Ciudad que confunde

NORA LIA JABIF

19 Octubre 2004
"Al hombre que cabalga largamente por tierras agrestes le asalta el deseo de una ciudad. Finalmente llega a Isidora, ciudad donde los palacios tienen escaleras de caracol incrustadas de caracolas marinas, donde se fabrican con todas las reglas del arte largavistas y violines, donde cuando el forastero está indeciso entre dos mujeres siempre encuentra una tercera, donde las riñas de gallos degeneran en peleas sangrientas entre los que apuestan. En todas estas cosas pensaba el hombre cuando deseaba una ciudad. Isidora es, pues, la ciudad de sus sueños...".
Italo Calvino, Las ciudades invisibles


¿Dónde encajaría Tucumán en "Las ciudades invisibles", ese clásico del escritor Italo Calvino? Se sospecha que la titularía: "la ciudad que confunde". O "la ciudad que no comunica". La ciudad que confunde a turistas que viajan soñando con paisajes de pueblo chico, pero que encuentran un paisaje urbano que en parte se parece a la peatonal porteña Florida, en "versión latinoamericana". La ciudad que no comunica, porque al turista confundido -y desencantado porque "le vendieron otra cosa"- no le propone un recorrido que le permita descubrir lo inesperado, y remontar la decepción con ojos sorprendidos. "A los turistas les venden la postal de cerros y empanadas, y se encuentran con una ciudad de poco menos de un millón de habitantes", le dijo la semana pasada a LA GACETA el responsable de un hostal que suele recibir a turistas confundidos.
Parecería que Tucumán muestra la tensión no resuelta entre una tradición "contaminada" por la modernidad y una modernidad que no terminó de desarrollarse. El resultado: una identidad que desde hace décadas viene navegando entre dos aguas. Ese es un tema a resolver para los responsables de vender y de comunicar el Tucumán turístico, sobre todo cuando ya casi hay consenso en que este "producto" está integrado a la oferta turística del resto de la región Noroeste, que sí cumple con lo que promete.
En otra estocada a la autoestima urbana tucumana, estudiantes latinoamericanos de Arquitectura que sesionaron en esta ciudad fueron demoledores en sus críticas. "No me gusta el ?Jardín de la República?. Es una ciudad sucia, descuidada por las autoridades y por los ciudadanos. Es un caos arquitectónico, sin planificación en la construcción; no se preserva el patrimonio, y todo el día caen cenizas por la quema de caña", fueron algunos de los argumentos descalificatorios de los jóvenes estudiantes. Tampoco se salvó de la crítica experta la otra "ciudad jardín". A Yerba Buena la calificaron como "contradictoria", por el modo en que en ella coexisten la pobreza y la riqueza. Fieles a la tradición de sus maestros urbanistas, los estudiantes están marcando que la ciudad es mucho más que un territorio físico. Por eso, el centro invadido por vendedores ambulantes; las rutas y calles de la provincia invadidos por el transporte trucho; las rastras cañeras que invaden las rutas o el debate acerca de qué hacer con la basura son el síntoma, retratado en un espacio físico, de conflictos sociales y económicos de larga data en Tucumán.
Toni Puig, un catalán experto en comunicación que participó en ese milagro urbanístico que es Barcelona, afirma que aquella urbe es cívica porque la sostienen asociaciones pluralísimas, con vocación de ciudad. Y él, que trabajó mucho en "la marca" Barcelona, habla de una ciudad orgullosamente vivible: en primer lugar, hace del asociativismo una bandera. "No hay que hablar de usuarios ni de clientes; sino de socios y cómplices", escribe Puig con un dejo poético pero realista. Y sugiere que no hay respeto a la norma, si no hay un vínculo casi amoroso entre el ciudadano y la ciudad.
Mirando a Tucumán con ojos parecidos, no habrá solución a los problemas de los truchos, de las rastras, de la basura, de los ambulantes, del aire contaminado, si no se profundiza en el camino del asociativismo, que está despertando con mucho esfuerzo en esta provincia. El mismo Puig advierte también que no se comunica lo que no existe. Si en Tucumán no se logra consolidar una red asociativa, seguirá siendo entonces la ciudad que confunde.

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