Cachi: viaje en el tiempo y hacia las altas cumbres
A poco más de 150 km de Cafayate, por la RN 40, te espera Cachi.
Fundada en el siglo XVII, está rodeada de cerros de más de 5.000 metros de altitud (ideales para montañismo y senderismo), entre ellos, el imponente Nevado de Cachi, y abrazada por los ríos Cachi y Calchaquí, de aguas cristalinas.
Es una pequeña ciudad de estilo colonial, con casas de adobe pintadas de blanco, basamentos de roca y ventanas antiguas rejas de hierro forjado.
Los vestigios del pasado sorprenden en las callecitas y en la iglesia parroquial, del siglo XVIII (declarada Monumento Histórico Nacional), en el Museo Antropológico y en el Museo de Arqueología.
Allí, además de objetos rescatados del poblado original, llamado Puerta de La Paya y cuyos restos -a unos 10 km de la ciudad- podés visitar, hay fósiles de peces y de enormes dinosaurios. El 22 y 23 de enero se realizará el Festival de la Tradición Calchaquí.
Entre Cafayate y Cachi Quebrada de Las Flechas
Es considerada uno de los “top 10” de la Ruta 40 (de hecho es Monumento Natural Provincial) Se trata de una imponente formación natural de peñas erosionadas, de entre 15 a 20 millones de años, que a lo largo de 20 kilómetros, parece un hojaldre rocoso que va del pardo al blancuzco, pasando por el gris, y sobresale del terreno en estratos superpuestos que se asemejan semejan (claro, de ahí el nombre) “flechas”. De las distintas formaciones se destacan el “Paso del Ventisquero” y el “Paso de la Flecha” En su trayectoria, unos kilómetros antes de cruzar el río Las Rosas, en la finca El Carmen (que ofrece posibilidad de hospedaje), se encuentra la iglesia jesuítica más antigua del Valle (1780); desde allí, y cruzando el río, puede ingresarse entre las rocas milenarias y encontrar vestigios arqueológicos de la cultura santamariana.
Para aventureros: las cascadas del Río Colorado
Los saltos de agua son siete y, según los que saben, son lo más atractivo de la zona; pero la ruta es compleja, y en general se llega sólo hasta las tres primeras (así y todo, recomiendan no ir sin guía). Hay que escalar rocas, pasar pasadizos estrechos y cruzar el río varias veces... pero si tenés entrenamiento vale la pena. Están a unos 7 kilómetros desde el centro, por el camino al Divisadero.
Los guías son lugareños (en algunos casos, niños) que conocen el camino porque llevan a pastar las cabras, pero además te pueden contar sobre la cultura, la historia y la forma de vida del lugar. Advertencia: la del río no es bebible (contiene gran cantidad de minerales), así que además de calzado correcto es clave llevar agua. Y comida para hacer un picnic a la vera de la olla de alguna de las cascadas también es buena idea.
En auto y para la familia: Quebrada de Las Conchas
A unos 20 minutos en auto desde Cafayate, por la RN 68 (que una la RN 40 con la ciudad de Salta) encontrarás esta reserva natural, de gran belleza paisajítica por sus formaciones rocosas llamativas y de coloraciones rojizas, entre las que se destacan la Garganta del Diablo y el Anfiteatro y el Obelisco, entre otras.
Es además un importante yacimiento paleontológico, y un área muy importantes para la conservación de las aves en Argentina.
Se pueden hacer caminatas y disfrutar del paisaje “desde arriba”, pero algunas de las geoformas son visibles incluso desde el auto, en el recorrido por la RN 68.
Antes de llegar encontrarás Los médanos, y a lo largo de la ruta hay también bodegas, paradores, tiendas de artesanías y restoranes.
San Carlos, la “villa de los cinco nombres”
Ubicado a menos de 25 kilómetros de Cafayate, San Carlos es el pueblo más antiguo de la provincia de Salta. Lo conocen como “Villa de los cinco nombres” pues fueron cuatro los reiterados (y fallidos) intentos de establecer, entre 1.551 y 1.641, un poblado que garantizara la dominación española. Por eso, uno de sus valores distintivos es la historia, parte de la cual puede conocerse en el Museo Jallpha Calchaquí; funciona en un edificio de estilo doméstico popular que fue restaurado y ampliado para albergarlo. También vale la pena visitar la iglesia de San Carlos Borromeo, cuya construcción se inició en 1801; es una de las más lindas de Salta, y se encuentra entre las más grandes del Valle Calchaquí. Alrededor de la plaza encontrarás pintorescos bodegones donde disfrutar de recetas ancestrales de los platos más tradicionales. Y si de bebidas se trata, demás de ser zona “vinera”, en el pueblo se produce desde hace unos años una amplia variedad de cervezas artesanales con particulares sabores. Sumale todo esto al paisaje, y no te pierdas San Carlos.
Y un par de “yapas”... A 13 km, en el los cerros que rodean el caserío de San Lucas, encontrarás petroglifos, además de la posibilidad de observar de flora y fauna autóctonas, y disfrutar de una vista panorámica de todo el valle. La otra: en el paraje Peñas Blancas, a orillas de la Ruta 40, hay vestigios de viviendas ancestrales y restos de un cementerio indígena, además de un paso natural entre montañas, conocido como “El Cajoncillo”.








