Cambio climático: La crisis que definirá nuestra próxima década

Los últimos cuatro años han sido los más cálidos de la historia; actuar es imprescindible.

LOS INCENDIOS EN LAS CEJAS. Seguirán extendiéndose las sequías, uno de los fenómenos que marchan de la mano con el calentamiento global. ARCHIVO LA GACETA LOS INCENDIOS EN LAS CEJAS. Seguirán extendiéndose las sequías, uno de los fenómenos que marchan de la mano con el calentamiento global. ARCHIVO LA GACETA

Se derrite el Ártico. Sube el nivel del mar. Se acidifican los océanos. Mueren los arrecifes de coral. Arden los bosques. La pérdida de la biodiversidad no tiene precedentes. Cada vez más, se confirman los efectos del calentamiento. Son reales, irreversibles y están sucediendo ahora. La crisis climática se ha acelerado y el planeta se calentará 1,5° centígrados durante los próximos 19 años. Así lo han revelado los científicos del Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC), un paraguas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En ese informe, 234 investigadores de 66 países coincidieron en que no hay absolutamente ninguna duda de que es la actividad humana -por medio de la quema de combustibles fósiles, principalmente- la que provoca la acumulación de gases de efecto invernadero. Desde los niveles previos a la industrialización, la temperatura media ha aumentado 1,1° centígrado. Ese incremento ha sido el más rápido en 2.000 años. Desgraciadamente, hemos llegado a un punto de no retorno: hagamos lo que hagamos, será inevitable quedarnos en ese 1,1°.

Ya se están observando cambios en todas las regiones de la Tierra. Muchos no tienen precedentes en miles de miles de años. Y algunos, como la suba continua del nivel del mar, no podrán revertirse hasta dentro de varios siglos o milenios. En la línea de la revisión científica del IPCC, el investigador Darío Ovejero -licenciado en Geografía y profesor de la Cátedra de Climatología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT)- aventura que para nuestra provincia las proyecciones son peores, pues insinúan que la temperatura media anual alcanzaría 2° centígrados más.

Se trata de un hecho que no debería sorprendernos. Durante el otoño y el invierno de 2020 no llovió durante cinco meses y este año la sequía volvió a prolongarse. Eso ha implicado menos agua para el consumo humano y para las actividades económicas. Los incendios forestales en el cerro San Javier son otra prueba de la magnitud de la calamidad.

El meteorólogo y director del Laboratorio Climatológico Sudamericano, Juan Leónidas Minetti, aporta conceptos similares. Según sus estudios, en Tucumán se está produciendo un salto hacia una sequía intensa. Se trata de un período que podría durar unos 50 años. También la Doctora en Geografía y profesora de Climatología de la UNT Marilyn Leiva baraja un escenario de megasequías. “El cambio climático ha acentuado los eventos extremos”, explica.

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La Tierra se está muriendo. Y sin embargo, muchos de sus residentes recién estamos empezando a entender lo que significa el calentamiento: inundaciones, incendios, calor y sequías. El problema es que no basta con entenderlo. A estas alturas, con la comprensión nos quedamos cortos. Existe un inmenso abismo entre lo que los científicos piden y las acciones que los líderes políticos están dispuestos a afrontar.

El estudio del IPCC concluye que a menos que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan de manera inmediata, rápida y a gran escala, limitar el calentamiento incluso a 2° centígrados será un objetivo inalcanzable. Los cálculos indican que con un calentamiento global de 1,5° centígrado (uno de los límites del Acuerdo de París) aumentarán las olas de calor, se alargarán las estaciones cálidas y se acortarán las estaciones frías; mientras que con un calentamiento de 2° centígrados esos episodios de calor extremo alcanzarían umbrales de tolerancia críticos para la salud.

Tiempo atrás, Robert Watson, un ex presidente del IPPC, había afirmado que con 3° centígrados adicionales habría bosques en el Ártico. Con 4° centígrados, diásporas de pobladores y hambrunas generalizadas. Y con 5° centígrados, le estaríamos diciendo adiós a nuestra civilización. ¿Descabellado? No. Ahora mismo y pese a los planes de descarbonización que se han puesto sobre la mesa en noviembre en Glasgow, durante la cumbre mundial del clima, se mencionó como una posibilidad real un incremento de 3° centígrados para 2100, cuando los niños que hoy están naciendo sean viejos.

Cambio climático: La crisis que definirá nuestra próxima década

El costo infinito del cambio climático ha alcanzado niveles irreversibles. Los últimos cuatro años han sido los más cálidos de la historia, de acuerdo con los reportes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).“Existe un punto de inflexión del cual no hay vuelta atrás; lo hemos pasado”, le dice a LA GACETA Amy Austin, científica argentina del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) que fue premiada por la Unesco.

“No queda un solo ecosistema que no esté afectado por una elevada cantidad de dióxido de carbono. Nuestros nietos tendrán que ajustarse a un mundo distinto. Ni todas las ingenierías y tecnologías les serán suficientes para mitigar el calentamiento”, expresa Austin.

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Si bien siempre ha habido desastres relacionados con los fenómenos meteorológicos, a medida que aumenta la temperatura se vuelven más frecuentes e intensos. El clima empeora los desafíos ya existentes. Y así como la ciencia nos dice que el cambio climático es irrefutable, nos indica asimismo que todavía no es demasiado tarde.

Usar bolsas de compras reutilizables es una acción positiva pero exigua. Necesitamos revertir globalmente la manera en que producimos, en la cual prima la ganancia y no la sustentabilidad. Esto implica transformaciones en los sistemas de transporte y de energía, que están basados en compuestos carbonados, y en los modos en que cultivamos los alimentos, usamos la tierra y fomentamos las economías.

Para ello debemos actuar de manera coordinada en los niveles internacional, nacional, provincial y municipal. Las miradas de Alejandro Brown -ecólogo y presidente de la fundación ProYungas- y de Ricardo Grau -director del Instituto de Ecología Regional (IER)- suelen ser conciliadoras más que alarmistas. No obstante, se manifiestan determinantes a la hora de analizar cómo deben alistarse los tucumanos para ese destino inminente.

Ambos plantean que los gobernantes locales están llamados a priorizar la medición de riesgos. Esto implica mejorar los sistemas de captación y distribución de agua; planificar la ubicación de los nuevos barrios; invertir en infraestructura vial e hídrica, como puentes y caminos; prevenir los incendios forestales y promover el uso de energías renovables.

El documento del IPCC es la advertencia más dura hasta ahora sobre la velocidad y la escala del calentamiento planetario. El debate no es si sucederá o no. El debate es si llegaremos a tiempo. Un segundo informe, que se publicará en 2022, detallará cómo el cambio climático podría afectar a las ciudades costeras. Los glaciares y los mantos de hielo se están derritiendo con prisa. Si no se toman medidas, veremos con nuestros propios ojos cómo barrios enteros de Nueva York o de Río de Janeiro acaban bajo el agua. Y una tercera investigación explorará a fondo las estrategias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La cita de Glasgow concluyó, a base de mucho esfuerzo, con apenas un acuerdo que insta a los países a que regresen el próximo año con promesas y objetivos sólidos. Es el futuro el que está en juego. Únicamente si los gobiernos, las empresas, las sociedades civiles, los jóvenes y los académicos trabajan juntos podemos crear un futuro en el que se restablezca la armonía entre las personas y el planeta.

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