El valor perdido

Se debe recorrer el largo camino de la amistad.

21 Noviembre 2004
Por Juan Manuel Montero

Matías está por cumplir tres años y ya va descubriendo el lugar al que llegó. Conoce y expresa su amor por sus padres, por sus abuelos, por sus tíos y hasta por su perro. Pero, de a poco, va conociendo un nuevo tipo de relación. "Matías, hoy vamos a ir a ver a Felipe", le dice su mamá, y a él se le iluminan los ojos. "Yo quiero jugar con Felipe", responde ilusionado. Matías está descubriendo la amistad.
"Cuando un amigo se va, nadie nos devolverá todo el corazón que le brindamos, tanta compartida soledad. Un amigo nuevo no es lo mismo, Pepe, nos quiere por la mitad". (Zamba para Pepe, María Elena Walsh)
Hace pocos meses, se sumó a la pandilla Juan Francisco, "el hijo de la Mocha", según Matías, a quien también se desespera por ver "para darle un besito en la cabeza". La amistad tal vez sea uno de esos valores que, de a poco, han sido dejados de lado. Valores como la honradez, la valentía, la palabra empeñada. El problema de la delincuencia juvenil se ha abordado desde muchos aspectos. Uno de ellos es justamente el de la falta de valores. En muchos casos, se confunde amistad con complicidad, pero hay que tener en cuenta que para la Justicia un cómplice es aquel que, en compañía de otro, ha cometido un delito. Aquel a quien podamos confiarle nuestros secretos, y no esperar nada a cambio, es un amigo, no un cómplice.
La amistad tampoco pasa por el simple gesto de un apretón de manos. El famoso saludo entre el recientemente fallecido Yasser Arafat y el premier israelí Yitzhak Rabin en la Casa Blanca no concluyó en la amistad que todos esperaban. A más de 11 años de ese hito histórico, la paz entre palestinos e israelíes está más lejos que nunca.
Hoy los amigos de Matías son heredados. Son hijos de los amigos de sus padres. Pero las relaciones que forje, pueden ser fundamentales para el resto de su vida. Primero será en el barrio. Dentro de poco comenzará el jardín, la vida escolar, que le dará nuevos amigos. Luego será el club y, más tarde, el secundario, la universidad y el trabajo. La vida, en fin, le marcará compañías.
"Cuando un amigo se va, se detienen los caminos y se empieza a revelar el duende manso del vino." (Cuando un amigo se va, Alberto Cortez)Lo cierto es que muchos pasarán por meros compañeros o conocidos. Seguramente que la lista de amigos no será muy amplia, como les pasa a todos. Sus amigos compartirán alegrías y desazones, risas y lágrimas. Estarán allí para abrazar, acompañar y proteger. Serán testigos de noches ruidosas y de silencios inquebrantables.
Hay quienes afirman que la amistad es como una planta a la que hay que regar todos los días para que crezca (algo similar, dicen, pasa con el amor). También están aquellos que apuestan a una amistad basada en el respeto por los tiempos, sin necesidad de estar "todo el tiempo encima"."Nos une una amistad; no me avergüenza ser tu amigo; suelen cambiar tantas cosas; no ha cambiado mi cariño" (Después del Resplandor, Facundo Saravia)
Aristóteles define la amistad así: "¿Qué es un amigo? son dos cuerpos con una sola alma". Según el filósofo griego existen tres tipos de amistad: de utilidad, de placer y de virtud, y define a esta última como la verdadera. Las otras dos están movidas por los intereses. Matías tiene la oportunidad de saber elegir a sus amistades. A la familia uno ya la recibe; los colegas del trabajo están impuestos, pero, por los amigos, se opta.
Imagínense una sociedad en la que no haya amigos. Sin dudas, el centro de la vida estaría en los Tribunales, ya que todo sería litigio. Nadie se sentaría al lado de otro, para charlar, conocerse y marchar hacia un camino común. Sería muy triste.
"Mi santa madre me lo decía: ?cuidate mucho, Juanito, de las malas compañías. Mís amigos son gente cumplidora, que acuden cuando saben que yo espero. Si les roza la muerte disimulan, que pa? ellos la amistad es lo primero?" (Las malas compañías, Joan Manuel Serrat). Ojalá que siempre y que, para todos, sea de ese modo.

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