Por qué los jóvenes se están quedando sordos y qué hacer para prevenir esta afección

Según la OMS, más de 1.000 millones de personas corren riesgo de hipoacusia prematura. El peligro de uso de auriculares.

CON PRECAUCIÓN. Si no hay más remedio que estar con los auriculares puestos, según los especialistas conviene descansar cada tanto. CON PRECAUCIÓN. Si no hay más remedio que estar con los auriculares puestos, según los especialistas conviene descansar cada tanto.
Claudia Nicolini
Por Claudia Nicolini 06 Junio 2022

Lo biológicamente esperado es que nuestros humanos oídos empiecen a acusar “la vejez” después de los 60: “de a poco pierden capacidad para oír altas frecuencias (empezando por las frecuencias del habla)”, explicó a LA GACETA la fonoaudióloga tucumana Mariana Chalfón, y agregó: “la condición se conoce como hipoacusia relacionada con la edad o, más sencillamente, presbiacusia”.

Pero no es esto lo que le preocupa... “Cada vez con más frecuencia, la hipoacusia llega mucho tiempo antes”, informó y contó que, según estudios de la OMS, más de 1.000 millones de personas están en riesgo de sordera prematura. “Preocupa y mucho, porque no tiene por qué ser así, y el daño es irreversible”, agregó.

Resaltó, sin embargo, el “lado bueno”: a diferencia de la presbiacusia, este daño es evitable. “Pero debemos actuar ya, pues una de las causas es el uso permanente de auriculares y el altísimo volumen al que usualmente está el sonido. Otra causa, la inmensa (y poco percibida) contaminación auditiva que soportamos a diario, y la tercera, los espacios de trabajo altamente ruidosos (Ver aparte “Protección”), advirtió Chalfón.

Las diferencias

Según el sitio web la revista Medlineplus, de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, la presbiacusia (recordemos, las de los adultos mayores) se produce así: “las diminutas células pilosas del oído interno ayudan a que usted oiga. Recogen las ondas sonoras y las convierten en señales nerviosas, que el cerebro interpreta como sonido. La hipoacusia ocurre cuando estas diminutas células se dañan o mueren”.

Pero en esta nueva “epidemia” de sordera la causa no es la edad sino un trauma acústico; es decir, la exposición al ruido de forma intensa y/o prolongada.

“Nuestro oído no está preparado para largos períodos de exposición al sonido; y menos aún, con altísimo volumen”.

“Antes estaba expuesto al trauma acústico gente que trabaja en fábricas; en pistas de aterrizaje de aeropuertos; con motores muy grandes y ruidosos.... Hoy lo están incluso la mayoría de los adolescentes, con sus auriculares todo el tiempo. En dos décadas, la disminución auditiva que ahora vemos en adultos mayores, la vamos a encontrar en la gente de 40 años”, advirtió.

Para más datos: una de las últimas ediciones de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (NHNES, por su sigla en inglés) de Estados Unidos indica que la prevalencia de hipoacusias en la población adolescente ha aumentado del 3,5 % al 5,3 % entre 1994 y 2006. En América latina hay pocos datos.

Hablar de salud auditiva

“A la gente hay que avisarle que se va a quedar sorda; y muy explícitamente, porque no se visualiza así. Es imprescindible la prevención”, resaltó Chalfón. “Y en ese aspecto, habría que poner el ruido al mismo nivel que el tabaco o la velocidad al volante -añadió-. Pero casi nadie habla de la salud auditiva”.

Lo que nuestros oídos pueden sobrellevar, añadió, no debería superar los 40/50 decibeles. Y según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la exposición a más de 70 puede producir daños graves.

“Además, si la exposición es muy larga, los efectos son mucho peores”, agregó y profundizó: “el oído soporta no más de 40 o 45 minutos; pasado ese tiempo, el nervio auditivo se agota”. Y a eso hay que sumar la frecuencia: cuanto más agudo, más dañino es el sonido.

Lo bueno es que hay cosas que se pueden hacer: “por de pronto, además de regular el volumen (algunos dispositivos electrónicos ‘avisan’ cuando te estás pasando), alternar media hora de audio y 10 minutos de descanso”, aconsejó nuestra experta.

Otra propuesta para quienes no tiene más remedio que estar “al palo” con los auriculares (telefonistas, por ejemplo) es que los usen de a uno. “Si se va alternando el uso de los oídos, cada uno descansa cuando trabaja el otro”, graficó. Eso sí, harán falta auriculares que puedan usarse por separado.

La otra contaminación

El segundo gran problema es la polución que no vemos: la sonora.

“Es un serio problema de salud pública del que con frecuencia no somos conscientes”, enfatizó el otorrinolaringólogo Horacio Rivera y explicó que se trata del ruido excesivo al que nos sometemos con altísima frecuencia (gimnasios, conciertos, discotecas, bares... ¡las mismas calles de las ciudades!). “La particularidad de la contaminación sonora es que su impacto es ‘invisible’. Los efectos que provoca generalmente se dan a largo plazo y es difícil asociarlos con este tipo de contaminación”, añade.

“El ruido es un problemática que se debe relacionar estrechamente con sustentabilidad y con salubridad; afecta nuestra salud, pero también el ambiente”, señaló Beatriz Garzón, responsable de la materia Sonido y hábitat, de la Facultad de Arquitectura de la UNT. Y de acuerdo con mediciones que hizo su equipo para diferentes trabajos -uno de ellos de apenas un año de antigüedad, titulado “Evaluación de la calidad acústica de un eje urbano de San Miguel de Tucumán”), nuestra capital soporta ruidos muy por encima de las recomendaciones: de entre 90 y 100 dB.

“Tomar conciencia es el gran primer paso. Pero sólo el primero. El cambio de hábitos por otros más saludables (como con la alimentación, ni más ni menos) y las políticas de regulación y control también son indispensables” advirtió Chalfón.

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