Un bailecito del diablo entre seis cuerdas

El guitarrista brindará un curso para docentes sobre jazz y folclore y tocará en Nonino Suipacha.

MAESTRO E INTÉRPRETE. Demián Ornstein desplegará sus dos facetas hoy en Tucumán, con el dictado de un taller y con una actuación solista. MAESTRO E INTÉRPRETE. Demián Ornstein desplegará sus dos facetas hoy en Tucumán, con el dictado de un taller y con una actuación solista.
Por Roberto Espinosa 09 Abril 2022

Un horizonte se despereza en la bordona. En el mundo, un dulce amanecer, a orillas del Paraguay, desmenuza una zamba en un camalote, mientras Balam ejercita una pequeña reflexión de mediodía y seduce con bailecito del diablo, corriendo hacia la nada. En Atacama, una tonada para Ceci conjuga el amor en seis cuerdas. “El mundo de la guitarra en la Argentina es muy amplio y hay una cantidad tremenda de intérpretes con una calidad y originalidad altísima. A mí, personalmente me influenciaron mucho Quique Sinesi, Juan Falú y Carlos Moscardini, quienes son grandes referentes de la guitarra argentina y de quienes traté de tomar ideas de su búsqueda musical. Pero por supuesto tenemos miles de ejecutantes muy virtuosos y nunca dejo de sorprenderme cuando descubro alguno que no conocía, hay mucha gente joven que está haciendo músicas increíbles”, comenta Demián Ornstein, quien hoy, a las 21.30, ofrecerá un recital de guitarra en Nonino, Suipacha 1.127, interpretando piezas de su autoría de “Lihué”, su último disco. Será músico invitado el guitarrista Gervasio Sánchez.

Previamente, por la mañana, entre las 9 y las 18, en José Ingenieros 20, dictará un curso de formación docente sobre “El lenguaje del jazz y la música folclórica”, en el marco del Programa de Formación Docente Continua del Ministerio de Educación (Formar), organizado por la Coordinación de la Modalidad de Educación Artística.

Nacido en Buenos Aires, el guitarrista se ha presentado en festivales nacionales e internacionales y es docente en la Escuela de Música Popular de Avellaneda.

- De los maestros con quienes te formarte, ¿algunos en particular te marcaron un rumbo?

- Mi formación musical comenzó a los 12 años con el guitarrista Osvaldo Mollo y más tarde, me adentré en el mundo del jazz de la mano de Lito Epumer, quien fue guitarrista de Spinetta Jade y de Madre Atómica. Lito fue una gran fuente de inspiración y motivación para dedicarme seriamente a la música como profesión. Entre 2001 y 2007 viví en Barcelona donde estudié jazz y flamenco en el Taller de Músics de Barcelona. A mi regreso ingresé en la Escuela de Música Popular de Avellaneda donde estudié folclore con Lilián Saba, Kelo Palacios, Osvaldo Burucuá y Juan Farías Gómez, entre otros. Además, tuve otros maestros, con los que no tomé clases, pero quienes me inspiraron y guiaron por mi camino musical. Son Sinesi, Bernardo Baraj y otros como Spinetta o Egberto Gismonti, aunque no los conocí personalmente.

- ¿Cuándo se despierta el bichito de la composición?

- Empiezo a componer prácticamente desde que arranqué con la guitarra. Siempre me gustó investigar y explorar la guitarra. Mis primeras canciones las compuse para un grupo de rock a los 15 años y desde ahí seguí componiendo siempre. A lo largo del tiempo, creo que fui llegando a tener un cierto estilo de composición en el que conjugo varias de las músicas que me influenciaron, entre las que destacan más claramente el folclore y el jazz. Este estilo puede escucharse en mis discos “De ida y vuelta” (2012) que grabo junto a Martín Wainer y Edgardo López y en “En los márgenes de todo” (2018), grabado junto al percusionista Nicolás Croci y músicos invitados. Actualmente estoy presentando mi primer disco de guitarra sola, “Lihué”, que grabé el año pasado. Generalmente compongo música instrumental, pero también hice varias canciones de raíz folclórica con letra de la cantautora Ceci Méndez las cuales fueron plasmadas en dos de sus discos: “Poder decir” (nominado a los premios Gardel en 2018) y “Algo amanece” (nominado a los premios Mercedes Sosa en 2022).

- ¿Qué fibras te tocan los latidos de la guitarra?

- La guitarra para mí es una forma de vida, una compañera con la que llevo casi 30 años de relación y que siempre está en las buenas y en las malas. Además, de una manera u otra, fue mi sustento económico prácticamente, desde que dejé de depender de mis viejos. Durante muchas veces a lo largo de mi vida anduve medio perdido, en crisis y con ganas de dedicarme a otra cosa, pero la guitarra siempre ganó, siempre estuvo. En cuanto a la guitarra como instrumento, creo que es un instrumento complicado, al que hay que dedicarle mucho tiempo de tu vida para poder sentirte medianamente cómodo. Pero a la vez es muy gratificante y muy expresivo y se puede llegar a tener un sonido propio y original.

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