La Justicia está otra vez a las puertas del escándalo, cuando todavía no superó el de las 4x4. En este caso, el dedo en la llaga no lo puso la Justicia Federal, sino el mismo palacio de Tribunales donde nació la investigación. Desde la planta baja, principal escenario del fuero penal, levantaron la mirada y apuntaron al fuero civil. Y dispararon. No son pocos los que advierten que hay una especie de devolución de gentilezas. "Nosotros no somos los únicos malos", dijeron. Pero, para esto, contaron con apoyo.
Cuando a la Corte le explotó en las manos el tema de las 4x4, sus integrantes consideraron que eso no podía pasarles nuevamente. Advirtieron que el fuero penal estaba descontrolado y, aunque pusieron el acento sobre la fiscalía IV, a cargo en ese momento del ahora ex fiscal Héctor Abraham Musi, ordenaron que la inspección sobre fiscalías y juzgados de instrucción fuera mayor. Le sacaron las facultades de superintendencia al ministro fiscal Luis de Mitri y desplegaron ellos mismos una investigación. Así fueron sancionados secretarios, prosecretarios y empleados de distintas dependencias. Llegó el juicio político a Musi y una advertencia implícita: a cualquiera puede pasarle lo mismo.
Mientras todo esto sucedía, nuevos sumarios comenzaron en el resto de los fueros. La decisión fue mantenida casi en secreto. Así comenzaron a salir a la luz irregularidades. El fuero civil difiere del penal sobre todo en el tipo de causas que se manejan. En el primero, el interés económico es crucial.
Quienes litigan en los juzgados civiles y comerciales defienden, por sobre todo, el dinero de sus clientes. No sucede así en el fuero penal, donde -si bien en muchos casos hay dinero en juego- lo que primordialmente se investiga es la comisión del delito. La Corte descubrió que la morosidad en las causas era recurrente. Había expedientes dormidos desde hace años. Investigaciones de cuyo resultado dependen sumas millonarias. Pero también descubrieron que -a partir del concurso preventivo en el que estaba una concesionaria de autos- existían nuevas anomalías con la entrega de rodados. Una red de abogados e integrantes del Poder Judicial que trabajaban para beneficiar a unos pocos. El fantasma de las 4x4 sobrevuela. Los integrantes del máximo tribunal actuaron rápido y trasladaron personal del juzgado Civil y Comercial I. Les sirvió de mucho la experiencia con la fiscalía IV, una caja de Pandora en la cual -según reconocieron quienes están ahora a cargo de la dependencia- podía encontrarse cualquier cosa.
Un hecho poco común
La Corte ya no quiere más sorpresas. Una clara prueba de ello fue el pedido de juicio político que remitieron a la Legislatura para el vocal de la sala I de la Cámara Penal de Concepción, Héctor René Torres, un hecho inusual. Torres renunció, siguiendo el camino del ex fiscal Gustavo Estofán, quien también se fue solo, antes de que se sustanciara un juicio político en su contra. Pero el juez del sur dejó una dura advertencia: "la Justicia de Tucumán está en el último círculo del infierno del Dante".
En el fuero penal advierten que la nueva investigación por la cesión de autos irregulares es otra arista de las 4x4. Pero temen que, como en aquella ocasión, al final todo sea un castillo de naipes que se derrumbe de un soplido. La decisión de la Cámara Federal de Apelaciones de dictar la falta de mérito para el ex fiscal Musi por el delito de Lavado de Activos abrió la puerta para que el resto de los imputados también quede en libertad, o sean juzgados por un delito menor. Son varios los fiscales que hoy aducen que las lujosas 4x4 truchas están otra vez en las calles, ya que la investigación está parada. Y que el escándalo sólo sirvió para manchar al Poder Judicial. Federico II de Prusia advertía: "Yo asesino, yo robo, luego, por encargo, mis juristas encuentran para ello excelentes razones".







