Miradas sobre Malvinas
Miradas sobre Malvinas
27 Marzo 2022

La Guerra y nuestra inconsecuencia

Por Abel Posse

Recuerde, lector: Pierina Dealessi, los donativos y colectas en las oficinas, el postre Malvinas, las señoras de Barrio Norte tejiendo los pulóveres marciales, aquellos gritos en las redacciones y en los cafés cuando se hundía al Sheffield o a algún otro exponente de la “perfidia inglesa”. Malvinas fue el único grito que superó al de algún gol de Maradona en el Mundial. Se aclamó a Galtieri en la Plaza de Mayo y fuera de ella. El acto de fuerza justiciera y nacional se sobrepuso a la conducción de una dictadura cuya “guerra antisubversiva” también fue aprobada tácita o expresamente por una mayoría significativa. En todo caso, en aquellos días esto no frenó el entusiasmo y la cohesión nacional. Hoy, dada nuestra doblez, resulta difícil recordar que nuestra explosión fue de país sano y fuerte. Una reacción honestamente patriótica que dejaba en el plano secundario la ilegitimidad esencial del poder. Habría que ser muy hipócrita para fingir olvido de aquél entusiasmo nacional, unánime y unitivo y desentendernos de la derrota atribuyendo el resultado al general Galtieri como el autor de una travesura.

Pronto la fiesta de la guerra viró en contra de nuestra inexperiencia. La táctica diplomática de “las tres banderas” era una sutileza inaplicable para nuestra euforia de advenedizos del azar bélico.

Nuestros pilotos navales y de la aeronáutica conmovieron al mundo con sus proezas. Pero el aparato de conducción militar siguió estúpidamente dividido. El comandante en las islas que había jurado vencer o morir terminó rindiéndose. Los ingleses habían conseguido de los norteamericanos el arma clave para acabar en horas con nuestra aeronáutica. El hundimiento del Belgrano por un submarino nuclear puso en evidencia nuestra endeblez e indecisión en el arma naval. Este hecho concluyó con las esperanzas de soluciones diplomáticas. (Los ingleses demostraban que siguen a Churchill: En la guerra, determinación…)

Después, la enfermedad argentina: dicen avergonzarse de semejante hecho, lloran oblicuamente y fuera de fecha a sus muertos, descubren que los gobernantes eran de facto y dictadores. Se olvidan minuciosamente de aquel fervor... Es la Argentina pequeña, incapaz de concederles la palabra gloria a sus muertos por la Patria. Tan eufóricos en aquellas victorias como ambiguos después, en la derrota. Lo más grave del episodio Malvinas no es haber perdido lo que con el tiempo sólo será una batalla, sino la enfermedad de no saber defender lo que hicimos con la frente alta y con júbilo de convencidos de una verdad histórica y casi andar susurrando disculpas a los usurpadores, los enemigos…

Abel Posse - Novelista y diplomático.

En torno a las islas

Por James Neilson

A diferencia de los nacionalistas europeos que suelen privilegiar las diferencias lingüísticas auténticas y las -a menudo hipotéticas- diferencias raciales entre los distintos países, sus epígonos sudamericanos están obsesionados con el ideal de la integridad territorial. No les importa tanto el valor económico de las tierras disputadas cuanto lo que simbolizan, razón por la que la Argentina y Chile casi fueron a la guerra por algunos islotes inhabitables del canal del Beagle. El que los problemas de sus países respectivos nunca tuvieran nada que ver con la escasez de espacio vital o de recursos naturales les parece un detalle que sería indigno mencionar.

