Defensas en los ríos

Es necesario tomar las correspondientes providencias para evitar las inundaciones en la población ribereña.

19 Octubre 2004
Aunque la condición climática sufre variaciones anualmente, la temporada de lluvias se desarrolla durante los meses del verano en la provincia de Tucumán. Es a lo largo de esa estación cuando se registra el mayor caudal de precipitaciones anuales en nuestro territorio. Y constituye una tradición (de triste memoria para las comunidades afectadas) el hecho de que dichas precipitaciones suelen hacer crecer de modo desmesurado los ríos, con la previsible secuela de inundaciones en la población ribereña.
El hecho hace necesario, como resulta obvio, tomar las correspondientes providencias. En nuestra edición de ayer mencionamos una de esas situaciones, en el departamento Simoca. La crecida del río Chico significa, desde hace un lustro y sin excepción, el anegamiento de Niogasta, Sur de Lazarte y Esquina, localidades sobre las cuales avanza tal caudal de agua que semeja un brazo más del río. Se calcula que son unas 200 las familias afectadas por el desborde.
Los vecinos reclaman una serie de medidas para conjurar la periódica pesadilla. Insisten en la necesidad de reencauzar el río -que perdió su antiguo cauce en 1995-, profundizar el lecho y reforzar las defensas. Expresan que los trabajos que actualmente ejecuta la Dirección Provincial del Agua, no tendrán los resultados esperados porque se utilizan máquinas viejas, que son poco eficaces para el gran movimiento de áridos que debe practicarse. Recuerdan que, en su visita de febrero último, el jefe del Ejecutivo provincial les prometió que se contratarían equipos nuevos, cosa que hasta la fecha no se ha producido. Sabemos que la situación creada por el río Chico dista de ser la única de esa índole que se desencadena, en la época de lluvias, en la zona sur de nuestro territorio. El desborde de los ríos Medinas, Gastona, o el arroyo Calimayo, para citar sólo algunos, es causa frecuente de desastres en las poblaciones vecinas. Casas, cultivos y animales se pierden en tales circunstancias, que vienen a agravar dolorosamente la ya dura situación social.
Frente a lo descripto, es evidente que el Estado provincial debe responder con las necesarias obras públicas de defensa, que eviten el daño derivado de las crecientes. Se trata de inversiones absolutamente necesarias, que deben estar previstas de modo puntual en el Presupuesto. No puede hacerse economía a costa de ellas, precisamente por el carácter prioritario que tienen. Hay que considerar que el propósito es nada más y nada menos que evitar las calamidades que se abaten sobre la población sufrida y trabajadora de nuestro interior.
Por otro lado, debe tenerse igualmente en cuenta que este tipo de trabajos debe ejecutarse en la época adecuada, es decir, antes de la temporada lluviosa. De otra manera, existe una gran dificultad para llevarlos a cabo y, finalmente, no están listos para el momento en que se los necesita. Es preciso recordar que, en materia de obras públicas, la época de su ejecución es, con frecuencia, determinante de su utilidad. Varias veces nos hemos referido al caso, por ejemplo a propósito de la reparación de locales escolares, y hemos insistido en que los trabajos deben realizarse fuera del período lectivo, para ser realmente eficaces y satisfacer el propósito que tienen.En suma, pensamos que el problema de las defensas en los ríos debe tener prioridad en los trabajos públicos, de manera de terminar con lo que constituye una dramática amenaza para muchas familias del interior de nuestra provincia. Es de esperar que las autoridades tomen conciencia de esta cuestión y la encaren sin pérdida de tiempo.

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