EL TUIT QUE INSPIRÓ ESTA COLUMNA. La deconstrucción es con toda la sociedad involucrada.
El 16 de diciembre pasado, el artista Nico Ruarte publicó un tuit que generó cientos de comentarios: “Está tan baja la vara del cuidado paterno que las mamás de los otros nenes se sorprenden cuando le pongo Off o protector solar a mi hijo”, dijo. Las respuestas a su mensaje no tardaron en llegar. Cientos de historias ratificaban esa “vara bajísima” que mencionaba y que hace que cualquier padre que cuida, que paterna, que se destaca del resto.
Las tareas domésticas y de cuidado continúan siendo feminizadas y recaen sobre las mujeres. En 2019, un estudio determinó que en la Argentina las mujeres dedican, en promedio, el doble al trabajo doméstico no remunerado que los hombres. La mayor diferencia se daba en Tucumán y la menor, en la Ciudad de Buenos Aires: “las mujeres aportan un 62% del cuidado, un 68% a la limpieza y el mantenimiento de la casa, un 70% a la preparación de alimentos y un 82% al cuidado de la ropa, la tarea más feminizada en proporción”. En definitiva, son las mujeres las que se hacen cargo del hogar y la familia.
Lo sorpresivo del tuit de @nicolasmariar fue que generó un diálogo entre los propios varones, algo sumamente necesario para la deconstrucción necesaria para construir una sociedad con cargas más igualitarias para ambos sexos.
“Hace relativamente pocos años hay cambiador en ambos baños en shoppings; querían que lo cambiara en una mesa... al punto que por un rato no dejaron entrar gente al baño de mujeres y con el de seguridad en la puerta lo pude cambiar”, relató orgulloso el usuario de Twitter @bochajuanjo. “Una vez llevé a mi hijo a vacunar a una salita pública, creo que cuatro veces la enfermera me preguntó dónde estaba la madre; trabajando le digo, seguía preguntándome. ¡Señora, los papás también traemos los hijos a vacunarse, les cambiamos lo pañales y miles de cosas más!”, dijo @pasionakdemica. Las reflexiones y ejemplos que se publicaron se fueron replicando con el correr de los días. “La vara está bajísima desde hace décadas... ¡Y al día de hoy no cambió mucho! Yo llevo a mi hija al jardín y siempre fue en la fila, todas mamás y yo... Con el tiempo me enteré de que de 17 criaturas que van, 9 no conocen al papá... ¡No entiendo cómo pueden ser tan HDP!”, publicó @emacolazo.
Algunos comentarios pueden sorprender porque la mirada machista de las tareas de cuidado provienen de las propias mujeres, pero es algo que se sabe y no se discute hoy en día: las mujeres también reproducen estos estereotipos: “He visto a mujeres decir a los esposos que no hagan tal cosa porque ‘no saben’ o ‘no sirven para eso’ y que las mujeres lo hacemos mejor. Entonces, sí, hay incompetentes, pero también hay quienes simplemente no saben por dónde comenzar y justo por estas reacciones no piden ayuda”, expresó @danizahf. “Fueron con el papá a un cumple del jardín porque quedamos en que llevábamos uno y uno (pues embole). Me llamaron las mamis en altavoz para aplaudirme todas a los gritos porque lo había mandado a él. El patriarcado se sostiene por nosotras”, reflexionó @Kaya_NF. “13 años separados... la ve cada 15 días y se saca varias fotos que va publicando a lo largo de las semanas entre visita y visita... ‘pero si es un papá re presente’ me dijo una pelotuda”, contó al respecto @solebeatle81 y @Veronicacvive agregó en sintonía a esos mensajes: “Me pasa lo mismo; para mí es normal, ¿qué tiene de extraordinario que un padre cuide al hijo? Y aún hoy hay amigas que me dicen; vos tuviste suerte de que te ayuden. ¿Qué?????”.
En el libro Maid, de Stephanie Land, que inspiró la serie de Netflix “Las Cosas por Limpiar”, la autora explica lo que significa maternar –o paternar- en soledad: “No es solamente hacerse cargo de un hijo solo. No es simplemente turnarse para descansar entre el baño y cada puesta a dormir. Esas son las dificultades menores que uno se enfrenta. Yo tenía sobre mí una pila enorme de responsabilidades. Yo sacaba la basura de casa, compraba la comida, iba a la tienda, la elegía y pagaba, cocinaba, limpiaba, cambiaba el papel higiénico en el baño, tendía las camas, desempolvaba, chequeaba el aceite en el auto, la llevaba a la guardería, a clases de ballet, a la casa de su papá. Miraba cada giro, cada salto, cada bajada por el tobogán. La empujaba en las hamacas, la hacía dormir a la noche, le daba un beso y un abrazo cuando se golpeaba, me preocupaba. Con el estrés que sentía en mi estómago, me preocupaba porque me alcanzara el dinero cada mes. Me preocupaba por Navidad, incluso meses antes de que llegara la fecha. Me preocupaba que una simple tos pudiera transformarse en una infección que pudiera hacerla faltar a la guardería (...) Cada padre o madre en la vulnerabilidad atraviesa esto: trabajamos, damos amor. Y el estrés, el agotamiento, nos deja vacíos, con cicatrices”.
Los datos nacionales ocultan marcadas diferencias, informó el sitio Chequeado.com: “mientras Tucumán registra la mayor diferencia -las mujeres dedican 3,9 horas más que los hombres a las tareas domésticas-, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la diferencia es la más pequeña, con 1,6 horas más”.
Finalmente fue el usuario Federico Baldomá, @fedebaldoma, quien generó la reflexión más potente, que cierra esta columna que intenta reflexionar sobre nuestra cultura y las costumbres que nos llevaron hasta acá, con la intención de que podamos modificarlos: “Nuestra tarea ahora es con la cabeza de nuestros hijos varones”, dijo, porque la deconstrucción es con todos adentro.
Nuestra tarea ahora es con la cabeza de nuestros hijos varones
— Federico Baldomá (@fedebaldoma) December 17, 2021
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