Hojeando el Diario: un gigante bonachón y amigable llegó a Tucumán

Manuel Camacho tenía 2,22 metros de altura en 1936. Siguió creciendo hasta su muerte.

INMENSO. El gigante boliviano alcanzaba la altura de nuestras linotipos y un hombre parecía pequeño a su lado. INMENSO. El gigante boliviano alcanzaba la altura de nuestras linotipos y un hombre parecía pequeño a su lado.
Manuel Riva
Por Manuel Riva 25 Julio 2022

La figura era imposible de que pasara desapercibida, por donde pasaba llamaba la atención y no era para menos, si tenemos en cuenta que era un gigante. Si como se lee era un gigante de más de dos metros veinte de altura y se encontraba de gira por nuestro país. La figura pertenecía a Manuel Camacho, un nativo de Jaihuaico, pueblito cercano a Cochabamba en Bolivia. El 4 de julio de 1936 paseó su enorme porte por nuestra ciudad y obviamente visitó nuestra redacción. La mano extendida para el saludo y su enorme sonrisa lo descubrían cordial, simpático y amable. Hablaba en quechua, muy poco castellano, pero se hacía entender. Había nacido el 5 de agosto de 1899.

Nuestros colegas de entonces esperaban a “Manuelito” Camacho reciben el dato que había llegado y “salimos en su busca esperando hallarnos con un pibe o por lo menos ante un hombrecito; pero nuestra sorpresa fue grande cuando nos encontramos de pronto, delante de un verdadero Goliat, de un ser extraordinario por la estatura, el cual con aspecto bonachón y gesto sonriente nos tendió la mano, saludándonos cordialmente en quechua, que es su idioma nativo”.

Con 36 años

Cuando visitó Tucumán en 1936 el hombre medía 2,22 metros, calzaba del 53, y tenía por entonces 36 años. La gente se arremolinaba para ver de cerca y saludar al singular Goliat de carne y hueso.

Por su altura debía agacharse para pasar por las puertas de las edificaciones. Has un simple saludo o estrechar la mano de alguien lo obligaba a inclinarse. De acuerdo a nuestro cronista: “de gran fuerza, de mucha voluntad y pleno de los dones que la naturaleza le brindara con una visible prodigalidad, Camacho es de carácter apacible y de sentimientos delicados. Es el gran amigo de los niños y nunca provocó una reyerta, ni buscó pendencias. Su vida se desliza serena, laboriosa y modesta, sintiéndose, según su propia expresión, completamente feliz”. Pese a ello contaban en su país que en un principio lo consideraban un ser maligno y por ello abandonó su pueblo.

LA GACETA. Camacho en amena charla con uno de nuestros cronistas de entonces. Hablaba quechua y poco castellano. LA GACETA. Camacho en amena charla con uno de nuestros cronistas de entonces. Hablaba quechua y poco castellano.

De acuerdo al diario La Razón, de La Paz, fue descubierto en los años 1920 cuando unos arrieros de burros quienes lo vieron como rescató a uno de sus animales de un laguna al levantarlo y cargarlo en sus hombros. “Los dueños del animal huyeran de pánico ante la descomunal escena. Tiempo después, luego de una demostración de fuerza similar, el pueblo acusó a Camacho de ser un demonio o un ser maligno, por lo que tuvo que huir de Jayhuayco”, indica la revista Ahora, historias y leyendas de Cochabamba,.

Manuelito no era un gigante por capricho, sino por derecho genético y por pura herencia. De hecho sus padres tenían casi dos metros. Manuelito era proporcionado en todos sus miembros, y por su salud y lucidez mental se podía decir que era un “gigante normal”. Sus pies calzaban 53, sus pantalones tenían casi la altura de un hombre corriente y el tórax lo obligaba a usar un saco muy grande. Aun al lado de las máquinas de nuestro taller parecía enorme.

Agricultor y ladrillero

“Camacho se ocupaba de labrar la tierra. Fabricaba trajes con materia prima nativa y estaba acostumbrado a grandes caminatas por su tierra para comerciar. Además era ladrillero como sus padres. También había sido deportista y toda Bolivia había estado pendiente más de una vez de sus combates en cuadriláteros: había vencido a campeones de jiu-jitsu y de lucha, y tuvo el orgullo de desafiar a Luis Ángel Firpo. No se sabe si se realizó el encuentro de exhibición con el boxeador” relataba Carlos Paz en una nota de 2015. Sus compatriotas lo llamaban “el rascacielos humano”.

Gira por Argentina

La gira por nuestro país tuvo dos propósitos: el primero fue exhibirse y el segundo realizar una exposición de objetos de arte nativo. Cargaba tejidos, objetos de cerámica, chucherías, algunas cosas de valor como telas para trajes y otros artículos de telar, muy vistosos en el color y fuertes en la confección. Al día siguiente estuvo en el cine Moderno (en calle 9 de Julio primera cuadra, donde hasta hace décadas funcionaba el cine Candilejas).

Su primera exhibición se produjo el 30 de julio de 1923. Medía entre 2.14 y 2.16 metros y su peso entre 120 y 150 kilogramos; su envergadura alcanzaba los 2.35 metros. Su estatura siguió en aumento: hacia 1943, el gigante medía 2.32 metros; vivía en Junín, de Buenos Aires y se dice que llegó a los 2.40 metros a su muerte.

El púgil Miguel Seleme fue su primer empresario y lo exhibió en Potosí, Oruro y La Paz, donde se presentó en el “Olimpic Ring”, donde recibió al boxeador argentino Luis Ángel Firpo, “el toro de las pampas” que luego sacaría del ring de un trompazo al campeón mundial Jack Dempsey. En 1925 integró el programa nacional de celebración del Primer Centenario de Fundación de la República, acompañado del enano Ayalita, descubierto en Cala Cala, que se exhibieron en la Exposición Internacional, de La Paz.

MANO A MANO. Las proporciones del gigante eran increíbles. MANO A MANO. Las proporciones del gigante eran increíbles.

Gerardo Camacho, hijo del gigante, en una entrevista difundida por el diario cochabambino Opinión señala: “Su vida transcurría como la de cualquier otro, hasta que un día en 1932, el vehículo de un diplomático argentino de apellido Seleme, se enfangó cerca de su casa. Un vecino le sugirió al infortunado: “Aquí cerca vive un joven grande y fuerte que le puede ayudar”. Y así lo hizo, Manuel sacó el auto usando solo la fuerza de sus brazos. Perplejo, así quedó el diplomático que rápidamente lo contactó con amigos que lo lanzaron al ring. “Macho Camacho”, fue el nombre que adoptó aquel hombre de pueblo que, sin tener ningún entrenamiento ni vocación, fue enfrentado con grandes figuras internacionales del boxeo, que lo llevaron a recorrer el mundo.

El gigante boliviano vivió hasta los 54 años. Murió en Buenos Aires, donde vivió por más de 20 años, en 1953. Su esqueleto permaneció durante 20 años en un museo argentino y otros 20 en Nueva York, añade la revista Ahora. Después se supo que él habría vendido en vida su osamenta, aunque su nieto Pablo Andrés aseguró hace años que los restos de su mítico abuelo fueron cremados.

Al abandonar nuestro diario dejó un saludo escrito en quechua, para que LA GACETA le transmitiera al público y decía: “Tucuy sonkoyhuan saludani cay huauke jatum hacctata”; que traducido expresaba: “De todo corazón saludo a este gran país hermano”.

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