18 Octubre 2004 Seguir en 
El tradicional festival de Monteros, que concluyó ayer y fue uno de los acontecimientos culturales del año (por la calidad de los artistas convocados y la pulcritud de su organización), se vio sin embargo opacada por el descontrol de algunos jóvenes tucumanos. El sábado a la madrugada, luego de la aplaudida actuación de León Gieco, las inmediaciones del Complejo Municipal de Monteros -donde se realizó la fiesta- exhibieron el lamentable panorama de chicos alcoholizados durmiendo en las veredas o protagonizando serias disputas. Esta es una cuestión que suele repetirse en distintos puntos de la provincia, sobre todo por la falta de controles adecuados. Los inspectores del IPLA, que deberían estar en aquellos lugares y encuentros en los que se espera una masiva concurrencia de público, esta vez brillaron por su ausencia. Nadie ignora que los festivales a veces suelen exacerbar los sentidos de una parte del público que, para ponerse a tono, consumen bebidas alcohólicas. Y, si bien durante el festival no se registró incidentes graves, el "día después" mostró la otra cara de una fiesta que ya es legendaria. Una cara que no debería existir.