Aunque las Malvinas sí poseen cierto valor económico y, es de suponer, “estratégico”, la voluntad de la mayoría de los argentinos de apoderarse de ellas tiene muy poco que ver con intereses materiales. Caso contrario, les sería claramente mejor llegar a un acuerdo mutuamente provechoso con el Reino Unido para explotar el petróleo -si es que lo encuentran las empresas que están buscándolo- de lo que sería continuar agitando el tema. Pero sucede que desde el punto de vista de quienes sueñan con ver la bandera argentina flameando sobre las islas, una solución de tal tipo equivaldría a una derrota y por lo tanto sería peor que el statu quo. Lo que quieren es triunfar sobre los británicos: lo último que les interesa es la posibilidad de un empate decoroso…

James Neilson - Ex director del diario The Buenos Aires Herald.

Una aventura

por Juan Bautista Yofre

“Lo van a calificar los propios militares en la Comisión Rattenbach: una aventura. Una aventura desprolija y desorganizada. Sin saber qué iba a ocurrir a la semana siguiente. Es una aventura desde el momento en que Galtieri le dice al general Mario Benjamín Menéndez que va a ser gobernador militar de Malvinas, que va a tener después del 2 de abril una pequeña dotación para controlar el orden dentro de las islas, mientras la Argentina establecía una conversación diplomática. Pero en el término de cuatro días, cuando ven que Gran Bretaña va a reaccionar, en lugar de 500 van a llegar 10.000 soldados. Entonces a Menéndez, de repente, le dicen que va a ser el jefe de operaciones del Estado Mayor del Ejército: de gobernador pasa a convertirse en comandante de la guarnición militar y a enfrentar a Gran Bretaña. Hubo una enorme improvisación. Es una aventura desde el momento en que no prevén que Gran Bretaña iba a responder. Puede no darse cuenta Galtieri, pero no tiene derecho a no saberlo el canciller Nicanor Costa Méndez, que había viajado mucho por el mundo y había leído mucho más que cualquiera de los miembros de la Junta Militar”.

Juan Bautista Yofre - Ex secretario de Inteligencia del Estado. Autor del libro 1982.

Memoria enterrada

Por Alvaro José Aurane

El pasado está sepultado en las Malvinas. LA GACETA lo advirtió hace 14 años, cuando puso pie en las islas. En la capital no hay ruinas del enfrentamiento que duró 74 días. Los sitios y los edificios que fueron dañados han sido restaurados o reconstruidos. No hay cicatrices en el Puerto Argentino, cuyos actuales ocupantes llaman de otro modo.

Por supuesto, la guerra no ha sido olvidada, pero sus recuerdos oficiales han sido civilizados. Frente al edificio del Secretariado, donde se firmó la rendición de las tropas nacionales se alza el 1982 Liberation Memorial. Fue construido por los isleños “en memoria de aquellos que nos liberaron - 14 de junio de 1982”, según consigna en inglés en una enorme placa. Alrededor del monumento están escritos los nombres de los 255 militares y de los tres civiles que perecieron entonces. Por ellos, además, existe el Memorial Wood 1982, un bosque en el que plantaron 258 árboles, por obvias razones.

Coherentemente, en las inmediaciones de la capital de las islas, los vestigios de la guerra que no han podido ser abolidos se hacen presentes, literalmente, sin aparecer. Son las 20.000 minas antipersonales regadas en 117 campos. Todas bajo tierra.

Las islas de la memoria enterrada sólo admiten la excavación periodística.

Alvaro José Aurane - Periodista. Estuvo en Malvinas en 2008.

Derecho y poder

Por Patricia Kreibohm

¿Por qué el gobierno británico no las devuelve? Básicamente, porque en la dinámica internacional conviven dos realidades. Una que se ajusta al derecho internacional y a las normas éticas, y otra -muy distinta- que se funda en el ejercicio del poder, en las capacidades y en las oportunidades que cada Estado tiene en el juego de la política internacional. Dos realidades -el ser y el deber ser- que conviven, pero que no siempre se corresponden. En otras palabras, Inglaterra -como fiel seguidora del Realismo Político- no devolverá las islas, en tanto y en cuanto no se den tres condiciones: que se sienta obligada a hacerlo; que decida que ya no le interesan o que carezca de la fuerza y la capacidad para conservarlas.

Patricia Kreibohm - Magister en Relaciones internacionales.

