Relaciones: “No estás loca, él es un manipulador”

En qué consiste el gaslighting y cómo logramos identificar si estamos en un vínculo conflictivo de este talante. Reflexiones y algunas advertencias.

VIOLENCIA. Esta no es solamente física; el gaslighting se enmarca dentro de las agresiones psicológicas.  VIOLENCIA. Esta no es solamente física; el gaslighting se enmarca dentro de las agresiones psicológicas.
Por Guadalupe Norte 03 Mayo 2022

Al estar en una relación ¿alguna vez sentiste que tu vida sin la otra persona no tendría sentido? ¿Y qué si él/ella te dijera que el cielo no es azul o que los días tienen 28 horas le creerías ciegamente?

Verlo como un efecto del amor resulta bastante poético, pero esto de romántico no tiene nada. Al contrario, puede que estés en un vínculo en el cual sos víctima del gaslighting.

“El término (traducido como iluminación de gas) alude a un tipo de abuso emocional y manipulación en el cual se busca que el otro cuestione sus propios pensamientos, sentimientos e incluso la realidad y la cordura”, explica la psicóloga Silvia Eugenia Sahian.

Esta forma malintencionada de sembrar confusión suele darse en las parejas, pero también ocurre en el trabajo, el seno familiar o entre amigos. En la mayoría de los casos, queda enmarcado en la violencia de género.

El peligro pasa porque acabamos por creer “la verdad” ajena antes que la propia. “Esa voz paulatinamente nos desacredita y mina nuestra autoconfianza y autoestima. No importa cuán aislada te encuentres, lo crucial es saber que no estás loca sino que caíste en una relación con abuso psicológico”, señala.

Señales de alerta

Detrás del gaslighting siempre se oculta un individuo manipulador. Sin embargo, dado que hablamos de expertos en el camuflaje, es complicado darnos cuenta si nuestro/a amante transita por esa línea.

“Ellos tienen una gran facilidad para detectar el punto vulnerable de la víctima y una enorme destreza de seducción. Ambas condiciones los vuelven altamente efectivos en el proceso de entrampamiento”, argumenta la sexóloga.

Siendo así, Sahian detalla algunas características para agudizar nuestra percepción. La gente manipuladora suele irritarse fácilmente (al punto de pasar de la tranquilidad a la violencia física en minutos) y desentenderse de sus responsabilidades u obligaciones con la misma sencillez.

Las mentiras (hasta en temas irrelevantes) tampoco faltan y en sus charlas conviven las críticas con las alabanzas.

Además, rebosan de egocéntricos y hay un fuerte contraste entre cómo se muestran en la intimidad con sus damnificados y la cara que ofrecen en público (llegamos a considerarlos amables, divertidos o agradables).

“En Psicología, otra de las denominaciones empleadas es la de psicópatas adaptados porque son -por ejemplo- excelentes jefes, colegas y confidentes. No obstante, en un ámbito preciso (la relación de pareja) ejercen la coerción y la manipulación”, aclara.

Las víctimas

El manipulador no se comporta de tal manera con cualquiera, sino que escoge a “presas” vulnerables. ¿Qué implica tal estado? Hablamos de gente factible de ser dañada por sus bases (por ejemplo, debido a la crianza que recibió y biografía).

Las consecuencias de estar atrapados en estos “juegos mentales” no son un chiste. En menor grado, pueden conducirnos a episodios de ansiedad, estrés e insomnio.

En una escala mayor, la práctica provoca una desestructuración psíquica, cuadros de depresión y puede desembocar en la autoflagelación o el consumo de sustancias.

Una vez que normalizamos el gaslighting, las cosas no se detienen acá. Junto a la violencia psicológica, siempre aparecen otros modelos de maltrato y es frecuente que luego se decante (más tarde o temprano) en violencia física, ambiental o simbólica.

Autogaslighting

Cuando el cuestionamiento interno se vuelve rutinario caemos en el autogaslighting (autoiluminación). Es decir, nos apropiamos de la narrativa que nos expone el abusador.

“Supongamos que alguien nos tira un comentario hiriente y -en respuesta- nos invade una sensación de tristeza o el enojo. No obstante, casi al instante invalidamos o minimizamos esa emoción que surge. Ahí obra este patrón”, señala la profesional, miembro de la Asociación Argentina de Sexología y Educación Sexual (Aases).

Algunos pensamientos típicos pasan por el lado de “tal vez lo que hizo no fue para tanto”, “seguro exagero”, “hago un drama por nada” o “¿por qué soy tan sensible?”.

Los ejemplos siguen y siguen con un foco común: considerar que nosotros somos el problema en lugar de hallarlo en quienes nos rodean.

“El gaslighting linda entre lo demostrable y lo sutil. Conduce a que revisemos nuestras experiencias y minimicemos su intensidad o el trauma que produjeron. Aunque las heridas emocionales no se noten (a diferencia de los golpes o los moretones) sus efectos son reales y el daño infligido por ellas no debe menospreciarse”, enfatiza

En el camino de sanación, la asistencia terapéutica es fundamental para recuperar el diálogo interno y modificar nuestro modo de reaccionar.

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