Existen muy pocas pistas de los asesinos

Tienen cinco sospechosos en el triple crimen de Agua Azul, pero no hay pistas firmes. Los presuntos ideólogos serían de la zona.

DOLOR EN AGUA AZUL. Familiares, vecinos y docentes despidieron los restos de las tres víctimas.
DOLOR EN AGUA AZUL. Familiares, vecinos y docentes despidieron los restos de las tres víctimas.
19 Junio 2002
Como si se tratara de una película del lejano oeste norteamericano, la posibilidad de que el triple crimen de Agua Azul, Leales, se haya debido a problemas por la posesión de tierras parece estar cada vez más firme. Allegados a las víctimas e investigadores policiales y judiciales estiman que esa es la hipótesis con mayor sustento, aunque las posibilidades son varias y llegar a esclarecer totalmente el hecho parece ser algo difícil de lograr.
El lunes cerca de las 10 de la mañana fueron hallados los cuerpos de Juan Carlos Brandán (49 años) y de sus hijos Roberto (19) y Juan Carlos (17). Los tres fueron degollados por alguien que acostumbra a matar animales, según coincidieron los médicos que revisaron los cuerpos, quienes se dieron con que de un solo corte las cabezas quedaron casi desprendidas. El hombre mayor, además, tenía un balazo en el brazo derecho y otro en la boca que salió por la cara, posiblemente de calibre 38.
La saña y la habilidad de los asesinos quedó en evidencia en el caso del padre de la familia, a quien le arrancaron la tráquea de un tirón.

El último en morir
Los tres cuerpos fueron arrojados a la vera de la ruta 323 que conduce a Viclos, a 300 metros de la ruta 9 y a la misma distancia de su casa. Las víctimas fueron maniatadas. De acuerdo con las primeras pericias, se estima que el último en morir fue el padre de los chicos, a quien habrían obligado a ver lo que les sucedía a sus hijos.
Dónde los mataron es uno de los datos que en este momento más interesan a los investigadores que comandan el subcomisario Segundo Ponce y el oficial principal Raúl Salles de la Brigada Este, porque esperan que les permita acercarse a los autores materiales del aberrante crimen.
Aunque en torno de la investigación se mantiene un extremado hermetismo, pudo saberse que cinco hombres están siendo investigados de cerca. Según trascendió, se trataría de cuatreros con antecedentes policiales por distintos delitos.
La investigación, que lleva adelante el fiscal Pedro Gallo, está supervisada por los comisarios Manuel Melián y Juan Monroy.

Antiguas disputas
Los Brandán poseen 400 hectáreas sumamente fértiles que, debido a la crisis económica, no pueden explotar. Desde hace por lo menos 30 años tienen problemas con personas que pretendían comprar o adueñarse de parcelas o de toda la extensión. La familia cree que este es el más terrible de los capítulos de esta violenta historia.
Las miradas apuntan, sobre todo, a una de las personas con las que tuvieron un litigio, hasta hace dos semanas, y que terminó a favor de los Brandán. Con esa persona, cuya identidad no quisieron revelar por el momento los parientes de las víctimas, habría habido otros inconvenientes que llegaron a manos de la Policía.
"El amenazaba a mi tío y después iba a la comisaría y decía que él era víctima de amenazas", dijo una sobrina de Brandán.

El polvoriento patio se pobló de lágrimas
Los hijos de Juan Carlos Brandán lloraban incansablemente, recorriendo el polvoriento patio de tierra de la casa en la que, al igual que su padre, crecieron. Ni el consuelo de las maestras, ni el de las monjas de la escuela a la que asisten dos de las niñas lograba ayudarlos.
El velorio de Brandán (49) y de sus hijos Roberto (19) y Juan Carlos (17) estuvo marcado por la presencia de muchos vecinos y parientes que infructuosamente intentaron contener a Celina, la viuda, y a los 9 hijos de la familia que repentinamente quedó diezmada.
La desazón y la crisis económica hicieron que la a tradición de ofrecer comidas a los allegados se limitara a una olla de mate cocido que ayudó a mitigar el frío y la noche que pasaron en vela, junto a los tres féretros.

"Esto es demasiado"
"Esto es demasiado para mí; discúlpeme", se limitó a decir Celina de Brandán, quien a los 39 años quedó sola, a cargo de 9 hijos de entre 7 y 22 años. Sólo Carlos Brandán, el mayor de los vástagos que sobrevivió puede ayudarla a sostener a la familia.
Pero sus parientes temen por el muchacho. "Es el único varón grande que queda, y es una casualidad que no haya estado con sus hermanos. Si no, estaríamos velando a cuatro personas", dijo una hermana de Brandán que, por temor, declinó dar sus nombres.
Carlos había decidido reemplazar a su hermano Roberto en su trabajo como estibador en el Mercofrut, dado que este último quería pasar el domingo junto a su padre, por ser su día.
"No hay una explicación, no puede ser que por un pedazo de tierra maten así a tres personas buenas, que nunca le hicieron mal a nadie", manifestó Carlos abrazando a sus hermanos menores.

Les quemaron la casa para quedarse con sus tierras
Los conflictos en Agua Azul por la posesión de las 400 hectáreas de los Brandán no son nuevas. La madre de Juan Carlos Brandán, Rosa Vallejo de Brandán, fue denunciada hasta estando en su lecho de muerte, en 1991, cuando tenía 81 años y padecía cáncer.
Un año después, la casa de la mujer, que había quedado desocupada tras su muerte, se quemó completamente en un incendio intencional. Primero empezaron a arder los sembradíos del sector opuesto a la vivienda, y luego, cuando la familia estaba sofocando las llamas, ardió la casa. Brandán y sus tres hijos varones fueron acusados varias veces de ser cuatreros, y estuvieron detenidos. Pero nunca se hallaron pruebas en su contra.

Intento fallido
"Hace cuatro años trataron de matar a mi hermano, pero al asesino que contrataron se le cayó el arma y él lo trompeó. Ese hombre estuvo preso unos días y después salió", relató una de las hermanas de Brandán.
Ese hombre, según se supo, murió hace dos años. Otro dato que la familia de las víctimas relaciona con el hostigamiento de los interesados en las tierras es que los rebaños de vacas, cabras y ovejas que tenían doña Rosa de Brandán y sus hijos desaparecían. "Pero justo un vecino, que quería quedarse con nuestras tierras, empezó a tener mucho ganado", dijo un familiar directo.
La última vaca que tuvieron los Brandán cruzó un cerco hace unos meses y el dueño de esa propiedad no quiso devolvérsela, argumentando que ya era suya.

Niegan que fueran cuatreros
Los Brandán son muy queridos en la zona. Los vecinos consultados por LA GACETA coincidieron en señalar que nunca generaban problemas, no se caracterizaban por ser violentos y la amabilidad era una de sus virtudes más notables. "No creo que sean cuatreros. Si tuviera la mínima sospecha no habría venido al velorio", dijo una maestra de la escuela de Puma Pozo, a la que asisten los más pequeños de la familia.
"No nos sobra nada, pero tenemos lo que necesitamos. Yo y mis dos hermanos trabajábamos con mi papá. Si fuéramos cuatreros tendríamos el campo lleno", dijo Carlos Brandán, el mayor de los hijos sobrevivientes de la víctima, señalando la fértil planicie que está siendo ganada por los yuyos porque no pueden trabajarla.

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