En Famaillá las aulas llevan el nombre de ex combatientes

La iniciativa pertenece a la escuela de Comercio Ricardo Rojas y apunta a homenajear en vida a los tucumanos que lucharon durante la guerra

EMOCIONADOS. Con orgullo, los ex combatientes fueron recorriendo cada espacio de la escuela. Aquí posan junto al mural con el soldado alado. EMOCIONADOS. Con orgullo, los ex combatientes fueron recorriendo cada espacio de la escuela. Aquí posan junto al mural con el soldado alado. LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO

La educación es una maquinaria gigante; un ingenio que conduce o construye memoria y valores. Dentro del ámbito escolar, la Guerra de Malvinas encarna un tema de enseñanza elemental obligatoria. Sin embargo, siempre se puede avanzar un paso más para crear experiencias significativas. En Famaillá, el ejemplo lo puso la escuela de Comercio Ricardo Rojas: esta semana, 14 de sus aulas quedaron bautizadas con el nombre de un ex combatiente que haya nacido en la ciudad o viva en ella. Y también algunos que hayan pasado por allí.

“La iniciativa representa el cierre de un proyecto que venimos trabajando desde hace años e implica que los alumnos tengan un contacto profundo con Malvinas y sus protagonistas. Entre todos, quisimos lograr que los salones sean un templo para los recuerdos colectivos, la libertad y la democracia”, comenta el director Leonardo Ocampo.

Aunque hay manchas albicelestes en cualquier rincón, todas las miradas apuntan al mural (de 12 metros cuadrados) que permanece en el centro del escenario. La escena retrata a un combatiente caído que asciende hasta el cielo en forma de ángel. Las reacciones a ese abrazo con el sol dejan entrever que -pese a haber transcurrido 40 años- la aflicción permanece.

Involucrarse

Durante el acto, la misión de acortar la brecha entre los jóvenes y los sucesos del pasado quedó cumplida. Para honrar a los veteranos presentes, varios alumnos hicieron una recreación teatral sobre las pérdidas humanas que dejó el conflicto e interpretaron el himno nacional y la Marcha de las Malvinas.

Entre ellos, Valentina Ocampo tuvo una asignación simple, pero especial. La adolescente estuvo encargada de transportar un “pedacito” de la perdida perla austral. Sobre sus manos, una caja vidriada protege varios frascos (aún más pequeños). “Acá hay un poco de arena de Puerto Argentino y algunas piedras del cementerio de Darwin”, indica.

Al chequear las placas conmemorativas afirma que prima el orgullo. “Al encontrarme con los ex combatientes siento mucho respeto por su sacrificio. Cada vez que alguien viene a dar una charla surgen preguntas nuevas y la charla nunca acaba; es una opción distinta y positiva para aprender”, sostiene.

El recorrido

Tras acabar la ceremonia llegó el momento más esperado: meterse en el corazón de los pasillos y visitar las 14 aulas bautizadas.

La primera referencia a Malvinas aparece en el marco de la puerta. Junto al número de salón, un cartel blanco señala el nombre del agasajado y el rol que desempeñó en el conflicto bélico. Arriba del pizarrón, el segundo distintivo es un cuadro con fotos viejas y breves datos biográficos. Este varía en tamaño o estilo según el espacio.

Al pasar por la sala número uno, Luis Antonio Galván se toma su tiempo. Lento, arrincona un banco contra la pared y sube encima. Un par de estiramientos después, la lámina que donó queda colgada a la perfección.

“Iniciativas así demuestran cómo el fervor, bien encausado, puede crear experiencias inolvidables y lograr que las generaciones de chicos y adolescentes conozcan nuestra verdadera historia. Hay tantas cosas que se cuentan y son falsas...”, comenta el miembro del centro de ex combatientes Perlas del Sur.

A él tal conexión con el espacio educativo lo llena de orgullo. En especial, porque su nieto asiste al colegio. “El salón donde tomo clases es el que ahora tiene el nombre de mi abuelo. Eso nos hace felices porque todos los días quedará marcada su presencia”, acota Ignacio Galván (12).

Retornos

El olor a corrector, los garabatos en el pupitre, el ruido permanente de pasos apurados… para algunos ex combatientes el gesto de la escuela no solo supone traer a la mente las hazañas de 1982, sino reencontrarse con la infancia.

Antes de vestirse de “halcón”, pilotar aviones de la Fuerza Aérea o recibir la medalla (una entre tantas) al valor en combate; mucho antes, Antonio Zelaya fue un niño que creció en una casa de calle Laprida (primera cuadra). Al regresar “a sus pagos” para el evento esas postales vuelven a entibiarse.

“La mención carga con un doble significado porque en esta escuela arranqué mis primeros años de escolarización”, relata.

Con una conciencia plena sobre la necesidad de abrir instancias de diálogo, “Tony” suele aprovechar algunos de sus viajes para visitar colegios. “En Tucumán estuve en alrededor de cinco; en ellos noté una gran movilización por parte de los chicos. La fiesta más relevante es el 2 de abril, pero nuestro triunfo final (como ex combatientes) será cuando se introduzca la historia de Malvinas de modo integral: en la currícula escolar, los espacios públicos, la sociedad, en cada rincón”, afirma.

Malvinizar

La imposición de nombres que realizó la escuela Ricardo Rojas se enmarca dentro de un proyecto sociocomunitario denominado “Recuerdos de Malvinas en Famaillá”. La propuesta también dio vida -en 2015- al mural que decora a diario el tanque de agua de la escuela y -en 2017- al monumento “Soldado alado” (exhibido en la zona del Cabildo temático). Por sus esfuerzos de malvinizar, la institución ganó dos veces el Premio Presidencial “Escuelas Solidarias”.

Placas: los 14 homenajeados

Cada salón de clases posee uno de los siguientes nombres:
Juan José Villa (ARA Bahía Buen Suceso), Julio Oscar Sosa (ARA General Belgrano), José Ramón Cardillo (suboficial buzo táctico), Antonio Zelaya (aviador militar), Owen Crippa (aviador naval) y Alberto Telésforo Díaz (suboficial mayor de la Armada).

Sumado a los conscriptos:

José Emilio Ale (portaaviones 25 de Mayo), Gustavo Sergio Pani (Infantería de Marina), Andrés Anibal Aguirre (Infantería de Marina), Juan Ángel Chumba (ARA Bahía Paraíso), Luis Remigio Molina (Infantería de Marina), Héctor Heraldo Cisterna (Infantería de Marina), Luis Antonio Galván (Infantería de Marina) y Manuel Hugo Carrizo (Infantería de Marina).

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