Las hojas de ruta de un asesinato

Las hojas de ruta de un asesinato

Un abordaje oblicuo a una polémica muerte.

03 Abril 2022

THRILLER

FISCAL MUERE

LUISA VALENZUELA

(Interzona – Buenos Aires)

Fiscal muere indaga en lo político, trabaja sobre el juego de las apariencias, lo que nos recuerda a otras novelas emblemáticas de Luisa Valenzuela como Realidad nacional desde la cama (1990), Aquí pasan cosas raras (1992) o La máscara sarda (2012).

Vuelve al ruedo con elementos del policial. Irónica, incisiva, con giros gramaticales cotidianos que rozan el humor, la escritora, asida de las experiencias de las que se vale a la hora de escribir, arma una geografía ficcional para develar posibles realidades en una novela que relata el proceso de “estar en la novela”.

Escapa a las formas tradicionales del policial; alude, sin nombrarlo, al escándalo alrededor de la muerte de fiscal Alberto Nisman y a las teorías conspirativas que proclamaron el asesinato en un oscuro trámite de evidencias.

Valenzuela instala la imaginación y busca provocar el debate.

Santiago Masachesi, excomisario, retirado de la policía Federal, desplazado por la intervención de los fiscales; admirador de Agatha Christie y de su personaje, Miss Marple, investiga y descubre con sencillez y cautela. A partir de estos y otros elementos de su vida, en una segunda parte, experimental, Teldi, su amiga, aficionada, intenta escribir una historia ficcional que, fragmentaria e inconclusa, relata el proceso de escritura; no hay argumento preciso, hay una máscara de Valenzuela exponiendo sus conceptos sobre construir una novela.

En la tercera parte, con recarga de suspenso, bajo la voz de Masachesi, se relatan hechos relacionados al fiscal, asociados con el enigma del “cuarto cerrado”, otorgando la posibilidad de conformar un “atisbo de verdad que puede alcanzar toda narrativa bien estructurada”.

Masachesi sigue convencido de su versión, denegada en su entorno, por considerarlo proclive a la imaginación; sin embargo el discurso de Luisa Valenzuela transmite que la verdad puede estar en la misma literatura, que la ficción puede llegar a ser una práctica esclarecedora. Valenzuela sabe indagar en la palabra.

LILIANA MASSARA

© LA GACETA

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