Armas mortales en las calles

Día a día crecen las estadísticas de accidentes de tránsito.

24 Octubre 2004
Muy lejos habrá estado el ingeniero francés Joseph Cugnot de imaginar las trágicas consecuencias que traería el uso irresponsable de los parientes lejanos de su invento, cuando presentó la primera máquina autopropulsada. Aquel histórico antecedente de los automóviles no tenía casi nada que ver con los actuales vehículos, al punto que ni siquiera estaba dotado de las características cuatro ruedas de los modelos de hoy. Pero probó que una máquina era capaz de transportar personas sin necesidad de ser arrastrada por un ser vivo. No faltó entonces quien advirtiera que aquel sorprendente aparato podía significar también un peligro para los seres humanos.
Han pasado 234 años desde que los franceses quedaron maravillados por el invento de Cugnot, y la tecnología ha avanzado de manera tal que los vehículos de hoy no son otra cosa que sofisticadas maquinarias en las que se privilegian la seguridad y el confort. Por eso resulta lamentable comprobar que, al mismo tiempo, se han convertido en armas mortales, de acuerdo con lo que revelan las estadísticas.
Las cifras que muestra un informe reciente de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán certifican que la cantidad de accidentes registrados en el primer semestre de este año trepó a 1.313, un 6 % más sobre los 1.234 que se produjeron en igual período de 2003. Más de la mitad de los siniestros dejaron como lamentable saldo muertos o heridos. El estudio aporta también un número que mueve a la preocupación: el promedio en ese período supera los siete accidentes por día.
Una abrumadora mayoría de las colisiones se debe a la imprudencia de quienes dirigen los automóviles, camiones, ómnibus, motocicletas o bicicletas. El tránsito está regulado por una serie de normas que los conductores, en muchos casos, ignoran, y en otros, no respetan.
No existen dudas de que las campañas de educación vial son importantes para crear conciencia sobre los peligros que entraña el manejo imprudente y el escaso apego a las normas del tránsito. Pero en nuestra ciudad se advierte la necesidad imperiosa de que se practiquen controles permanentes y se apliquen las sanciones que están previstas en las ordenanzas, como una forma de obligar a los tripulantes de los distintos vehículos a tomar con seriedad la legislación en vigencia.
Nuestro diario publicó en el transcurso de la semana pasada una nota que revelaba el desprecio que una gran mayoría de conductores tiene por la existencia -desde hace 17 años- de la norma que impone el uso de los cinturones de seguridad, y que establece multas de hasta $ 300 para los transgresores. Sin embargo, los estudios sobre seguridad vial insisten en la importancia del uso de estos dispositivos para minimizar los efectos de las colisiones.
Los motociclistas tucumanos son particularmente reacios al uso del casco. De tanto en tanto, cuando se practican controles, muchos de ellos los desempolvan para pasearlos amarrados a sus codos o colgados del vehículo, pero sólo en casos excepcionales se los puede ver resguardando sus cabezas.
El respeto por las luces de los semáforos es uno de los puntos en los que se expresa con mayor dramatismo la extrema peligrosidad que implica una conducta desaprensiva por parte de los conductores. El pasado jueves, el accidente que costó dos vidas en la esquina de Santiago y Marco Avellaneda pudo haberse evitado si no se hubiera violado una luz roja.
Queda claro entonces que cuando se reclama el cumplimiento de las leyes del tránsito no sólo se apunta a ordenar el desplazamiento de los vehículos, sino que, por encima de toda otra consideración, se está priorizando el inestimable valor de la vida humana.

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