que Falú no aceptaría ser segundo en una lista de diputados encabezada por la primera dama en octubre de 2005 y que una eventual derrota del proyecto reeleccionista del gobernador lo colocaría en un punto inmejorable para disputar la primera magistratura provincial en 2007. El movimiento de Falú introduce una nueva pieza en un tablero que parecía más cerrado.
Hay otro ingrediente, que agregó más protagonistas a la arena. En una misma mesa coincidieron representantes de Fuerza Republicana, Recrear, Cambio 2000, Ciudadanos Independientes y Acción por la República para reclamar en contra de la restitución de la Ley de Lemas. Algunos tironean para que se concrete ya un acuerdo electoral, lo cual no es compartido por otros. La célebre máxima del ex técnico racinguista Reynaldo Merlo ronda por las cabezas más prudentes: "vamos paso a paso". Primero, la lucha contra los lemas, y después los otros asuntos. El buen diálogo de Ricardo Bussi con Esteban Jerez allana parte del camino a recorrer. La convicción de que debe erigirse un polo opositor de centroderecha con solidez política parece ser un dato compartido; pero nada está sellado, ni mucho menos.
La reforma constitucional está a punto de destrabarse en la Legislatura -se calcula que en los últimos días de este mes- con un nuevo proyecto. Los jueces de la Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo aguardan ese hecho para pronunciarse sobre el reclamo de inconstitucionalidad de la ley que autoriza el cambio total de la Carta Magna. Con la derogación de esta, declararían abstracto el planteo del ex legislador peronista disidente Julio Díaz Lozano.
La propuesta de reforma que diseña el oficialismo incluiría la estabilidad del Poder Judicial. La mayoría peronista de la Cámara no descarta incorporar a la nueva ley electoral un artículo transitorio que habilite la aplicación de la Ley de Lemas derogada para la elección de convencionales constituyentes. Una posibilidad de ese tipo enardece a los radicales, que amenazan con la abstención. La pulseada por las maquinitas promete tensión extra.







