La política exterior y la interna no ayudan con el FMI

Por Rosendo Fraga - Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

22 Enero 2022

Los viajes del presidente Alberto Fernández a Moscú y Beijing en la primera semana de febrero, son centrales para la política exterior y económica. La visita a Beijing estaba prevista desde noviembre. Tiene una causa formal, que son los 50 años del reconocimiento de la potencia asiática por parte del gobierno de facto del General Alejandro Lanusse. Pero el 4 de febrero se inauguran los Juegos Olímpicos en la capital china, lo que es un hecho político. Estados Unidos y sus aliados han convocado a los gobiernos democráticos del mundo a no asistir a la inauguración en rechazo a las políticas de endurecimiento respecto a minorías y opositores, mientras que China ha logrado la presencia de sus aliados. Participar de la inauguración es una actitud política que acerca al gobierno argentino al de China. En el tema inversiones, el 5 de febrero se firmarán acuerdos bilaterales que incluye la incorporación de Argentina al proyecto “La Nueva Ruta de la Seda”, eje de la estrategia geopolítica global china. Proyectos de alta tecnología que incluyen el tema nuclear, serán también materia del acuerdo. Dos días antes, el 3 de febrero, el Presidente argentino estará en Moscú para entrevistarse con Putin y también firmar acuerdos de inversiones. Esta es una visita que se resolvió en los primeros días de enero y fue iniciativa argentina. El encuentro tiene lugar cuando Moscú enfrenta un momento crítico de su conflicto con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y cuando no niega la intención de establecer una presencia militar en América Latina -presumiblemente en Cuba y Venezuela- para amenazar a Estados Unidos. Rusia también tiene una estación de observación satelital en Nicaragua. Por todo ello, la presencia de un Presidente latinoamericano en la capital rusa en los primeros días de febrero, tendrá significado político. También al gobierno de Putin le interesa incluir el tema nuclear en los acuerdos bilaterales. En el área económica del gobierno argentino se considera que teniendo las reservas rusas U$S 630.000 millones, puede intentarse un acuerdo de garantías para la crítica situación financiera del país

Mientras tanto, la intención del Ejecutivo era convocar las sesiones extraordinarias del Congreso para el 1 de febrero para que las Comisiones comiencen a analizar los proyectos de Casa Rosada. Incluirían temas como agroindustria, biocombustibles, hidrocarburos, entre otros del área económica, y el referido a la reforma del Consejo de la Magistratura. No se incluía lo más trascendente: el Presupuesto 2022, el Plan Plurianual y la Propuesta de Acuerdo Marco para acordar con el FMI. El inicio del tratamiento de estos proyectos se ha tornado también incierto. Las divisiones en los legisladores del oficialismo y la oposición se suman a los avances y retrocesos del Ejecutivo para complicar la gobernabilidad. La convocatoria de una marcha para el 1° de febrero exigiendo las renuncias de los integrantes de la Suprema Corte, está reactivando al “kirchnerismo duro”. Ante la imposibilidad de alcanzar las mayorías necesarias para un juicio político, la exigencia de este sector del oficialismo es que los cuatro miembros del Máximo Tribunal renuncien. El Secretario de Justicia, Juan Martín Mena, apoyó la convocatoria y el Presidente la justificó.

En conclusión: las reuniones del Presidente argentino con sus colegas de China y Rusia en la primera semana de febrero, son un movimiento peligroso cuando la Argentina requiere el apoyo de Washington para el acuerdo con el FMI; las conversaciones entre oficialismo y oposición en torno a la propuesta argentina ante el FMI, se dilatan en un escenario incierto y la convocatoria a las sesiones extraordinarias del Congreso y la marcha exigiendo la renuncia de los miembros de la Corte convocada por el Kirchnerismo “duro”, no constituyen el mejor escenario para que la Administración del estadounidense Joe Biden respalde la posición del gobierno en la renegociación de la deuda.

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