Hace casi cuatro décadas que la televisión es un miembro más de la familia (o de la antifamilia, según cierta óptica). Fue el primer ojo electrónico que invadió intimidades. La computación y los celulares fabricaron los diálogos virtuales. Cupido accede por internet. Dos personas, estando juntas, se hablan sin mirarse. El contacto humano es light. Pero, claro, cualquier perfil "opositor" es tumbado por las ventajas en celeridad y precisión que trajo consigo la informática. Con el mundo cibernético se pueden manejar innumerables proyectos diarios para poder consolidar un mejor estilo de vida para todos.
Rol
Sirva el preámbulo para poder acceder al tema de moda: la cámara oculta. Los supuestos delitos de corrupción y fraude con travestis de un cirujano plástico, denunciados por "Punto Doc", removieron la polémica sobre el rol de aquella en los medios y sobre la eventual vulneración de la privacidad de las personas. La productora que realiza el mencionado programa exhibió en este caso un argumento que, desde un ángulo alto, no tiene una base gelatinosa: "el cobro en favores sexuales no es una cuestión de la intimidad de la gente sino de ética médica".
En la película "Sliver" se muestra a un individuo que husmea el transcurrir íntimo de sus vecinos de edificio a través de monitores, mediante un sofisticado entramado técnico. Repugnan las escenas donde un padre acosa sexualmente a su hija en edad escolar. El espectador espera el traspié -que no se produce- del abusador y del observador patológico.
Sutil línea
¿Hasta dónde una cámara oculta puede resultar un elemento válido para una investigación periodística? ¿Cómo se detecta la sutil raya de separación? ¿Es sólo la pelea por el rating que lleva a muchos programas a emitir informes de este tipo?
Se sabe, la opinión o el análisis llevan implícita la subjetividad. En tanto, la investigación -eso que inquieta a los personajes inescrupulosos- y la denuncia a través de ella pueden alcanzar un efecto devastador. Entre otros casos, a Giselle Rímolo, procesada por ejercicio ilegal de la medicina, la entrampó la cámara oculta. También a los dos empresarios procesados por intentar coimear en la adjudicación de los servicios del PAMI. Dos ejemplos donde el juguete rabioso sirvió como recurso judicial y permitió arrimarse a la verdad.
La gente de la farándula y de la política, o las vinculadas a ellas, dejan que se entrometan en sus vidas "color de rosa". La cuestión estalla cuando se atacan sus miserias. ¿Acaso no son los riesgos de las reglas de juego?
Cualquiera
Nos filman cuando ingresamos a un banco. Estamos expuestos a que lo hagan cuando compramos el diario o cuando entramos al baño de un bar. Cualquiera, con un celular con video, podrá mandar preso a la infiel o al del "pecado carnal" en un sauna. Ahora, en los Estados Unidos, se encara la posibilidad de que en un futuro no muy lejano se podrán fotografiar los pensamientos.
Se pone linda la cosa. Los argentinos seguramente nos adaptaremos. Como nos acostumbramos a la corrupción. "Hay que tener un poco de todo para desarrollar las defensas", solía decir un viejo galeno. Lo tomemos por ahí, entonces.
Tal vez la cuestión derivaría en un mejor carril para la sociedad si se volcaran esfuerzos para poner al descubierto, mediante esta herramienta, a quienes negocian el futuro de aquella. Las presiones y la domesticación que se hacen, mediante diversas pautas, para que prime el silencio, seguramente tendrían un vuelo más retaceado. Los fascinerosos se cuidarían más. Habría, quizá, un mayor control de calidad.
De cualquier modo, si cuando entra en acción la cámara oculta existe un abuso autoritario, o si hay situaciones donde es perversa e innecesaria, rasgarnos las vestiduras tendrá su razón de ser. Pero, pongámosnos la mano sobre el corazón y no lo tomenos a "Punto Doc" de punto.







