Marta Forté: Una flor de la escena tucumana

Los 90 años de la notable actriz y tapicera artística se apagaron en silencio. Protagonizó 38 piezas teatrales. El atentado de Marat-Sade.

Cipango, tapiz de Marta Forté. Cipango, tapiz de Marta Forté.

Agosto, 1972. Ella está tendida en el suelo encarnando a Charlotte Corday, la heroína de la obra Marat-Sade. Una bomba de estruendo le estalla cerca del pie. Humo, revuelo, gritos ululan en el teatro San Martín.
Un grupo de nacionalistas está saboteando la puesta dirigida por Federico Wolf. Compenetrada aún en su personaje, ella domina el miedo, avanza hacia el proscenio y les grita a los saboteadores: “¡Esto es teatro, reaccionarios!” y comienza a entonar el Himno Nacional, contagiando con su fervor al público. La obra prosigue y concluye con estruendosos aplausos. 

Primera flor de la escena tucumana durante varios años, sus 90 años se apagaron en silencio. Marta Forté había nacido en 1931. Se graduó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT como profesora de Pedagogía y Ciencias de la Educación; muchos años ejerció la docencia como maestra rural.  

Fue una de las actrices más cautivantes de las tablas tucumanas. Debutó con “Una serpiente engañadora”, guiada por Guido Parpagnoli, el hombre que le abrió las puertas al teatro. Becada por el Fondo Nacional de las Artes hizo un curso con Agustín Alezzo; tuvo como compañeras a artistas como Norma Aleandro, Alicia Bruzzo, María Vaner y Antonio Gasalla. Vivió en Buenos Aires cinco años. Luego realizó en París un curso sobre pantomimas y expresión corporal con el mimo Jean Claude Sergent.  

Trabajó bajo la dirección de Boyce Díaz Ulloque, Guido Parpagnoli, Carlos Olivera y Raúl Serrano, entre otros. Fueron 38 las piezas que la tuvieron como primera actriz. Bajo la guía de Raúl Serrano, protagonizó “Un tranvía llamado deseo”, de Tennesse Williams, al que consideró unos de los papeles más importantes de su carrera actoral. Actuó también en El campo, Isabel de Inglaterra y Antígona Vélez, entre muchas piezas.  

De primera calidad

Sus trabajos fueron elogiados por la crítica. “Marta Forté hizo un trabajo de primera calidad y volvió a sorprendernos con nuevas facetas de su personalidad artística”, dijo de ella por su labor en “Pequeño abecedario” Julio Ardiles Gray en julio de 1963, en LA GACETA. Sobre su trabajo en “El campo”, el vespertino Noticias del 13/6/1970 dijo: “En el aspecto interpretativo, en primer lugar, debe destacarse la labor creativa de Marta Forté, que compuso un personaje torturado, degradado, casi muerto, al que estudió en todos sus matices. Se expresó con ductilidad, fuerza y convicción”.  

Fue la heroína de “Marat-Sade”, puesta dirigida por Federico Wolff, cuyo estreno fue saboteado por agitadores nacionalistas. Luego de dos décadas de estar ausente de las tablas. Marta Forté regresó a las tablas con “Gracia y gloria”, de Tom Ziegler, junto a Martha Bianchi, bajo la dirección de Julio Vaccaro, producida por Jorge Alves. Es autora del libro “El teatro en Tucumán. Orígenes y desarrollo”.  

Como tapicera artística recibió elogiosas críticas, reconocida como el principal referente de este movimiento en el país. Cursó estudios con Joan Wall, Antoinette Galland y Luis Negrotti. “Artista de excepcional talento, capaz de manejar la forma y la materia, saturándolas de mensajes existenciales”, señala la crítica. “En la plástica argentina no hay mucho que pueda citarse como antecedente o paralelo posible de este universo de cosas, pensamientos, situaciones y elementos inéditos concitados por un artista para crear un hecho estético”.  

Pedacitos de naturaleza

Forté contó que empleaba “pedacitos” de naturaleza, como piolas, tientos, piedras, hongos, huesos, cuerdas, maderas, que tan sólo el campo puede brindar generosamente. Tras su retiro de las tablas, se radicó en Las Estancias, Catamarca, donde vivió durante más de tres décadas. Pasó sus últimos días en el Hogar San Roque.  

Recibió numerosas distinciones por su labor como tapicera: Primer Premio Salón Banco Comercial del Norte (orden nacional); Primer Premio Salón Municipal de Tapices de Encotel, 1987, Buenos Aires; Primer Premio en el VII Salón Nacional de Arte Textil Buenos Aires, el jurado estaba integrado por Miguel Dávila, Bent Oldenberg, Samuel Oliver, por la Secretaría de Cultura de la Nación. Logró en su vida de tapicera la casi totalidad de los premios mayores en ese arte. 

 “Hice bastante lo que quería. He tenido gente que me ha ayudado mucho, muchos, buenos profesores, directores, amigos. Debo dar gracias a Dios, no me puedo quejar de la vida. Nada se me dio fácil y lo que logré lo hice trabajando”, dijo en 1999. La memoria de Marta Forté se pobló luego de olvido. Un eco perfumado arrulla la historia del arte tucumano. 

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