Un panteón incómodo

Federico Lorenz

La principal forma de recordar a los ex combatientes en un relato colectivo fue el de inscribirlo en el discurso patriótico construido desde finales del siglo XIX. En ese sentido, aunque con objetivos distintos, confluyeron las iniciativas de los gobiernos militares y civiles desde 1982. La Ley 24.950 declara a los 649 caídos en Malvinas como Héroes nacionales. ¿Qué es lo que otorga el título de héroe?: haber muerto en la guerra, porque la muerte iguala. La ley deja afuera, sólo por señalar un simple elemento, a quienes murieron después de la guerra, víctimas de sus secuelas físicas, o psicológicas, como es el caso de las decenas de ex combatientes que se suicidaron. Alrededor del 80% de los combatientes en Malvinas eran jóvenes conscriptos con una historia claramente diferente a la de los militares de carrera, muchos de ellos involucrados en la represión ilegal. Pero la Ley contribuye a una generalización que borra los nexos de muchos de los muertos en la guerra -y, por extensión, de los vivos con la represión ilegal. El general Martín Balza, veterano de Malvinas y figura central en la profesionalización del Ejército Argentino y su autocrítica en la década del 90, señala esta dualidad: “La prensa en general se ocupó sobradamente de Galtieri y de algunos de sus adláteres, pero demasiado poco de cómo lucharon y murieron nuestros soldados, mientras que los primeros se guiaban por unas ansias de gloria mal habida y llegaron a traicionar a la República disfrazados de honor y patriotismo, los segundos actuaron guiados por un sano sentimiento de Patria”. Las memorias de la guerra de Malvinas presentan para los argentinos una perturbadora dualidad: aquella consistente en que un anhelo compartido por buena parte del pueblo argentino fue conducido por un gobierno ilegítimo, perpetrador de violaciones sistemáticas a los derechos humanos cuyo juzgamiento sentó jurisprudencia a nivel mundial. Si el acervo histórico del siglo XIX y las guerras por la independencia ofreció mártires y héroes para canonizar, la apelación a estos recursos, en la posdictadura, no debería ser posible.

Federico Lorenz - Autor de Malvinas. Una guerra argentina.

Un destino

Juan Archivaldo Lanús

El conflicto de Malvinas es un desafío insoslayable tanto para la Argentina como para Gran Bretaña. Creer que el tiempo disolverá la controversia o que la guerra, su resultado, tiene la categoría de un ancestral “juicio de Dios”, es una ilusión peligrosa para la paz y la seguridad en el Atlántico Sudoccidental y una violación permanente del orden político internacional que ha consagrado el fin del colonialismo. Más aún: el aparente triunfo de Gran Bretaña en mantener el statu quo colonial, gracias a una creciente presencia militar en las islas, es una mancha en la conciencia de un pueblo que ha demostrado su compromiso con la libertad, la justicia y el derecho internacional.    Cualquiera sea la evolución que experimente el sistema internacional, el mantenimiento, en el siglo XXI, del actual enclave colonial en las costas de la Argentina, a más de diez mil kilómetros de la capital británica, es una rémora del pasado ...  La solución del conflicto de soberanía es un dilema o desafío insoslayable para ambos países, debemos entonces reflexionar sobre cuáles podrían ser las vías políticas y diplomáticas para instalar esta negociación en la agenda tanto bilateral como multilateral. La Argentina debe prepararse para una larga y compleja gestión diplomática... Queda abierta a la imaginación elegir la oportunidad para emprender un nuevo camino, plantear una nueva propuesta y abrir una instancia diplomática diferente que permita a las partes encontrar una solución pacífica al conflicto.  Hace más de ciento ochenta años estos territorios argentinos fueron ocupados por la fuerza y su población desalojada por una flota bajo el pabellón inglés. Su recuperación no es una esperanza, sino un destino.  

Juan Archivaldo Lanús - Diplomático. Autor de Repensar Malvinas.

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